Greta García

Greta García Daniel Hidalgo

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Greta García, escritora y bailarina: "Mi novela es una tarta con nata podrida. Regalo ideal para el día del padre"

Escritora, bailarina, coreógrafa y artista de circo, espera la publicación de su segunda novela en marzo. Mientras, la primera, 'Solo quería bailar', llega al Teatro del Barrio bajo la dirección de Alberto Velasco.

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¿Qué libro está leyendo?

Píldoras azules, de Frederik Peeters, y Farándula, de Marta Sanz. Geniales los dos.

¿Cuál es el libro que más le ha ‘autoayudado’?

Pippi Calzaslargas.

Si no hubiera podido ser escritora, ¿qué hubiera querido ser?

Si no me hubiese dedicado tampoco a la danza o al circo, sería abogada, repostera o costurera.

Un acontecimiento histórico que le habría gustado vivir in situ. ¿Por qué?

Me hubiese encantado ser un dinosaurio. Porque así podría ver otros dinosaurios.

Bailarina, coreógrafa, directora teatral y circense, además de escritora. ¿En qué lugar se siente más cómoda?

Estoy cómoda en no tener que ser una sola cosa. Todos estos roles me pellizcan de forma similar.

Su primera novela, Solo quería bailar (Tránsito), fue uno de los grandes debuts de 2024. ¿Cómo lo vivió?

Fue y sigue siendo un bombazo de amor para mí, estoy infinito agradecida a todas las personas que os lo habéis leído y recomendado.

Comparte con su protagonista su profesión como bailarina. ¿Sigue queriendo bailar?

Bailar siempre. Porque me lo paso pipa. Me encanta transformarme, jugar con el cuerpo, los otros y el espacio. Llego a sensaciones a donde no llego con las palabras.

Alberto Velasco dirige la versión escénica de esta novela. ¿Qué cambia o qué le aporta el teatro a su obra?

No lo sé, pero me resulta muy emocionante. Yo solo espero que, como creadores, tanto Alberto, como Olalla Hernández, la intérprete, hayan llegado a un lugar que les remueva las tripas, y se rían bastante.

En marzo publica también con Tránsito su segundo título, Muere, papá. ¿Cómo la definiría?

Un psicoanálisis paternofilial fatal que hago a raíz de los dibujos de mi padre, José Toro. Una tarta con nata podrida. Un pollo degollado. Un regalo ideal para el día del padre.

¿Ha descubierto ya la frontera entre persona y personaje?

No, imposible.

Un disco/canción que se ponga en bucle estos días.

Zambra de la Gloria, de Raúl Cantizano.

¿Cuál es la serie que ha devorado más rápido? ¿Diría, por cierto, que es la mejor que ha visto? ¿O es otra?

Vi Adolescencia con mi amiga Laura sin freno y me sigue resonando. De mis favoritas, es y será Fleabag.

¿En qué película se quedaría a vivir y en cuál no aguantaría ni un minuto?

Podría ser una niña feliz en Hogwarts, o un Hobbit de la comarca; ni un minuto aguantaría en cualquier película bélica.

¿Ha experimentado alguna vez síndrome de Stendhal?

Recuerdo que recién me mudé a Granada con 21 años, fui a la Alhambra y lloré en el Patio de los Leones porque me pareció muy bonito y había tomado mucho tiempo en hacerse.

Díganos algo que ya no soporte del mundillo cultural.

La sexualización capitalista constante sobre los cuerpos me agota.

Una obra sobrevalorada.

La Biblia.

Un placer cultural culpable.

No me siento nada culpable ante ningún placer.

¿La inteligencia artificial matará la creación artística?

No lo creo, si acaso quitará puestos de trabajo, pero la creatividad no, imposible, a no ser que se nos meta por la oreja y nos cortocircuite el cerebelo y nos haga robots; entonces, muerte.

¿Cuál es la última exposición a la que ha ido?

Vi la obra de Klara Kristalova en Skellefteå Konsthall y me llevó a un lugar tanto casero como extraño, sus esculturas niña animal trol me encantaron.

España es un país…

Con muy difícil acceso a una vivienda digna.