Cuando uno abre un libro de Jürg Möller, sorprende el realismo casi fotográfico de sus ilustraciones. Sin embargo, el efecto que producen sus dibujos va más allá de la admiración. Como él mismo indica, su estilo causa una sensación de desconcierto en el lector, pues las imágenes que éste observa no le permiten determinar con claridad si pertenecen o no al ámbito de la ficción. Esta impresión se produce porque Möller emplea un entorno real y conocido como escenario sobre el cual narra una historia de ficción. De esta forma, el ilustrador suizo desdibuja las fronteras que separan la imaginación de los hechos.
Particularmente desconcertante por las similitudes que tiene con la fábula clásica, El Gran Gris narra la aventura de una pareja de conejos humanizados. Mientras que la prosa de Jürg Steiner deslastra la historia de cualquier atisbo fantástico y penetra en la psicología de los personajes, las ilustraciones de Möller consiguen captar la proporción y la perspectiva que tiene la realidad, al retratar con milimétrica exactitud una fábrica de conejos. El resultado es una obra hermosa y perturbadora en la que se entreteje una aguda denuncia con una inteligente parábola de la libertad.
Particularmente desconcertante por las similitudes que tiene con la fábula clásica, El Gran Gris narra la aventura de una pareja de conejos humanizados. Mientras que la prosa de Jürg Steiner deslastra la historia de cualquier atisbo fantástico y penetra en la psicología de los personajes, las ilustraciones de Möller consiguen captar la proporción y la perspectiva que tiene la realidad, al retratar con milimétrica exactitud una fábrica de conejos. El resultado es una obra hermosa y perturbadora en la que se entreteje una aguda denuncia con una inteligente parábola de la libertad.