Antonio Scurati, autor de la pentalogía 'M', sobre Mussolini (foto: Alejandro Martínez Vélez / Europa Press). A la derecha, el actor Luca Marinelli en el papel del dictador fascista en la serie 'M. El hijo del siglo'.

Antonio Scurati, autor de la pentalogía 'M', sobre Mussolini (foto: Alejandro Martínez Vélez / Europa Press). A la derecha, el actor Luca Marinelli en el papel del dictador fascista en la serie 'M. El hijo del siglo'.

Letras

Antonio Scurati culmina su monumental pentalogía sobre Mussolini: último aviso para navegantes

El escritor italiano publica 'El fin y el principio', quinto volumen de su biografía novelada del dictador fascista, donde alerta del resurgir de la extrema derecha.

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Antonio Scurati (Nápoles, 1969) empezó en 2018 su monumental ciclo sobre Benito Mussolini con El hijo del siglo. El mundo, antes de la pandemia y muchas otras calamidades, era otro.

Su operación literaria, consistente en novelar la biografía del dictador fascista para hacerla accesible a cualquier hijo de vecino, tiene algo del aroma de su protagonista. Al fin y al cabo, a medida que avanzaba la escritura del monumento, el escritor napolitano fue dándose cuenta sin decirlo de cómo el presente se mezclaba con cierto mal de altura: el de permanecer más allá del mismo.

¿Por qué? Las razones son varias. Italia ha sido siempre un gran país de contradicciones. A diferencia de España, sus creaciones audiovisuales o escritas nunca rehuyeron el pulso con el pasado reciente.

Sin embargo, Mussolini fue una excepción, una especie de hombre invisible que sólo podía mencionarse de forma indirecta a través de todo el mal que causó. Pienso en obras tan importantes como Roma Città aperta o Il generale della Rovere, filmes firmados por Roberto Rossellini, o La novela de Ferrara de Giorgio Bassani, en la que lo cotidiano exhibe el horror desde una sinfonía terrible pese a toda la belleza de la prosa.

El Duce sí se estudió desde lo académico y, como El Bel Paese es muy aficionado al ensayo, fueron muchos los lectores de la monumental biografía que Renzo De Felice escribió sobre el fundador del fascismo. Son ocho volúmenes a la manera del siglo XX, llenos de notas al pie y una escritura imposible, propia de un historiador brillante en su cariz investigativo y torpe en las lides de la escritura, lo que convirtió su contribución en un mito solo digerible para entusiastas de la cuestión, fanáticos con ganas de profundizar y estudiosos conscientes de tener entre las manos, pese a todos sus pesares, un documento excepcional.

Portada de 'M. El fin y el principio', último volumen de la serie de novelas sobre Benito Mussolini de Antonio Scurati

Portada de 'M. El fin y el principio', último volumen de la serie de novelas sobre Benito Mussolini de Antonio Scurati

Scurati, que durante años buscó la fórmula para alcanzar un reconocimiento rotundo, ha sido inteligente como pocos. A lo largo de cinco entregas, que debían ser tres según sus previsiones iniciales, ha desgranado el perfil de Mussolini en su vorágine hacia y con el poder por bandera.

La fórmula narrativa no ha variado desde El hijo del siglo hasta el último libro, El fin y el principio. Citas que encabezan cada capítulo, una prosa difícil de conseguir por el deber de ser rigurosa con las fuentes históricas, giros en los que entendemos la visión del autor y la sensación de estar ante la disección de un cadáver, individual y colectivo.

Esto es tan palpable que el conjunto se cierra con un monólogo del finado, única licencia que falta a la verdad, pues, a priori, los muertos no hablan.

¿Seguro? El cierre se sitúa el 29 de abril de 1945 en una gasolinera de Piazzale Loreto de Milán, donde colgaron el cuerpo del Duce junto a su amante y varios jerarcas fascistas como si fueran piezas de una carnicería. El fiambre afirma, como aviso para navegantes, que los difuntos sobreviven y vuelven cuando llega el momento oportuno.

De izquierda a derecha, los cuerpos de Nicola Bombacci, Benito Mussolini, Claretta Petacci, Alessandro Pavolini y Achille Starace exhibidos en la plaza de Loreto de Milán en 1945. Foto: Vincenzo Carrese

De izquierda a derecha, los cuerpos de Nicola Bombacci, Benito Mussolini, Claretta Petacci, Alessandro Pavolini y Achille Starace exhibidos en la plaza de Loreto de Milán en 1945. Foto: Vincenzo Carrese

Este desenlace del ciclo se conjuga con la introducción de El fin y el principio. Scurati, como cualquier literato de nivel, es un embaucador de primera categoría. Su modo de narrar puede basarse en ordenar las teselas de la Historia para llevarnos a su campo.

M se escribió desde varias urgencias. Quizá estas tuvieron un motivo inaugural de oportunismo, a sabiendas de que el personaje aseguraba un win-win hacia la tan ansiada celebridad. Aun así, el avance de los años y las derivas de nuestra centuria, unidas a la repercusión de su novela sobre Mussolini, lo han empujado a tomar partido sin medias tintas.

Es por eso que, antes de abrir el telón del último acto, vuelve a recordarnos cómo la obra se basa en documentos, pero cambia la melodía desde ciertos matices, diciéndonos: "Hoy, más que cuando di comienzo a este relato, un número consistente de italianos, estadounidenses y europeos tienden a ignorar, a negar e incluso a añorar esta terrible historia. De esta manera, se preparan para repetirla bajo nuevas formas. Hoy, más que nunca, se hace necesario seguir contándola. Asumir la responsabilidad. Frente al pasado, al presente y, por encima de todo, al futuro".

Un poco más adelante dedica el libro a los que creen en la democracia, avisándoles que se preparen para luchar. La guinda se localiza en el cierre de cierres. Una vez Mussolini suelta su monólogo mortuorio tenemos dos epílogos. El primero glosa la trayectoria de muchos seguidores y adversarios del dictador, muertos por el inevitable paso del tiempo. El segundo es la vida, la de Liliana Segre, superviviente de los campos de concentración, defensora de su memoria para no olvidar y agredida en fechas tan recientes como 2019 por neofascistas.

Fotograma de 'M. El hijo del siglo', serie de televisión basada en las novelas de Scurati sobre Mussolini

Fotograma de 'M. El hijo del siglo', serie de televisión basada en las novelas de Scurati sobre Mussolini

La última frase de M es "La historia no ha terminado". Con ella, Scurati se posiciona para con una literatura que es fiel a una posición cívica, la de los que aún creen en cómo el humanismo puede ayudar a mejorar la sociedad, en este caso en clara lucha contra un insano presentismo que todo lo maniata.

Por otra parte, el italiano cumple con un rizar el rizo de las contradicciones. La pentalogía de M es un suceso comercial que, asimismo, construye democracia remitiéndose a un pasado en riesgo de caer en la perversión, no de la amnesia, sino de lo sucedido. Hablar desde la novela responde a nuestro siglo y remite al anterior por abrazar la idea de un escritor comprometido, algo que por desgracia cada vez es menos frecuente en cualquier latitud del planeta.