Image: Epistolarios de Joaquín Sorolla

Image: Epistolarios de Joaquín Sorolla

Ensayo

Epistolarios de Joaquín Sorolla

Joaquín Sorolla

13 noviembre, 2009 01:00

Joaquín Sorolla

Anthropos. 3 volúmenes. Tomo I. 400 pp, 24’50 euros. Tomo II. 460 pp., 25 euros. Tomo III. 350 pp., 23 euros


Coincidiendo y complementando las diferentes exposiciones que sobre Joaquín Sorolla (Valencia, 1863-Cercedilla, 1923) se han presentado en diversas ciudades españolas, se han publicado tres volúmenes de correspondencia del artista. En su conjunto son unos 1.400 documentos, prácticamente inéditos y muchos de ellos ilustrados, que constituyen un instrumento especialmente valioso para aproximarnos no ya a la evidente dimensión humana del artista, sino sobre todo a su pintura. Sorolla y su esposa conservaron estas cartas, conscientes de su valor para la interpretación de la obra del pintor valenciano.

El primer volumen consiste básicamente en las cartas cruzadas entre el artista y Pedro Gil Moreno de Mora, con el que Sorolla mantuvo una sincera amistad desde que ambos coincidieran en Roma en su periodo de formación como artistas. La correspondencia se inicia en 1886 y perdura con los descendientes de ambos. Gil Moreno abandonaría con el tiempo sus inquietudes artísticas para dedicarse al mundo de los negocios. Y aunque después de Roma ambos coincidieron pocas veces, el banquero catalán fue testigo, interlocutor y confidente de Sorolla en los difíciles momentos en que éste se iniciaba como artista, cuando se sentía más inseguro. Aquél siempre fue el amigo que se responsabilizaba de las gestiones, que le aconsejaba, no sólo en asuntos referentes a la promoción del artista, sino a aspectos familiares y de la vida en general. Se trata, sin embargo, de un concepto de amistad masculina, según el canon decimonónico, en que el sentimiento se contiene… El Museo Sorolla de Madrid conservaba las cartas enviadas por Gil Moreno , pero no las que mandó el artista. El anticuario Arturo Ramón las rescató, preservándolas durante unos 15 años, hasta que la administración pública las adquirió facilitando su publicación.

El segundo (correspondencia de 1912 a 1919) y tercer (de 1891 a 1911) volúmenes publicados -por orden de aparición- aglutinan las cartas del artista valenciano dirigidas a su esposa, Clotilde García del Castillo. Cartas que custodiaban los descendientes del artista en el Museo Sorolla y que hasta ahora eran inaccesibles. Por diversos motivos -especialmente por los encargos del pintor- el matrimonio tuvo que separarse en diversas ocasiones, con lo que generó una copiosa correspondencia entre ambos. De los dos tomos de correspondencia matrimonial, tan sólo el último incorpora -entre notas- algunos fragmentos de las respuestas de la esposa. La edición de estos epistolarios, llevada a cabo con criterios científicos por expertos en Sorolla, es una obra coral y ello significa un tratamiento diferenciado en cada tomo. Pero este aspecto proporciona matices que enriquecen su lectura.

Estos epistolarios son un material en bruto que va especialmente dirigido al historiador y especialista. Constituyen un complemento a su producción como pintor y aportan claves de lectura. Aclaran -a pesar de los lapsus del artista- la cronología de algunas obras; describen la historia oculta de algunas pinturas, como es el caso del cuadro titulado "Trata de blancas" del que Sorolla sustrae una figura masculina -pensada en la composición inicial- en un momento de la ejecución… Aquí y allá el pintor expresa su sintonía o rechazo con otros artistas, como, por ejemplo, su decepción ante Fortuny o su respeto matizado por Rodin; esto es, su ideario estético. Puntualmente aparecen recogidas sus diferencias con respecto al impresionismo, distancia de la que él era plenamente consciente pero que pocos en su época supieron observar. Uno de los aspectos más interesantes que transluce la correspondencia son las inquietudes del artista en relación al encargo para la Hispanic Society of America. Para dar forma al ambicioso programa iconográfico, Sorolla buscó una España pintoresca, que estaba en vías de extinción o que ya no existía. Sus viajes documentales por la España rural hacen pensar en las misiones fotográficas a la caza del tiempo. Pero este tiempo que pasa, ese país que tal vez ya no existe, lo sabrá transformar en un imaginario, en un ideal de España que entusiasmará a los extranjeros. Precisamente porque responden a la imagen eterna, costumbrista-romántica, que querían ver. Ahora bien, Sorollam consciente de esa dimensión nostálgica, aporta un concepto de modernidad: nos presenta esa España eterna vista a través de una instantánea, en su transitoriedad.