Isabel Allende

Isabel Allende Lori Barra

Letras

Isabel Allende, del exilio por la dictadura de Pinochet y 'La casa de los espíritus' al millón de euros del Planeta

Después de décadas en Penguin Random House, la escritora se suma a las filas del grupo de José Manuel Lara tras ganar el codiciado premio.

Los orígenes de la escritora más leída en español distan un abismo del estatus que ostenta actualmente.

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En estos momentos, cuando acaba de ser reconocida con el Premio Planeta, uno de los que tiene mayor dotación económica en la literatura mundial, Isabel Allende (Lima, 1942) es la escritora viva más leída y traducida en español. Sin embargo, con más de sesenta galardones literarios en su haber y decenas de honoris causa, esta vez no se puede decir que el grupo de José Manuel Lara, el más grande de las letras españolas junto a Penguin Random House, haya apostado por un autor exclusivamente comercial.

Más allá del rédito que supondrá para Planeta el fichaje, que procede precisamente del gran grupo editorial con el que compite, Allende tiene el prestigio de los grandes escritores del último medio siglo. Con todo, los inicios de una carrera con la que ha alcanzado semejante estatus fueron muy distintos.

Desde hace décadas, la escritora está afincada en California (Estados Unidos), pero jamás se ha desligado de Chile, un país que lleva "pegado a la piel" y con el que, sin embargo, tiene una relación difícil. "Hasta que me dieron el Premio Nacional [que no obtuvo hasta 2010] me trataban mal. Uno nunca es profeta en su tierra", dijo en la rueda de prensa correspondiente a la publicación de la novela El viento conoce mi nombre (Plaza & Janés, 2023),

Nacionalizada chilena, su padre era primo hermano del presidente de Chile Salvador Allende. Fue secretario de la embajada de ese país en Perú, de modo que la autora de Inés del alma mía nació en Lima. Tras el divorcio de sus padres, su madre, Francisca Llona Barros, regresó con sus hijos a Chile.

Tras casarse de nuevo con otro diplomático, Isabel Allende creció en Bolivia, donde asistió a una escuela estadounidense, y en el Líbano, donde estudió en un colegio inglés. Regresó a Chile en 1959, pero tras el asesinato de Allende –su tío segundo, claro– y el triunfo de la dictadura de Pinochet, la escritora y su familia tuvieron que exiliarse en Venezuela.

Aquel acontecimiento de 1973 en Chile, que ocurrió cuando Isabel se encontraba trabajando en una editorial, tal y como relató ella misma en un texto publicado en esta revista con motivo del 50.º aniversario del golpe, determinó su trayectoria como escritora. Y es que se convirtió en la motivación para su primera novela, La casa de los espíritus, un éxito mundial que significó el germen de una carrera apoteósica.

La novela surge de una carta que había empezado a escribir poco antes a su abuelo, Agustín Llona, que estaba al borde de la muerte a falta de unos meses para cumplir 100 años.

Su abuelo, por cierto, fue quien le transmitió la disciplina que le ha convertido en una escritora tan prolífica. "Me siento desde temprano a escribir todos los días, excepto los domingos", dijo este mismo año en la rueda de prensa donde presentó La palabra mágica. Una vida escrita (Plaza & Janés), un libro-manual en el que reflexiona sobre su profesión.

Tanto es así que empieza un libro nuevo cada 8 de enero, pues ese mismo día, pero de 1981, cuando estaba exiliada en Venezuela, fue cuando le avisaron de que su abuelo se encontraba al borde de la vida y la muerte, por lo que era momento de despedirse. Y esa carta, ya citada, terminó convirtiéndose, como apuntábamos, en el inicio de La casa de los espíritus.

En su ópera prima quedan consignados para siempre los ejes temáticos de toda su obra posterior. El amor y la muerte conducen los relatos acontecidos en grandes extensiones temporales, mientras que el interés por la espiritualidad y las aventuras patentizan su adhesión al realismo mágico de algunos precedesores como Gabriel García Márquez, con quien fue comparada por esta novela.

Trece años después, La casa de los espíritus sería adaptada al cine con Meryl Streep, Glenn Close y Jeremy Irons en los papeles protagónicos, lo que abriría las puertas del mercado americano a la autora, que desde entonces no ha dejado de transformar sus novelas en productos audiovisuales.

Este mismo año se ha estrenado una serie de televisión de ocho capítulos que en España se puede ver en Prime Video. Dirigida por Francisca Alegría y Andrés Wood, en general ha sido bien recibida tanto por el público como por la crítica.

Es pertinente señalar aquí que esta novela, origen de una saga con varias precuelas, tiene por fin su continuación precisamente en la obra que acaba de ganar el Planeta, La hora antes del alba. Según la sinopsis, está basada en la historia de una joven que vuelve a su casa familiar embarazada, después de ser encarcelada y torturada por la dictadura de su país. El miedo y el dolor no logran socavar el sentimiento de solidaridad con los desfavorecidos de la protagonista, que pasa de ser víctima a narradora de los hechos.

Con el feminismo, siempre

Normalmente es una heroína quien protagoniza sus éxitos literarios, tal y como ocurre en Eva Luna, cuya publicación se produjo solo un lustro después del boom comercial de La casa de los espíritus.

Alineada siempre con el feminismo, en la citada rueda de prensa de El viento conoce mi nombre, expresó sin reparos: "Nos hemos demorado, pero allá vamos. Hay que reemplazar el patriarcado por un sistema más humano e inclusivo". Eso sí, "no hay feminismo sin independencia económica”, advertía también en una rueda de prensa correspondiente a la publicación de la novela Violeta (Plaza & Janés, 2022).

Volviendo a Eva Luna, Allende ya manifiesta entonces su preocupación por los problemas sociales de América Latina, una constante a lo largo de su trayectoria. Inés del alma mía, por ejemplo, es la historia de Inés Suárez, primera mujer española en llegar a Chile en el siglo XVI. Desde la caída del imperio inca en Cuzco hasta la fundación de Santiago de Chile, la novela se hace eco de una región saqueada, lo que remite a la Conquista.

Tampoco podríamos desligar de su obra el activismo social y político de la escritora. Ferviente opositora de Trump, no ha dejado de denunciar políticas de su gabinete, como la que en 2018 separaba a las familias de refugiados centroamericanos que pedían refugio en Estados Unidos. No en vano, El viento conoce mi nombre habla del sacrificio que los padres están dispuestos a asumir para poner a sus hijos a salvo del peligro, así como la resiliencia de algunos niños capaces de sobrevivir a la violencia sin perder la esperanza en un futuro mejor.

La muerte de su hija

La fundación creada por la escritora en 1996, que se dedica a mejorar la vida de niñas y mujeres y buena parte de sus esfuerzos se concentra en la frontera estadounidense, le da sentido a esta pulsión solidaria. La escritora la puso en marcha tras la muerte a los 29 años de su hija, Paula Frías, que fue voluntaria en comunidades marginales de Venezuela y España.

"Cuando estaba en estado vegetativo, inerte, ausente, lejana, me preguntaba ¿dónde estaba? ¿qué sentía? ¿cómo alcanzarla? Es una memoria descarnada, íntima, personal, con todo el desgarro del dolor y el terror de perder a mi hija”, diría la escritora a propósito del libro que le dedicó, Paula (Plaza & Janés, 1994), su obra más autobiográfica y, por las circunstancias que acontecieron en torno a su escritura, también la más conmovedora.

Aunque no han salido los títulos hasta ahora, no podemos obviar novelas como Hija de la fortuna (1999) y La ciudad de las bestias (2002), que han apuntalado una obra imprescindible de la literatura en español.