José Luis Villacañas. Foto: Archivo.

José Luis Villacañas. Foto: Archivo.

Letras

'Tierra o ser': José Luis Villacañas reflexiona sobre la gran decisión de la filosofía contemporánea

El historiador revisa en su ensayo más personal a filósofos como Kant, Weber, Freud, Husserl y Jonas para enfrentar el narcisismo del siglo XXI.

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“Sobre todo, escapar de la fenomenología”. Cuando Foucault, retrospectivamente, argumentó por qué su generación había necesitado romper en lo teórico y político con el academicismo anterior, señaló un punto de inflexión que hoy quizá debería ser revisado con otros ojos y otras experiencias.

Tierra o ser. La gran decisión de la filosofía contemporánea

José Luis Villacañas

Akal, 2026. 704 páginas. 28 €

Esa hipertrofiada teoría que se había “prostituido” pasando del nazismo a De Gaulle debía ser radicalmente cuestionada. Esa generación, no tanto Derrida, algo más joven, solo podía ver en esa filosofía triunfante de las “tres H” (Husserl, Hegel, Heidegger) un camino estéril al “origen” tras las tragedias del XX.

En el caso del primero, el proyecto limitado de un sujeto teórico cuya honda gravedad no se hacía cargo de la vida histórica en su concreción y riqueza de sentido, una instancia funcional al respectivo statu quo. ¿Escolasticismo académico? Bien, pero nuestro siglo XXI sigue fastidiado o melancólico.

El narcisismo oscuro de nuestra época debe medirse de nuevo con esta cuestión. ¿En qué medida este escape arrojó por el desagüe, junto al agua sucia de ese supuesto filisteísmo antropológico, al propio bebé?

El gesto socialdemócrata de recuperarlo tomó una primera forma en los 80 a cargo de Jürgen Habermas, que también ya miraba de reojo al Husserl de la Krisis para reconciliar las esferas de la racionalidad desgajadas.

José Luis Villacañas (Úbeda, 1955) nos invita a otras sendas perdidas orientado por una urgencia muchísimo mayor: “No dar al ser humano por perdido […] considerar al ser humano como un ser de la tierra”.

Un paisaje abrupto y exigente donde la crítica de la modernidad, bajo la desencantada explicitación de sus erosionadas bases epistemológicas, ontológicas y lingüísticas, ha terminado mutando en la crisis de una crítica que, perdido su vínculo generativo con las ciencias, la corporalidad y el “mundo de la vida”, ha olvidado, junto con el gesto kantiano, una escala antropológicamente constitutiva.

En este juego de manos, donde cierto oportunismo también se vino arriba para hacer “política” (Heidegger, Schmitt), ¿dónde quedaba lo humano tras el descentramiento de las tres heridas narcisistas y el desafío de la animalidad?

Como un Serenus Zeiblom redivivo y presto a comprender la funesta hybris gnóstica de parte del pensamiento contemporáneo, el autor elige a sus héroes habituales –Kant, Weber, Freud, Husserl, Blumenberg y Plessner–, pero también Hans Jonas, y nos plantea un imponente desafío a contrapelo de una tendencia que surgió alrededor de 1929: ¿Ser o Tierra?

Villacañas recupera la apasionada grandeza de la mirada filosófica para aterrizarla en este siglo desquiciado

Sin duda, este reseñador necesitaría más páginas para estar a la altura de los matices del ensayo, de los retratos fisionómico-sociales de los protagonistas, de la interpretación y reconstrucción de debates cruciales sobre el problema de la vida, cuestión axial en todo el pensamiento contemporáneo.

Destaquemos, por último, que apuntar a este horizonte terrenal solo podría hacerse comunicándose con la generosidad expositiva que evidencian estas páginas.

Cabría, incluso, preguntarse si esta herencia enterrada por la soberbia del Ser no podría ser más empática con otras herencias “terrenales” antignósticas también propuestas por Nietzsche y su gramática epicúrea, no tan triunfante culturalmente, tan obnubilada por lo literario y tan insensible al plano científico-antropológico de lo que a veces se expone.

¿Sería insensato poner de nuevo a dialogar hoy a Kant y Nietzsche revivificando estratos históricos? Si algo hay que agradecer a este ensayo, probablemente el más personal de su autor, es que, pertrechado con esa confianza serena de la que da testimonio el trabajo de toda una vida, recupere también hoy la apasionada y humilde grandeza de la mirada filosófica para aterrizarla en este siglo tan orgullosamente desquiciado. Aún, quizá, humanos, demasiado humanos.