José María Merino. Foto: Carlos Barajas

José María Merino. Foto: Carlos Barajas

Ensayo

Ficción continua

18 marzo, 2004 01:00

José María Merino

Seix Barral. Barcelona, 2004. 380 páginas, 20 euros

Entre los narradores españoles actuales, José María Merino destaca, no sólo por ofrecer una obra sólida y un mundo homogéneo y de perfiles bien definidos, sino porque es, al mismo tiempo, uno de los escritores que más han reflexionado acerca del fenómeno de la creación literaria y de los mecanismos que rigen la génesis y la construcción de las obras.

A esta vertiente que podríamos denominar teórica se ha unido en numerosas ocasiones la práctica del análisis de obras concretas -habitualmente de carácter narrativo-, siempre con la agudeza y la perspectiva de quien forma parte del extenso gremio de oficiantes que sostiene y prolonga el viejo placer de contar historias. Ficción continua -título afortunado- agrupa trabajos, no todos ellos publicados anteriormente, que dan una imagen de esta actividad teórica y crítica del escritor y ayudan, además, a entender algunos aspectos de su obra de creación.

La primera parte del volumen recoge breves ensayos de carácter general -los que he denominado teóricos-, mientras que la segunda comprende una serie de notas y reseñas acerca de obras concretas, algunas muy recientes. Naturalmente, esto no significa que en las notas críticas no surjan reflexiones teóricas. Así, por ejemplo, las páginas sobre Pateando paraísos, la novela electrónica de Fernando Arrabal, se carga de interrogantes acerca de las constricciones posibles que el uso del soporte electrónico impone al lenguaje de un texto; las dedicadas al fenómeno de Harry Potter acaban planteándose la función de la literatura narrativa en la formación de la personalidad; el estudio de algunas adaptaciones cinematográficas de obras literarias roza la debatida cuestión de la correspondencia entre formas artísticas y expresivas diferentes. Pero es en los ensayos generales donde el pensamiento literario de Merino ofrece mayor riqueza. “Ecos y sombras del delirio quijotesco” constituye una excelente visión de la obra cervantina, enfocada, además, en los aspectos que más interesan a Merino como creador literario: los elementos metaliterarios, la presencia de motivos como el del sueño o el doble, e incluso ciertos posibles ribetes cercanos a la literatura fantástica son analizados con la penetración de un buen lector -no de un filólogo o de un historiador de la literatura- que se ha planteado en su propia obra, además, cuestiones afines y ha tenido que resolverlas. Un historiador de la literatura echaría de menos que, al enumerar la estela de obras “quijotescas”, haya omitido Merino a los novelistas ingleses del XVIII, que fueron los primeros en descubrir y aprovechar las posibilidades narrativas del Quijote. Pero, de hecho, esa adición erudita no invalidaría en absoluto las sugerentes observaciones del escritor sobre la creación cervantina. En el ensayo “Literatura española y misterio”, el rechazo a la tesis del “realismo” atribuido como rasgo esencial a nuestra literatura se hubiera visto reforzado sin más que recordar el ya clásico ensayo de Dámaso Alonso “Escila y Caribdis en la literatura española”. Pero, incluso sin esa ayuda, el razonamiento de Merino es impecable. Son del mayor interés las páginas dedicadas a dilucidar el espinoso problema de la distinción entre cuento, novela corta y novela, sobre todo porque están planteadas desde el punto de vista de un escritor que ha cultivado las tres modalidades y las conoce desde su mismo proceso de elaboración. Y cabe señalar aún dos ensayos especialmente valiosos: el titulado “Los parajes de la ficción”, porque aborda un asunto insuficientemente tratado aún y lo ilustra con ejemplos de diversas literaturas que de este modo establecen ante nosotros insospechadas relaciones, y “El narrador narrado”, ensayo que abre el volumen y que constituye una honda meditación sobre la literatura y, especialmente, sobre la propia literatura.

Una confesión especialmente valiosa por su sinceridad, que recuerda el papel liberador del libro industrial, hoy amenazado, porque fue “la conquista de la palabra humana frente a la palabra sagrada, la secularización decidida de la imaginación, con todo lo que eso llevó consigo de tolerancia y relativismo. La novela fue un invento de libertad”. No estaría de más glosar este texto ante los jóvenes que hoy, huyendo de la letra impresa, buscan su liberación en recursos esclavizadores.