Asamblea popular en la Puerta del Sol de Madrid, durante el movimiento 15-M, en 2011.

Asamblea popular en la Puerta del Sol de Madrid, durante el movimiento 15-M, en 2011. Jesús Solana

Letras

Ignacio Urquizu vuelve a la 'Generación 15-M': la crisis del porvenir

En su nuevo libro, el sociólogo Ignacio Urquizu hace balance del movimiento en su 15.º aniversario.

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“No podemos seguir creyendo en el viejo futuro si queremos tener un porvenir”. ¿Cómo interpretar esta sabrosa cita de Bruno Latour y desde ella comprender lo que cabría llamar un nuevo “malestar temporal” contemporáneo?

Cubierta del libro 'Generación 15-M'.

Cubierta del libro 'Generación 15-M'. Debate

Generación 15-M

Ignacio Urquizu

Debate, 2026
96 páginas. 13,90 €

Digamos que por el “viejo futuro” cabría entender la crisis de la temporalidad lineal de la mayoría de las gramáticas políticas del siglo XX: el liberalismo, la teleología de la Revolución marxista y el marco temporal ligado al Estado social de la socialdemocracia.

Sacrificar el presente trabajando por un futuro cada vez más incierto.

Ninguno de estos tres modelos escapa hoy a su crisis. Lo decía bien Johnny Rotten: “Si no hay futuro, ¿cómo hablar ya de pecado”?: si no hay ya una promesa de bienestar, una escalera temporal de ascenso social que compense las desigualdades en la esperanza de un futuro mejor, ¿cómo gobernar?, ¿cómo lidiar con las expectativas frustradas?

En los últimos años la figura de Ignacio Urquizu (Alcañiz, 1978), bien en sus apariciones públicas, su labor como profesor y ensayista o incluso en su actividad política, se ha definido por comprender, desde la disciplina sociológica, estas perplejidades tratando de afrontarlas desde una tradición socialdemócrata que siente la necesidad de abordar una reflexión de sus coordenadas teóricas a la luz de los paisajes de incertidumbre de nuestro siglo.

Cuestionando la mitología de la transición, el 15M pudo abrir una nueva vía de aprendizaje histórico

¿Fue el 15M, como otras manifestaciones populares –Occupy, Primavera Árabe, las actuales rebeliones de la Generación Z– una insurrección contra el “viejo futuro” a favor de un porvenir distinto (conciencia de los límites ecológicos, crisis de la sociedad del trabajo, emergencia del feminismo y movimientos queer) o una suerte de oposición confusa que ha terminado allanando el camino a posiciones derechistas?

Heredero del espíritu socialdemócrata e, intuyo, como un ciudadano curioso ante un fenómeno inédito que tuvo que vivir en primera persona por el protagonismo de su Facultad en el ciclo español de movilizaciones desde 2011, Urquizu se inclina más bien por lo segundo.

Desde ahí busca comprender el fenómeno pertrechado de sus conocimientos sociológicos y apelando al principio de realidad de los datos estadísticos, sin duda un elemento fundamental para cualquier diagnóstico de época.

Urquizu, de forma serena y con voluntad de objetividad, apunta a ciertos elementos reprobables de la vida política española –su tacticismo politológico, la búsqueda inmediata del poder a toda costa– que, lejos de ser idiosincrásicos del paisaje pos-15M, parecen más bien ser signos generales de época.

En esta aproximación al fenómeno se observa, no obstante, una cierta tendencia melancólica, modulada por esta visión socialdemócrata, como si el diagnóstico estuviera más orientado a hacer un balance de las pérdidas que a interesarse por nuevas aperturas políticas.

No debemos olvidar que, más allá del, no pocas veces malentendido, cuestionamiento del “régimen del 78”, el 15M, evidentemente con sus exageraciones, adanismos y gesticulaciones, cuestionó ese relato “modernizador” y optimista de la Transición sobre su pasado, basado en el convencimiento de que el horizonte de España solo podía ser entendido como una autopista de prosperidad.

Al cuestionarse esa mitología del crecimiento, también se pudo abrir una posibilidad nueva de aprendizaje histórico y de diálogo intergeneracional. ¿Se ha perdido este definitivamente o debe restablecerse desde nuevos códigos y lenguajes?

Una última consideración, más interrogativa que crítica. Es cierto que la categoría de “generación” ha sido sociológicamente muy importante –desde Mannheim a Ortega– para comprender el cambio social y que, por tanto, es un elemento importante en cualquier diagnóstico de época. Sin embargo, ¿hasta qué punto resulta limitada si se plantea como foco determinante del análisis?