El escritor Julian Barnes, Premio Princesa de Asturias de las Letras, durante la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias 2026, en el Teatro Campoamor de Oviedo este viernes.
Julian Barnes sienta en una venta manchega a Cervantes y Shakespeare al recoger el Princesa de las Letras
El escritor británico ha recibido esta tarde en Oviedo el Premio Princesa de Asturias de las Letras.
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El novelista británico Julian Barnes ha asegurado este viernes durante su discurso en la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias en el Teatro Campoamor de Oviedo que las artes "pueden dar la impresión de progreso" a lo largo del tiempo, pero "a menudo expresan versiones nuevas de verdades antiguas".
Para sostener esta afirmación, Barnes (Leicester, 1946), se ha referido a varios pasajes del Quijote en los que Don Quijote y Sancho se encuentran con personas que han leído cosas acerca de ellos y se ha preguntado si dichos episodios no podrían considerarse lúdicos, posmodernos, autorreferenciales, intertextuales o metaficciones a pesar de haber sido publicados a inicios del siglo XVII.
El segundo escritor británico en recibir el Princesa de Asturias de las Letras tras Doris Lessing ha reconocido que estos fragmentos son para él igual de "aleccionadores" como las obras de Velázquez lo fueron para el impresionista francés Renoir que, tras visitar España y contemplar la obra del pintor sevillano, aseveró: "Todo ya está dicho".
Barnes, que este año ha puesto punto final a su carrera literaria con la publicación de 'Despedidas', ha recordado que durante su juventud daba por sentado "que cada una de las artes, a lo largo de los siglos, evidenciaba un progreso inevitable" y que "más novedoso significaba mejor".
Una idea que vio reforzada al leer a los veinte años que Voltaire "desdeñaba a Shakespeare" aunque "reconocía su genio", pero "lamentaba que no tuviese la más ínfima chispa de buen gusto y ni la más mínima comprensión de las normas dramáticas".
Pero en la actualidad, el veterano escritor prefiere pensar en que todos los autores están sentados "a una enorme mesa redonda, quizás en una venta manchega", hablando entre sí de su trabajo en el curso de los siglos.
Barnes ha dicho imaginar a Renoir preguntándole a Velázquez "cómo demonios pintó sus cuadros", a Voltaire rectificando el desdén que profesaba a Shakespeare o a Flaubert manifestando su veneración por Cervantes y, quizá, también poniendo "mala cara a ese inglés, sentado ahí en un taburete, que tuvo la insolencia y la locura", un siglo después de muerto el autor francés, de escribir 'El loro de Flaubert'".