El escritor y periodista británico, Premio Princesa de las Ciencias Sociales, Timothy Garton Ash, recibe el galardón de manos de la Princesa Leonor.

El escritor y periodista británico, Premio Princesa de las Ciencias Sociales, Timothy Garton Ash, recibe el galardón de manos de la Princesa Leonor. EFE/ Ballesteros

Letras

Premios Princesa de Asturias: un aliento a la confianza de los jóvenes y recelo ante la IA, además de mucho 'tiquitaca'

Timothy Garton Ash ha pronunciado el discurso más original de una ceremonia emotiva, celebrada como siempre en el Teatro Campoamor.

Patti Smith ha sorprendido con un poderoso alegato por la unidad y con una canción a capela.

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Tiene razón el rey Felipe VI: "Siempre hay algo que nos sorprende en los Premios Princesa de Asturias". Lo ha dicho en el discurso con el que ha concluido la tradicional ceremonia de entrega de los galardones. Más allá de la solemnidad que procura el Teatro Campoamor de Oviedo, cada edición emite más de un destello innegablemente humano.

Esta vez nos ha cegado muy pronto. Apenas habían transcurrido unos minutos desde el final del discurso de la presidenta de la Fundación Princesa de Asturias, Ana I. Fernández Álvarez, cuando hemos visto al marido de Cristina Koch, premio de la Concordia, tratando de contener las lágrimas en el discurso de su esposa. La astronauta, primera mujer en ir a la Luna, ha hablado de "la necesidad de sentir amor", instando a sus interlocutores a que "no esperen a la próxima misión para darse cuenta de que sus semejantes son sus compañeros de tripulación".

También nos ha conmovido Julian Barnes, reconocido con el Princesa de Asturias de las Letras en el año que se ha despedido de la literatura después de más de un lustro padeciendo un cáncer de sangre. El autor de El loro de Flaubert ha disertado acerca de la conexión entre las artes, entre el pasado y el presente, en un discurso muy literario en el que nos imaginaba a todos "sentados a una enorme mesa redonda, quizás en una venta manchega", tras un homenaje al Quijote.

"Las artes pueden dar la impresión de progreso", ha concedido, y sin embargo ahora no cree "que cada generación mejore la precedente". ¿Qué hacer, por ejemplo, con Voltaire, que por cierto desdeñaba a Shakespeare por no tener "la más ínfima chispa de buen gusto"? Además, ha recordado que, cuando el impresionismo estaba en boga en París, Renoir visitó España y acortó su visita por un motivo: "Cuando miras a Velázquez te das cuenta de que todo ya está dicho".

Podrían ser ciertas las palabras de Renoir, porque cuando nos parecía que el enfoque de Timothy Garton Ash era inédito en los Princesa de Asturias, la propia Leonor nos ha recordado que ya lo hizo María Zambrano en la primera edición de los galardones, cuando estaba exiliada. Si la escritora y filósofa envió en 1981 una carta dirigida a Felipe VI, entonces solo príncipe, esta tarde el historiador británico, premiado en la categoría de Ciencias Sociales, ha interpelado directamente a la princesa.

"El futuro tanto de Europa como de la libertad dependerá cada vez más de su generación de europeos, Alteza", le ha espetado, no sin antes recordarle que en 2005, el año en que nació Leonor, vivíamos "un momento de expansión sin precedentes". Se refería a la libertad, la paz y la integración europea. Sin embargo, ahora "todo lo conseguido desde 1945 se encuentra hoy amenazado", ha advertido.

"Las redes sociales, la inteligencia artificial, las potencias hostiles y algunas personas en determinados puestos de poder" empujan para que se imponga el decaimiento, de modo que "es preciso que los jóvenes recuperen la confianza", ha alentado. Minutos más tarde, la princesa ha recogido el guante –"Sí, tenemos que confiar"–, justo después de recordar una frase de la carta que Zambrano escribió a su padre: "Se enciende una luz en la que aletea una presencia donde se juntan lo joven y lo inédito, esperanza de una historia que se abre".

Es pertinente señalar aquí que la necesidad de que los jóvenes recuperen la confianza, así como el recelo ante la inteligencia artificial, han sido los mensajes sobre los que más se ha insistido en la gala. Pero volvamos al discurso de Garton Ash, porque era imposible que no hablara de la idea de Europa y su situación actual, en tanto que es el centro de su obra. Para trasladar el imperativo de la solidaridad, ha evocado el "tiquitaca", término futbolístico que remite a la precisión de los pases y el juego en equipo.

Además, ha interpelado a Leo Messi, una de las estrellas de esta edición, en la que ha sido reconocido en la categoría de Deportes, desarrollando un símil muy singular. "¿Acaso es posible hablar en España, en 2026, y en presencia de Lionel Messi, sin mencionar el fútbol?", se ha preguntado. "La lección que el fútbol ofrece a Europa es que el éxito requiere tanto del genio individual como de un sofisticado trabajo en equipo", esto es, "cada jugador posee su propio talento, ya sea en defensa, en ataque o en el centro del campo, pero todos actúan como uno solo".

Ya remangado en materia futbolera, era inevitable aludir a la selección de nuestro país, a tenor del reciente éxito en la Copa del Mundo: "Ese asombroso estilo de juego español de pases rápidos, en el que todos parecen saber, de manera casi milagrosa, no solo dónde están los demás, sino dónde estarán dentro de cinco segundos", ha referido. Y para explicarlo, ha zanjado: "Ojalá las naciones, Estados y regiones de Europa fueran capaces de hacer lo mismo. Seríamos imbatibles".

La otra sorpresa de la noche ha llegado de la mano de Patti Smith, Premio Princesa de Asturias de las Artes. Icono del activismo y la lucha por los derechos civiles, ha recibido una de las ovaciones más calurosas de la noche tras interpretar a capela su canción Wing, un himno a la libertad que evoca un momento en el que sobrevoló nuestro país. "Y era libre. / No necesitaba a nadie. / Era hermoso". Bien traída.

Antes, ha esgrimido un poderoso alegato por la unidad. "Todo aquello con lo que soñamos puede hacerse realidad si estamos juntos", ha venido a decir la cantautora, escritora y artista visual, que concibe el premio como "un incentivo para seguir trabajando y evolucionando, para encontrar nuevas formas de ayudar del mejor modo posible a la gente y dar esperanza y estabilidad a las nuevas generaciones". A propósito, todos los premiados han sentido alguna vez "la frustración de los fracasos, el picor de la derrota....", ha dicho. "Y sin embargo, aquí estamos", ha concluido.

Sin dejar de lado su rol como princesa de Asturias, Leonor ha interiorizado también su papel como joven española en su discurso. Sus preguntas iban en varias direcciones: "Cómo mantener el entusiasmo en estos tiempos de desencanto social profundo, de descreimiento y desigualdades, de conflictos, extremismos, populismos, guerras tecnológicas, híbridas, realidades líquidas, realpolitik, amenazas, incertidumbre, todo amplificado además en las redes, los números macroeconómicos y el coste de la vida…".

Su padre propone una solución. "Necesitamos darnos tiempo. Tiempo para obtener resultados, para lograr objetivos, para llegar a metas; y necesitamos paciencia, también, como sociedades; sobre todo, en este mundo de aceleración tecnológica", ha dicho Felipe VI, sin pasar por alto la proximidad de unas elecciones generales en nuestro país. "La democracia requiere de un compromiso diario, cívico y exigente, de un cuidado de sus formas e instituciones, para seguir garantizando nuestra convivencia", ha recordado.

El himno de Asturias, interpretado a son de gaita como es tradicional, ha puesto fin a una ceremonia que, una vez más, no ha defraudado. Mucho Oviedo, mucha cultura y, especialmente este año, mucha emoción.