Novela

Movimiento fuerte

Jonathan Franzen

13 enero, 2005 01:00

Jonathan Franzen. Foto: Miguel Rajmil

Trad. Luis Murillo. Alfaguara. Madrid, 2004. 580 págs., 24 e.

Los lectores españoles conocimos a Jonathan Franzen tras la publicación de El libro de las correcciones. El éxito de la obra fue inmediato y, como viene siendo habitual, comienzan a publicarse anteriores entregas del autor.



En este caso se trata de Movimiento fuerte, su segundo título, en el que encontramos lo que pudieran denominarse como "líneas maestras"de la narrativa de Franzen aunque lejos, todavía, de la genialidad de Las correcciones. Uno asume que las comparaciones son odiosas, pero en el análisis literario resultan ineludibles. En Movimiento fuerte encontramos una serie de líneas argumentales, desde la ecología hasta los movimientos abortistas, sin lograr atisbar nexo alguno que las haga coherentes; similar apreciación podríamos formular respecto a la extravagante historia de amor o los intrincados asuntos económicos. La acción se inicia con un leve movimiento sísmico en el área de Boston. La intensidad fue tan leve que buena parte de la ciudadanía no llegó a apreciarlo; sin embargo, produjo una víctima mortal, Rita Kernaghan, abuelastra de Louis, el auténtico protagonista de la novela, aunque su madre sospechaba que la causa de la muerte fue una caída fortuita "porque en ese momento estaba curda perdida".



Sea como fuere y aunque la relación familiar era más bien distante -como asegura la hermana, "la nuestra es una familia de excéntricos"- la madre de Louis hereda una considerable fortuna, veintidós millones de dólares. Todo ello acontece en el mismo momento en que Louis pierde su empleo en una emisora local que ha sido comprada por un fanático anti-abortista y entra en contacto con Renee, una sismóloga de Harvard que intenta demostrar la relación existente entre los terremotos que sacuden Nueva Inglaterra y los vertidos subterráneos que efectúa una planta química, precisamente la empresa en que Rita tenía invertido casi todo su dinero. La trama se complica todavía más cuando Renee queda embarazada y provoca tal altercado con los anti-abortistas que resultará gravemente herida a causa de un disparo. Ello servirá al menos para que retome su relación con Louis.



El logro de la novela está en el personaje protagonista, quien a sus 23 años "se acostumbra a lo que es, al fin y al cabo, y con un poco de suerte aprende a tener en una estima más bien baja las otras maneras de ser, para no pasarse la vida envidiando a la gente." La caracterización de Louis es infinitamente más atractiva que la de su amiga-novia Renee, su madre Melanie o su hermana Eileen, personajes excesivamente simplones -sobre todo la madre y la hermana-, "flat characters" que no reaccionan ante acontecimiento alguno; la psicología de Renee resulta más compleja, pero su alegato tras abortar (págs. 399-401) resulta patético, y no por lo que puede suponer un aborto para una mujer, sino por la adolescente narrativa del autor.



Se trata, en definitiva, de una novela de iniciación, pero no de los personajes, sino del autor. Sabemos que este necesario ejercicio tuvo una conclusión exitosa en el siguiente título, Las correcciones. Si lo tenemos presente la comparación no resulta tan negativa.



Se dice de Jonathan Franzen (1959) que se hizo famoso dos veces: la primera, en 1996, cuando publicó un artículo en "Harper’s" en el que cuestionaba la ficción norteamericana; y la segunda, cuando publicó su tercera novela, Las correcciones (2001), vendió un millón de ejemplares y ganó el National Book Award. Después vendrían los ensayos de Cómo estar solo (Seix Barral, 2003). No es un diario, pero lo parece. Es la vida triste y contradictoria, a ratos terrible e insoportable, de un escritor famoso que casi no soporta su propio éxito y que debe afrontar cuestiones como el sexo, la intimidad, el alzheimer y la muerte de su padre, las ciudades o el mundo digital.