Image: Hoy es niebla

Image: Hoy es niebla

Poesía

Hoy es niebla

José Ramón Ripoll

24 julio, 2002 02:00

José Ramón Ripoll. Foto: Mercedes Rodríguez

Visor. Madrid, 2002. 154 páginas, 7 euros

En 1984, con la publicación de El humo de los barcos, inicia José Ramón Ripoll un nuevo rumbo en su poesía, ya preludiado en el cuaderno Esta música, de 1979, que se incorporaría íntegro al nuevo libro. "Me planteé la ambigöedad como un reto en el que la historia personal se desdibuja", declaró al respecto.

La ambigöedad expresiva, el escamoteo de la anécdota, son rasgos que caracterizan a los títulos siguientes, Las sílabas ocultas y Niebla y confín, reunidos ahora en un volumen con el libro que inicia la trilogía. "Niebla" y "bruma" son palabras que se repiten en el léxico de Ripoll, hasta el punto de convertirse en símbolo de su visión del mundo: "Al traspasar el umbral de la poesía -leemos en el prólogo-, siempre tengo la sensación de adentrarme en un espacio neblinoso, donde los nombres y los signos me rozan sin mostrarme la verdadera exactitud de sus formas. Poco a poco, me voy acostumbrando a la espesura de esa niebla flotante donde ni yo me reconozco". Más adelante, añade: "Presiento entonces que, en aquel territorio donde abunda la bruma, está la llave de mi nombre".

Al lector le cuesta hacer pie en esa poesía algodonosa, evasiva, donde con frecuencia parece que el poeta lo mismo podría decir una cosa que la contraria. "Epístola inmoral" se titulaba un poema de El humo de los barcos en la primera edición; "Epístola moral" se titula ahora el mismo poema. Juanramonianamente, ese primer título de la trilogía ha sido reescrito casi por completo. Pero el lector no siempre tiene la impresión de que el texto ha mejorado con las reformas. Así decía el cuarteto inicial del soneto alejandrino "La trampa": "No dejó la marea ese nombre proscrito/donde el tiempo se aleja sin preguntar la escena/del amor o del ágape que a los tibios condena/a ser otra vez más la torpeza del rito". En Hoy es niebla queda de la siguiente manera: "Deja el mar en la orilla el desdén de su rito/y en su perenne gesto cumple así la condena/de ser siempre el espejo y repetir la escena/que refleja la vida en un nombre proscrito". Pudiera pensarse que el autor, manteniendo las palabras de la rima, se ha limitado a un ejercicio de escritura automática. En "El aire", de El humo de los barcos (de los pocos que no ha variado en la reedición) se expresa la poética que está detrás de estos versos tan elusivos; se nos dice en él que, "más lejos del ruido de las palabras", está "el talismán oculto de los nombres,/la sombra de la música antes de ser sonora". Y en alguno de los poe-mas de Niebla y confín, tras muchos tanteos, esa poética alcanza su plenitud. Pero no siempre se muestra Ripoll fiel a esa exigente manera de concebir el poema. No siempre su poesía es "alusión y elusión". El referente de los poemas resulta explícito, ya desde el título, en la serie "Visión americana", de Las sílabas ocultas, o en "La sombra del nombrar", del último libro: "Han llamado a mi hijo por mi nombre/y he sentido su vida fuera de mi existir".

Ripoll es poeta de estirpe simbolista que aspira a dotar al poema de la condición de la música. Pero "algo que no es música es la poesía" advirtió Unamuno hace un siglo, cuando predominaban poéticas semejantes. Una de las estrofas de su "Credo poética"podía quizá releerla Ripoll con provecho: "Busca líneas de desnudo, que aunque trates/de envolvernos en lo vago de la niebla,/aún la niebla tiene líneas y se esculpe;/ten, pues, ojo, no las pierdas". Cuando Ripoll no se recrea "en lo vago de la niebla", en la evanescencia informe, es cuando consigue los mayores aciertos. Un ejemplo de ello puede ser el poema final, "Muelle abandonado", cuya plasticidad, "ancla en tierra", que diría Unamuno, le impide diluirse sin fuerza como tantos otros.