Yael van der Wouden. Foto: Roosmarijn Broersen.

Yael van der Wouden. Foto: Roosmarijn Broersen.

Letras

'La guardiana', la original ópera prima de Yael van der Wouden que desnuda la culpa en la Holanda de posguerra

La autora israelí explora el deseo y las cicatrices familiares en este libro, que ha recibido el Women’s Prize de 2025 y fue finalista del Premio Booker en 2024.

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La novela de Yael van der Wouden (Tel Aviv, 1987), afincada desde la infancia en los Países Bajos, ha sido aclamada por la crítica internacional como una ópera prima compleja, profunda y original.

La guardiana

Yael van der Wouden

Traducción de Victoria Alonso Blanco. Salamandra, 2025. 282 páginas. 21 €

La guardiana ha recibido el Women’s Prize de 2025 y fue finalista del Premio Booker en 2024. Publicada en más de veinte países, la primera novela de Van der Wouden oculta en el mundo cerrado de una casa de campo holandesa una serie de secretos que saldrán a la luz en el inesperado giro argumental de la última parte.

Hay que puntualizar que la novelista primeriza no es ajena a las letras ya que es profesora de Escritura Creativa y Literatura Comparada y una ensayista premiada.

Eso explica la soberbia construcción de una historia que empieza aumentando la tensión psicológica entre personajes anodinos y termina desvelando las dolorosas secuelas de la Segunda Guerra Mundial en Holanda.

La atmósfera opresiva que enmarca la vida solitaria de Isabel en una casa apartada en la provincia de Overijssel, en 1961, es solo la punta del iceberg de una tragedia más grande que no se revelará hasta el final.

La casa solitaria, cobijo seguro para la neurótica Isabel, está conectada a los estados anímicos de dicho personaje lleno de represiones y manías.

La mansión, propiedad del tío Karel, sirvió de refugio a la madre con su familia, Isabel y sus dos hermanos, cuando las bombas caían sobre Ámsterdam.

Aunque la propiedad la heredará su hermano Louis, Isabel ha vivido en la casa tras la muerte de la madre y vigila que todo permanezca inamovible. Atesora cada objeto, convencida de que la sirvienta Neelke, o cualquier visitante, pueden ser potenciales ladrones.

El peso de los secretos familiares, la intolerancia, la represión del deseo, se generan en la novela sin necesidad de explicaciones, por la construcción letal de las personalidades.

Isabel, apegada a la rigidez de su vida, tiene que aceptar la homosexualidad de su hermano Hendrick, que vive en La Haya con su novio racializado Sebastian, y la promiscuidad de Louis, un seductor que cambia de novia constantemente.

Cuando Louis instala a su nueva pareja, Eva, en la casa familiar con motivo de un viaje de trabajo, la convivencia entre las dos mujeres revelará la intensidad del rechazo de Isabel por una mujer sensual, algo vulgar y expansiva.

Esta primera novela oculta, en el mundo cerrado de una casa de campo, una serie de secretos que saldrán a la luz

La historia se carga de una dimensión insospechada, y lo que era en principio un odio despiadado hacia la recién llegada se irá convirtiendo en una pasión incontrolable por parte de Isabel.

Sus escrúpulos, sus máscaras, su comportamiento apocado acabarán hundidos en un despertar sexual de alto voltaje.

La autora rehúsa solo esbozar esa fogosidad arrebatada que rompe la ordenada vida de Isabel en pedazos, y se mete a fondo en la psicología del deseo y en descripciones sexuales explícitas.

Cierto que el lanzamiento de Isabel al mundo del amor pasión, tras años de sequía, es verosímil, pero esos encontronazos sexuales con Eva pueden resultar repetitivos.

En realidad, la fuerza de la pasión se va a desplomar aparatosamente; Eva será expulsada de la casa por ladrona de objetos, con Isabel como encarnación de una propietaria implacable. Y es, en un giro argumental inolvidable, cuando se precipita una verdad que no esperábamos.

Eva se convierte en protagonista en unas páginas dramáticas, cuya impronta desvela la visión más importante de la novela. Se despertará la ira de los humillados y se van a cuestionar las grandes lagunas de una posguerra que no cerró definitivamente las heridas.

El destino histórico de los perdedores aparece en un malabarismo literario sencillo, pero muy eficaz. Y todavía, en un giro final, se salva a Isabel, arrastrada por el amor y la culpabilidad, porque tal vez ella era una víctima más de las circunstancias.