Luis Goytisolo en el hotel Condes de Barcelona, en 2013

Luis Goytisolo en el hotel Condes de Barcelona, en 2013 Archivo Europa Press

Letras

Luis Goytisolo: el poder y el porvenir de la palabra

El escritor concibió su obra maestra, el gran proyecto 'Antagonía', en la cárcel, durante su lucha contra la dictadura.

Su mayor enseñanza fue la de la literatura como una forma de resistencia contra la estulticia.

Más información: Muere a los 91 años el escritor y académico Luis Goytisolo, autor de la monumental tetralogía 'Antagonía'

Manuel Ángel Vázquez Medel
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La noticia de la muerte de Luis Goytisolo está causando un profundo dolor entre sus familiares y amigos. También un cierto sentido de orfandad entre quienes amamos la literatura, conscientes ahora, más que nunca, de la singularidad del menor de tres grandes creadores de nuestras letras.

Conocí a Luis Goytisolo en un encuentro sobre su obra en Bilbao, promovido por Santos Zunzunegui a principios de los noventa, una década en la que tuve la ocasión y la fortuna de estar muy cerca de él y de sus proyectos. En aquella ocasión reflexioné sobre "La dimensión estética de Teoría del conocimiento", ofreciendo un análisis de su estilo que, a mi juicio, no había sido suficientemente estudiado.

Conocía sus comienzos en el ámbito de un realismo social que reflejaba su aguda mirada sobre el mundo y su compromiso con la democracia y la libertad, en tiempos de la dictadura. Pero también con la palabra y con una calidad expresiva que es uno de sus sellos más definitorios.

Había leído sus primeras obras Las afueras (1958) y Las mismas palabras (1963) cuando realizaba mis estudios de Filología, y ya entonces llegó a mis manos Recuento (1973), que abría una de las mayores empresas narrativas del siglo XX, la tetralogía Antagonía, junto a Los verdes de mayo hasta el mar (1976), La cólera de Aquiles (1979) y Teoría del conocimiento (1981).

Sin lugar a dudas, Antagonía es su obra maestra, junto con Estatua con palomas (1992), que estaba terminando de escribir cuando nos conocimos, y a la que dediqué en la Universidad de Sevilla un ciclo de conferencias recogido en el volumen Lectura e interpretación de Estatua con palomas.

Cuando se puso en marcha la Fundación Luis Goytisolo (1993, aprobada en 1995), con sede en El Puerto de Santa María, Luis quiso contar conmigo como director académico, y fueron años de gran actividad con la celebración anual del "Simposio Internacional de Narrativa Hispánica Contemporánea", que me pareció de justicia que se iniciara con el encuentro "Luis Goytisolo en el contexto de la narrativa hispánica contemporánea", que reunió a los mejores especialistas sobre su obra y se recogería en el volumen Luis Goytisolo: el espacio de la creación (1995).

Luego vendrían otros muchos encuentros, que harían pasar por El Puerto de Santa María a los mejores creadores e investigadores en narrativa hispánica. Por ejemplo, el II Simposio, dirigido por Nora Catelli y Esther Tusquets, se dedicó al tema "Mujer y creación literaria" y contó con Cristina Peri Rossi, Ana María Matute, Rosa M. Garrido, Iris M. Zavala, Soledad Puértolas, Cristina Fernández Cubas, Ana María Moix y Josefina Aldecoa.

En sus últimas publicaciones manifestó su profunda preocupación por el rumbo de la sociedad, la banalización de la palabra y el imperio de la imagen

Creo que todo ello pone de relieve la profunda generosidad de Luis, su poder de convocatoria, su voluntad de crear un foro de diálogo sobre el presente y el futuro de la narrativa hispánica. Todo ello junto al gran proyecto de entonces: la rehabilitación del Palacio de Villarreal y Purullena, llamado a tener un papel fundamental en la cultura finisecular y del nuevo milenio, como se explicaba en el número 1 de los Cuadernos de la Fundación Luis Goytisolo, que tenían el significativo título de Antagonía.

De los muchos momentos compartidos que me vienen ahora a la memoria ocupa un lugar muy especial el acto de recepción en la Real Academia Española el 29 de enero de 1995, con el discurso El impacto de la imagen en la narrativa española contemporánea, que pude conocer mientras lo elaboraba y sobre el que hablamos en numerosas ocasiones, al que dio respuesta con otro discurso extraordinario Francisco Ayala, quien señaló con su conocida claridad y valentía: "De los tres Goytisolo cuyo nombre figura con honor en el registro de la actual literatura española, la personalidad de Luis, el más joven de los hermanos, aunque quizá menos notoria en los medios de publicidad que hoy día, como escandalosos voceros, establecen las reputaciones y fijan los criterios de la fama multitudinaria, es sin embargo la que de manera más genuina, más irreprochable encama aquellos valores artísticos, intelectuales y humanos que deben, según entiendo, merecer nuestro mayor aprecio y respeto".

Ayala argumentó con rigor el poder de sus ficciones, la capacidad arquitectónica para construir las tramas y, sobre todo, la calidad de su escritura. Y le reconocía su importante lugar y su permanencia futura en la narrativa hispánica.

Luis Goytisolo, como Cervantes, concibió su gran proyecto (Antagonía) en la cárcel en su lucha contra la dictadura, lo desarrolló con implacable exigencia y sin concesiones, pero también -como él- procuraba acercarse a los lectores. Tal fue su propósito con tres obras singulares: Mzungo (1996), Placer licuante (1999) y Escalera hacia el cielo (1999), magníficamente estudiadas por Federico Ruiz Rubio en su Tesis doctoral, que tuve el honor de dirigir.

En sus últimas publicaciones manifestó su profunda preocupación por el rumbo de la sociedad, la banalización de la palabra y el imperio de la imagen, un tema central de su discurso de ingreso en la RAE. Él, que fue un gran defensor de la "autonomía del lenguaje", veía con inquietud cómo nuestra cultura se volvía cada vez más líquida y superficial. Por eso su obra es un faro, un recordatorio de que la literatura es el espacio donde la conciencia se hace forma, donde la memoria personal se convierte en memoria colectiva.

Hoy, al despedir a Luis Goytisolo, al amigo y al maestro de la escritura, pienso que su mayor enseñanza fue esa: la literatura como un instrumento de comunicación y de conocimiento, una forma de resistencia contra la estulticia. Para quienes tuvimos el privilegio de tratar con él, su voz y su ejemplo permanecerán vivos en nuestro corazón, pero sobre todo en sus libros. Su obra monumental y su palabra nos han hecho mejores lectores y mejores personas. Por ello creo que el mejor homenaje que le podemos hacer es leer sus extraordinarios libros.

Manuel Ángel Vázquez Medel es catedrático de Literatura en la Universidad de Sevilla y fue director académico de la Fundación Luis Goytisolo en El Puerto de Santa María.