Pierre Lemaitre. Foto: Bruno Levy.

Pierre Lemaitre. Foto: Bruno Levy.

Letras

'Grandes promesas': Lemaitre cierra la monumental saga de los Pelletier con un retrato sombrío de la ambición

El autor francés entrelaza folletín, historia real y novela negra para retratar admirablemente la sociedad de posguerra, convertida aquí en un personaje colectivo vibrante.

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Con Grandes promesas Pierre Lemaitre (París, 1951) cierra la monumental saga dedicada a la turbulenta, codiciosa, y moralmente dudosa familia Pelletier. Lemaitre, ganador del Goncourt en 2013, con Nos vemos allá arriba, cuyos lectores en el mundo se cuentan por millones, inició esta tetralogía con un deslumbrante primer volumen, El ancho mundo, y la cierra ahora con esta novela poliédrica pero menos impactante, con los Pelletier derrotándose a sí mismos en una sociedad corrupta de la que quisieron sacar partido.

Portada de 'Grandes promesas'.

Portada de 'Grandes promesas'.

Grandes promesas

Pierre Lemaitre

Traducción de J. A. Soriano Marco. Salamandra, 2026. 422 páginas. 24 €

El amplio fresco social, que nos conduce de Beirut a París, pasando por Indochina, lleva el título general de Los años gloriosos y hace referencia a los “Treinta gloriosos” franceses, un periodo de prosperidad y crecimiento, desde 1945 hasta los primeros años 70. Lemaitre mezcla el folletín, la historia real, los retratos de gentes poderosas, el periodismo, la novela negra, de modo que la sociedad de esos años queda admirablemente retratada y se convierte en personaje colectivo. Es una colmena hirviente, en cuyo centro están los Pelletier.

Lemaitre no oculta su admiración por Alexandre Dumas. Esta tetralogía, que incluye también El silencio y la cólera y Un futuro prometedor, se perfila como el gran teatro de una época, diseminado en muchos rostros y en las circunstancias de aquel tiempo. Como a Dumas, a Lemaitre se le ha tachado de autor de novela popular, que lo es, magistralmente y con altísima calidad. Esto recuerda lo que dijo el crítico Henri Clouard defendiendo a Dumas: “Se le ha reprochado el hecho de ser ameno, fecundo y pródigo. ¿Hubiese sido preferible que fuera aburrido, estéril y avaro?”.

Esta última entrega transcurre a mediados de los 60. La novela comienza en París, en la gala de un premio literario otorgado a François Pelletier , ya convertido en novelista. Su hermano Jean, un personaje siniestro del que los lectores de Lemaitre ya conocen su lado psicópata, no aparece en la fiesta. En realidad, Jean se ha tropezado con un edificio en llamas y al escuchar el grito de una mujer se ha lanzado al fuego para salvar a un bebé de tres meses.

Lemaitre mezcla el folletín y la historia real, de modo que la sociedad de esos años queda admirablemente retratada

De pronto se convierte en el héroe del incendio de la calle Caulaincourt, además de ser el corrupto socio de la gran carretera parisina de circunvalación en plena construcción. Su insoportable esposa Geneviève se dedica a manipular a la prensa para ensalzar a su mediocre consorte. Los turbios negocios de Jean, el asunto del niño salvado de las llamas y las investigaciones de su hermano François, convencido de que Jean es un asesino múltiple de mujeres, un drama oscuro aún sin resolver, son los temas que se entrelazan en la narración.

Paralelamente, conocemos a una familia de emigrantes españoles, los Ramos, siempre estafados por el señor Poitaud, dueño de las granjas en una zona de reparcelaciones. El hijo, Manuel, obsesionado por matar a un jabalí, se convierte en un certero tirador de escopeta. La indignación de tantos años por la explotación de sus padres concede a la historia una perspectiva inesperada cuando convergen la familia Pelletier y el hijo de los Ramos.

Los Pelletier parecen ir cuesta abajo. La deshumanización de un tiempo con una modernización industrial creciente está aquí representada por una estirpe decadente marcada por su pasado. La visión del último capítulo de la dinastía no es apocalíptica, pero sí estremecedora. El desastre forma parte de la naturaleza de los Pelletier, y Lemaitre no puede hacer nada para salvarlos.