Como se aprecia en el juego literario que enmarca la historia de El mago de los huesos -y conecta ambas novelas- Higgins tiene bien asimilada toda una tradición literaria y se toma lo suficientemente en serio la fantasía -que en este caso surge de dar una mínima vuelta de tuerca a lo más oscuro de la Inglaterra victoriana- como para aplicar en ella ese bagaje. Atrae de su obra lo original y sorprendente del argumento, los singulares personajes, las gotas de humor que aportan equilibrio, la cuidada escritura y la habilidad para mezclar con elegancia lo repulsivo y brutal con lo delicado y noble.
Al final de la historia se descubren relaciones que vinculan a estos personajes con los del El libro negro… y apuntan a otro principio. No cabe duda, volveremos a la desapacible y sórdida Urbs Umida.