Image: Jesús Ferrero

Image: Jesús Ferrero

Novela

Jesús Ferrero: "Me han traicionado los editores. Algunos. A veces"

12 junio, 2003 00:00

Jesús Ferrero, por Gusi Bejer

Pregunta: ¿Por qué decidió revivir la historia de las trece rosas? Respuesta: No existió en mí la decisión de revivir nada. Sólo existió la intención de hacer una novela en la que iba a gravitar un problema: el valor de la vida. P: ¿La venganza es inevitable al acabar las guerras? R: Sí. P: ¿Y durante las mismas? R: También. Muchos litigios (empezando por el de Troya) hallan su causa bélica en la venganza, que se suele configurar como un valor tan determinante como el económico. P: ¿Es su libro otro ejemplo, como Soldados de Salamina, de libro que navega entre la novela y el ensayo...? R: Toda la crítica ha reconocido que Las trece rosas es una novela, en el más puro y estricto sentido del término, que ni deriva nunca hacia el ensayo ni asume la forma de una crónica: su forma es la de la tragedia, con coros incluidos. P: ¿La novela ha muerto? R: La novela, tal como se concibió en el siglo XX, es un género en mutación, que no acierta a encontrar sus modos y sus fines, pero los encontrará. Podemos hablar de crisis de la novela, pero el género suele salir fortalecido de sus crisis. P: ¿Cuál es la mejor lección de las trece rosas? R: Su dignidad ante el abismo. P: ¿Por qué ha tenido que pasar tanto tiempo para poder contar su historia? R: Quizá porque este país ha necesitado su tiempo para afrontar el dolor de su propia historia. Hace quince años hubiese sido una temeridad publicar esta novela. P: ¿Qué le diría a quienes prefieren el olvido a la verdad? R: Les diría que prefieren la locura a la razón. Parte de nuestra salud mental está en estrecha relación con nuestra memoria, como bien sabe el psicoanálisis. P: Es posible que sin la delación del secretario general de las Juventudes Socialistas Unificadas, las trece rosas hubieran seguido con vida... ¿todos los héroes tienen su traidor? R: No. Siempre he creído que los delatores de posguerra fueron un asunto anecdótico, y así lo trato en la novela. Los vencedores ya tenían las listas de los vencidos desde los días de la Junta de Casado. ¿Para qué hacían falta los delatores? ¿Para confirmar lo evidente? P: ¿Y los escritores? ¿Quién es el suyo? R: Rara vez he sentido que me traicionaran mis colegas, con los que siempre he mantenido una relación fraternal. Pero sí que me han traicionado a veces los editores. P: ¿Nuestra literatura está muy politizada? R: No observo politización en la literatura del presente. Más bien una radical muerte de las ideologías. P: ¿Contra qué o quién firmaría un manifiesto usted, y por qué? R: Contra nadie. No me gusta manifestarme. Los únicos manifiestos que he escrito son de naturaleza estética. De acuerdo que toda estética es una ética, pero con estilo. P: Volviendo a la literatura, ¿la crítica española erige falsos prestigios? R: Tengo claro que no ha sido la crítica la que ha encumbrado a cierto valores más que dudosos. Han sido los editores y los medios de comunicación, nunca la crítica que, en general, rara vez ha prodigado elogios a esos autores. P: ¿Se atreve a dar ejemplos de autores sobrevalorados? R: Como están en la boca de todos, evitaré nombrarlos, para no añadir más propa-ganda a la mucha que ya les deparan los periodistas desorientados y los medios de comunicación de masas. P: ¿Y de maltratados? R: Todo escritor que decida ser un corredor de fondo pasará por momentos de relativo maltrato. Pero no hay que darle más importancia de la que tiene y evitar los arrebatos de vanidad. P: Hace un año denunció vicios culturales. Por ejemplo, que “los editores parecen entrenadores de fútbol: cambian cada año”. ¿La situación ha mejorado o no deja de empeorar? R: La situación no deja de empeorar, si bien yo me considero un autor afortunado por hallarme en una casa de editores muy profesionales y que siento que van a durar. P: ¿Qué otros vicios literarios reprueba más? R: El nivel de pensamiento tan bajo (y tan grotescamente amañado) que se observa en casi todas las presentaciones de libros de Madrid y Barcelona. Es un asunto patético. P: ¿Qué pasaría si se crease un programa basura de telerrealidad con escritores, tipo Editorial Glam? R: No lo vería. Lo digo con toda sinceridad: ya no veo la televisión, ni siquiera cuando hay películas. ¡Ya nunca la veo! Se trata de una batalla personal que me está convirtiendo en otra persona, más consciente de nuestros dramas y a la vez más feliz. P: Para terminar, ¿qué tal su romance con el cine? ¿Para cuándo una película sobre Juanelo o Las trece rosas? R: Mi romance con el cine continúa y ahora se está convirtiendo en un amor más intenso y liberador. Estoy haciendo un par de cortos y ya sólo hace falta que aparezca un loco y me deje una cámara de verdad. A veces, entre novela y novela, cojo una cámara y me pongo a narrar. Lo importante para mí es vivir dentro del mundo de la narración. También cuando escribo poesía me convierto en un narrador.