Image: Manuel Seco

Image: Manuel Seco

Ensayo

Manuel Seco: "No es verdad que en América se hable el mejor español"

"No es verdad que en América se hable el mejor español"

2 noviembre, 2012 01:00

Manuel Seco. Foto: Sergio Enríquez

En este viejo país ineficiente, que desprecia cuanto ignora y cada vez ignora más, sorprende que un viejo profesor sabio y zumbón como Manuel Seco (Madrid, 1928), acaso el lexicógrafo español vivo más relevante, reciba en vida un homenaje en forma de libro (Estudios de lingüística española. Homenaje a Manuel Seco [Universidad de Alicante]), mientras celebra el primer medio siglo de su Diccionario de Dudas y Dificultades de la lengua española y prepara una tercera edición, revisada en profundidad, del Diccionario del Español Actual, publicado con Olimpia Andrés y Gabino Ramos en 1999.

Es posible (aunque poco probable, conociéndole) que si el Diccionario del Español Actual de Manuel Seco se hubiese acompañado de ilustraciones, en la entrada dedicada a "sabio" apareciese su retrato. Es, en efecto, "una persona que tiene conocimientos científicos extraordinarios, adquiridos por la meditación y el estudio, y un hombre prudente y de recto juicio", que, a menudo, ha pagado cara su independencia y su libertad. Es una mañana velazqueña de cielos plateados y plomizos, y Seco se muestra, como siempre, amable, divertido y lenguaraz. El académico nos recibe en su casa, en un pequeño salón abarrotado de diccionarios propios y ajenos, de fotos de sus nietos (siete), de sus hijos (cuatro), su mujer, y el retrato de un antepasado, su bisabuelo, cuyo nombre no recuerda pero que fue Corregidor (alcalde) de Madrid en tiempos de Isabel II. Felizmente jubilado, o así, porque no sabe qué significa descansar, ahora se ríe de todos esos años en los que desatendió a los suyos porque por las mañanas tenía que ganarse la vida como catedrático de instituto y por las tardes preparaba sus diccionarios. En vacaciones, dedicaba a sus obras todo su tiempo. En cambio, hoy se centra en lo importante, en estar con su mujer -"para que no se aburra, procuro aburrirla yo", bromea- mientras prepara, "en mi tiempo libre", una conferencia que le ha encargado la Academia. Pero no se engañen: sigue trabajando en la revisión del Diccionario de Dudas (Espasa), cincuenta años después de su primera edición, y en la tercera del Diccionario del Español Actual. Y está tan desocupado que no ha podido leer el libro que le han dedicado como homenaje una veintena de lexicógrafos, "entre ellos mi hijo, filólogo también".
"Es penoso escuchar a algunos políticos, porque se ve que su formación humana, no digo humanística, que no es lo mismo, deja bastante que desear"
Cada día lee los tres periódicos principales de Madrid y apenas ve la televisión, "sobre todo porque en general los presentadores de los programas más populares han renunciado al español culto y han apostado por la vulgaridad", y se refugia en Radio Clásica, "donde hablan menos, nada en realidad, y se disfruta mucho más". -Precisamente una de las obsesiones de Fernando Lázaro Carreter era la influencia, la mala influencia, de los medios de comunicacion, sobre todo de la televisión, en el lenguaje común de los españoles. ¿Vamos a más también en esto? -Me temo que sí. Desde luego, la campaña que hizo Lázaro Carreter publicando en los medios sus opiniones tuvo bastante calado, porque escribía en tono humorístico que lo hacía muy accesible y a veces incluso podía llegar a confundir. Lo que más le gustaba era meterse con los periodistas, especialmente con los locutores deportivos, eso le volvía loco, pero muchas de las cosas que denunciaba en sus dardos eran muy acertadas. No se puede generalizar: hay periodistas espléndidos en España y hay quienes escriben con los pies, aunque, en general, nuestro periodismo tiene un buen nivel, con colaboradores espléndidos y redactores muy dignos.

Nuevos dardos en la palabra

-Sin embargo, nadie ha recogido el testigo de Lázaro. ¿No se animaría usted? Porque esos nuevos dardos tendrían éxito... -La verdad es que me lo han ofrecido varios medios (La Razón, El País), pero me ha resultado imposible aceptar. A ambos les contesté que enviaría esos artículos cuando me pareciese conveniente, pero le confieso que nunca me lo ha parecido ni he tenido tiempo, aunque antes incluso que el propio Lázaro yo comentaba en ABC las novedades que la Academia tenía previsto incorporar. ¡Ya entonces eran polémicas. Eso no ha cambiado, ha ido a más! Y ríe de nuevo, divertido, mientras pone un dedo sobre el labio, en un gesto habitual que todos sus discípulos y amigos reconocen y que su mujer le afea en broma a menudo, porque no le gusta ese "bigote digital".
"El español en la red está más corrompido aún que en televisión, porque internet lo utiliza gente joven que no tiene ninguna preocupación de tipo gramatical, léxico u ortográfico"
A él, en cambio, lo que más le disgusta es el desprecio por las Humanidades que las últimas leyes de Educación han retratado, aunque de los recortes actuales lo desconozca casi todo: -Hay mucho ruido -explica- y no sé cuál es la realidad: una es la que dicen los manifestantes, que aseguran que la Educación se hunde, y otra es la que defiende el ministro, pero en líneas generales yo estoy más de acuerdo con el ministro que con los manifestantes. Lo que sí es cierto es que durante el gobierno anterior la Educación fue a la ruina porque se perdió algo tan fundamental como el respeto al profesor, algo que tenían antes no sólo los alumnos sino los padres. Ahora los padres son capaces de insultar, de pegar o de intentar atropellar a los profesores. También es penoso escuchar a algunos políticos, que teóricamente son las cabezas del país y se ve que su formación humana, no digo humanística, que no es lo mismo, deja bastante que desear. Aunque, como dicen los filósofos, los políticos son indeseables pero no podemos prescindir de ellos.

Recortes inevitables

-Tampoco podemos prescindir del Instituto Cervantes, y está sufriendo severos recortes. -Sí, hace poco estuve con García de la Concha, presidente del Cervantes y anterior director de la RAE, y se lamentaba de los recortes presupuestarios, pero son inevitables. Lo importante sería que la normalidad se restableciera de inmediato, y que, sobre todo, se suprimieran las embajadas de ciertas autonomías en el extranjero, que no van a ninguna parte, mientras que el español es un vehículo que tiene una importancia universal. Aunque en los buenos tiempos muchos envidiaban los presupuestos del Cervantes, cuando había tanto que hacer en España por el español. Casi sin querer, para ayudarnos, Seco ha dejado sobre la mesa algunos de sus trabajos, Diccionarios y Gramáticas, y mueven al asombro. Durante la conversación, esos tomos nos retan a desvelar los secretos del profesor, que vuelve a entrar al trapo en cuestiones difíciles, como su relación con la Real Academia Española, de la que forma parte desde 1980 y en la que siempre ha sido un verso sueltísimo, aunque nunca, subraya, "me he peleado con ella". -Sin embargo, sí son conocidas sus discrepancias con la Gramática de la RAE. -Bueno, ése es otro tema. Los académicos no hemos hecho ningún voto de fidelidad que nos obligue a seguir al pie de la letra lo que acuerde la Academia, y no somos responsables de muchas decisiones: las toma un grupo, las aprueba la mayoría pero eso no impide que cada uno tenga sus opiniones y que exista una minoría que discrepe; conozco a varios compañeros que están en mi misma situación.
"La Academia ha hecho de todo: ha sido discreta y no ha dicho nada, y ha sido valiente y ha dicho algo y entonces se han lanzado las hienas y los tigres a matarla. Hoy está acobardada"
-¿Cuáles son sus objeciones más importantes, por ejemplo con respecto a la Gramática? -Bueno, yo creo que la Academia ha oscilado mucho en el objetivo que perseguía al hacer su Gramática, que fue concebida en el siglo XVIII como un instrumento para la enseñanza, asequible para un hablante medio, mientras que la actual está dirigida únicamente a los especialistas y tiene un nivel universitario. De hecho, se vio obligada a publicar dos versiones diferentes, abreviadas, pero no me parece remedio suficiente. -Tampoco está muy conforme con alguna de las reformas de la última Ortografía, ¿no? -Yo creo que es un error grave que se reforme la Ortografía con un intervalo tan breve: se hizo una en el 99 y se ha publicado hace muy poco otra nueva con modificaciones que tienen cierta importancia, así que estoy en desacuerdo con esa celeridad, porque la ortografía debe ser muy estable. Algunas modificaciones me parecen innecesarias y pueden dar lugar a confusión; de hecho ya se está produciendo, porque muchas de las normas de la nueva Ortografía no se cumplen, o sí, o a veces, o alternativamente. La ortografía es un valor de estabilidad de todas las lenguas cultas, como el inglés o el francés, que apenas se modifican.

A vueltas con la dignidad

Lo dice sin acritud, pero lo dice, sabiendo que va a ganarse más enemigos, pero que a estas alturas del camino no vale la pena cambiar de piel y renegar, por ejemplo, de haber denunciado que “la Academia no tiene siempre la dignidad que debería tener. Muchas veces guarda silencio y no debería”, aludiendo, por ejemplo, al tema de la enseñanza del español en Cataluña o el País Vasco. -La Academia ha hecho de todo: ha sido discreta y no ha dicho nada, y ha sido valiente y ha dicho algo y entonces se han lanzado las hienas y los tigres a matarla. Y cuando ha intervenido sobre cuestiones como la definición de violencia de género, de manera discreta y bien orientada, no se le hizo ningún caso y cuando opinó sobre otras cosas también ha suscitado la indignación de algunos sectores, así que la Academia está un poco acobardada, acomplejada diría yo, pero lo cierto es que la gente no la pierde de vista. -¿En qué situación se encuentra el Diccionario Histórico de la Lengua Española en el que empezó a trabajar en 1960 y que la RAE suspendió en 1996 por ser muy gravoso? -No hay nada. Ese proyecto lo hundió la Academia en el 96, y lo que hay ahora es un Diccionario histórico del que no sé absolutamente nada, porque no hay ningún avance ni me han pedido colaboración. -Pero sigue trabajando en el Diccionario del Español Actual -Desde luego. La primera edición, de 40.000 ejemplares, se agotó en quince días y hubo que hacer en menos de un año 3 ó 4 tiradas más. Nos pusimos a trabajar en una segunda edición inmediatamente, pero nos llevó bastante tiempo en años, días y horas, sobre todo a Olimpia Andrés. Y no dejamos de pensar en una tercera edición, aunque es muy dudoso que vaya a salir en papel, pero seguimos acopiando materiales nuevos y revisando entradas antiguas. Lo más importante de un diccionario es lo que la gente no suele comprender: la revisión del contenido, de la palabra, de su evolución. En el Diccionario de la Real Academia la cosa es distinta, porque lo más llamativo que hay de una edición a otra es la incorporación de las aportaciones de América.
"En Hispanoamérica se habla el mejor español y el peor. A mí me resulta muy agradable hablar con un hispanoamericano culto, porque hablan un español verdaderamente admirable, pero depende del nivel sociocultural, lo mismo que en España"
-Se dice que el mejor español se habla allí... -No es cierto. En Hispanoamérica se habla el mejor español y el peor. A mí me resulta muy agradable hablar con un hispanoamericano culto, porque hablan un español verdaderamente admirable, y una persona de formación mediana habla bastante bien, pero depende del nivel sociocultural, lo mismo que en España. En Madrid existe un nivel uniforme, mientras que en Andalucía, Extremadura, o incluso en Castilla La Vieja hay diferencias muy notables entre los hablantes según su nivel social. Hoy los mejores escritores en español son catalanes, por su talento y porque quieren llegar al mayor público posible. -Ahora que menciona sus lecturas, ¿qué, a quién lee? -Leo mucho ensayo y mucha literatura, sobre todo a los clásicos, que son una delicia literaria e intelectual. También a Vargas Llosa, a García Márquez, a Muñoz Molina. -¿Y a autores más jóvenes? -Me temo que no: compro sus libros, pero siempre encuentro un clásico imprescindible que releer.

Sabiduría y generosidad

Presume Seco, sonriente, de su suerte por haber sido discípulo de Rafael Lapesa, que le influyó “poderosamente”, y que le llevó al seminario de Lexicografía de la RAE, que acabó dirigiendo él entre 1981-93. Lapesa, recuerda, era “un verdadero modelo de honradez y de una sabiduría y generosidad extraordinaria”. Sus propios discípulos, como Álvarez de Miranda, director académico de la nueva edición del Diccionario de la RAE, dan cuenta de su propia generosidad en estos tiempos de internet, que han ayudando a bajar el nivel del hablante más joven: -Sí, el español en la red está más corrompido aún que en televisión, porque internet lo utiliza gente joven que no tiene ninguna preocupación de tipo gramatical, léxico u ortográfico, y sus destinatarios son otros jóvenes con idéntica despreocupación. Tenemos mucho que hacer”.