Gloria Naylor. Foto: Tom Keller

Gloria Naylor. Foto: Tom Keller

Letras

'Linden Hills', de Gloria Naylor: una familia negra tan clasista como la más hipócrita sociedad blanca

La autora de esta novela rescatada por Nórdica es la única afroamericana incluida en 'El canon occidental' de Harold Bloom junto a Toni Morrison.

10 marzo, 2024 02:00

En el listado de glorias literarias contemporáneas, Harold Bloom destacó en El canon occidental (1994) a dos escritoras afroamericanas: Toni Morrison (Premio Nobel de Literatura, 1993) y Gloria Naylor, ganadora en 1983 del National Book Award por su primera novela, Las mujeres de Brewster Place. Naylor (1950-2016) confirmó con Linden Hills una potente voz para reflexionar sobre el alma de las comunidades negras en Estados Unidos.

Linden Hills

Gloria Naylor

Traducción de Shannel Julius y Blanca Gago. Nórdica, 2024. 387 páginas. 23,95 €

Hija de granjeros de Misisipi emigrados a Nueva York, trabajó encarnizadamente para llegar a la Universidad de Yale y cursar estudios afroamericanos. En los 70 fue transcendental su lectura de Ojos azules de Toni Morrison, y prosiguió con el estudio de otras novelistas afroamericanas como Zora Neale Hurston. Fue profesora en Cornell y otras universidades.

Si en Las mujeres de Brewster Place, convertida en serie protagonizada por Oprah Winfrey, Gloria Naylor mostraba las frustraciones de las mujeres negras en un entorno de miseria, en Linden Hills, una comunidad negra de clase alta, se prefigura el arribismo para trepar en la sociedad blanca, y el mismo conflicto identitario de las mujeres afroamericanas.

Linden Hills comienza con la compra de unas tierras junto a un cementerio por Luther Nedeed en 1820. Una funeraria y el alquiler de cabañas a otras familias de color fueron el origen de la gran fortuna inmobiliaria de los Nedeed. 160 años más tarde, el tataranieto de Nedeed, también llamado Luther, es dueño de Linden Hills, con sus mansiones elegantes y sus residentes envidiados.

Esta sociedad de negros adinerados es tan cerrada e implacable como cualquier elitista vecindario de blancos. Un narrador omnisciente nos descubre, a través de Lester y Willie, dos jóvenes poetas rebeldes, las sombras que se esconden en las entrañas de esta sociedad. Los capítulos llevan el título de, “19 de Diciembre”, “20 de Diciembre”, hasta el día de Navidad, cuyo final irrumpe casi como la pesadilla de una novela gótica.

El clasismo y la lucha de las mujeres hacen que esta novela tenga una vigencia absoluta. Naylor nos arrastra

De las subtramas que dan cuenta de las vidas de las gentes de Linden Hills sobrecoge el encierro de Willa Nedeed en el sótano de la gran casa con su hijo muerto, castigo del magnate Luther por sospechar la traición de la esposa, ya que el niño es demasiado blanco. La historia de Willa, insertada en la trama principal con otra tipografía, refleja, mediante viejas cartas, diarios y álbumes de fotos, la genealogía de las esposas Nedeed, todas ellas encerradas en sí mismas una vez que daban a luz al siguiente heredero varón.

Los dos muchachos que deambulan en busca de trabajos temporales por la zona desprecian los aires de superioridad y la hipocresía de la comunidad. Lester vive en el sector menos noble de Linden Hills, pero Willie proviene de Putney Wayne, el reverso del territorio lujoso, una comunidad de proletarios y desplazados negros que nunca se mezclarán con el mundo del dinero y de los altos ejecutivos falsos y crueles.

['Hijo de esta tierra': la primera gran novela afroamericana]

El clasismo, los niveles de poder, encarnados en los distintos estratos sociales de Linden Hills –Naylor pretendió una metáfora de los círculos del “Infierno” de Dante–, la subordinación de las mujeres y el alto precio pagado por su rebelión y ascenso, hacen que esta novela tenga una vigencia absoluta.

La imaginación de Naylor nos arrastra poderosamente; los tintes góticos, la maldad de Luther Nedeed y su apego a un pasado decadente y la impalpable fuerza que la esposa encerrada reconquista al conocer la historia de sus antecesoras despreciadas, dejan entrever que el paraíso de los poderosos, blancos o negros, puede estar cercado por las llamas del infierno.