Letras

María Luisa Elío: tiempo de volver del exilio y el llanto

“Y ahora me doy cuenta de que regresar es irse”. Así comenzaba la gran olvidada del exilio español el libro que narraba su imposible retorno a casa. Escritora, guionista y actriz, Renacimiento reivindica ahora su figura recuperando 'Tiempo de llorar. Obra reunida', en edición de Soledad Fox Maura

1 diciembre, 2021 09:01

Quien se acerca a la vida y a la obra de María Luisa Elío (Pamplona, 1926 - Ciudad de México, 2009) comparte de inmediato la fascinación que Soledad Fox Maura sintió al descubrirla, esa mezcla de “reacción eléctrica, de flechazo, y a la vez de pena de no haber conocido la obra antes, y de no haberla conocido a ella”, que revela a El Cultural. Porque la vida de la escritora trasterrada en México mueve al asombro. Hija de una familia burguesa de terratenientes, su padre, Luis Elío, era juez municipal en Pamplona. Católico y republicano, se trataba de un librepensador que había repartido sus tierras de Barañáin entre sus jornaleros, y que fue detenido el 19 de julio de 1936 por los rebeldes golpistas.

Conducido a una comisaría donde le advirtieron del peligro que corría su vida, se le invitó a esconderse de inmediato, y tras ocultarse unos días en casa de algunos amigos carlistas, acabó pasando la mayor parte de la guerra en una diminuta estancia de la Casa de la Misericordia, no mayor que un armario, desde donde oía cada mañana y cada atardecer los fusilamientos ejecutados en la antigua Ciudadela, frente a su refugio.

Mientras, a su mujer, Carmen Bernal, y a sus tres hijas (María Luisa era la menor), les anunciaron en tres ocasiones su muerte, haciéndole llegar ropas suyas ensangrentadas o informándoles de su suicidio. La propia María Luisa Elío lo cuenta en Voz de nadie (2017), primero de los libros reunidos en el volumen de Renacimiento: “A mi madre le habían dado la noticia de su muerte tres veces, nosotras habíamos sido huérfanas tres veces también”.

Una sombra del padre

Tratando de evitar las represalias, ellas intentaron huir a Francia en 1937 pero fueron detenidas en Elizondo y pasaron tres meses retenidas frente a una prisión donde la niña María Luisa conoció a un preso al que jamás olvidaría. Cuando al fin la familia logra reunirse en Francia, tras varios meses llenos de penalidades del padre en un campo de concentración para refugiados republicanos, la niña comprenderá que “ese hombre que era mi padre, que se había muerto tres o cuatro veces, ahora estaba ahí. Estaba una sombra de mi padre, el otro se había quedado en una habitación en la que estuvo tres años metido”.

Decididos a empezar una nueva vida, en Voz de nadie María Luisa Elío narra, desde el punto de vista de la niña que fue, el viaje en barco y las penurias de la familia en México. También su decisión de convertirse en actriz “con el propósito, sobre todo, de ver si, siendo otra persona, no me enteraba de quién era yo”. Discípula del maestro de la escena Seki Sano, formó parte, como actriz, del grupo experimental vanguardista “Poesía en voz alta”, que contaba entre sus miembros o colaboradores con Octavio Paz, Arreola, Leonora Carrington y Juan Soriano. Casada con Jomi García Ascot, otro ilustre exiliado español, pronto destacó en los círculos intelectuales mexicanos, al tiempo que colaboraba en diversas películas y publicaba relatos en la prensa.

Solo en 1970, tras su divorcio, intentó regresar a España con su hijo Diego, pero fue inútil: “Por eso sé que regresar es irse, irme. Irme de una vida, casi de toda una vida, porque sé que ahora la mirada tan solo va a servir para borrar”, escribió en Tiempo de llorar (1988), donde también explica cómo “siempre tenía que estar escogiendo nuevas vidas, como si no fuera bastante la que la vida se encargaba de escoger por una. Se trataba de un libre albedrío, tan mezquino y sin embargo con tantos caminos, que me sentía muy poca cosa para tener una cierta seguridad de escoger lo correcto”. Y lo hizo: no volvió a España jamás.

"Elío tiene una voz narrativa tan poderosa, tan bella e íntima que es muy fácil identificarse con ella y sentirse cercana", afirma Fox Maura

“Lo que me apasiona de ella —confiesa ahora Fox Maura— es que Elío tiene una voz narrativa tan poderosa, tan bella e íntima que es muy fácil identificarse con ella y sentirse cercana a esa narradora/ protagonista y a los personajes que habitan sus palabras. También es emocionante leer a una mujer nacida en Pamplona en 1926 con una voz en primera persona tan moderna, directa, y personal. Con el trasfondo de la Guerra Civil y el dolor del exilio, el drama está servido. No nos cuenta cosas que ya sabemos, sino que es libre de centrarse en ella misma, en su mundo, sus emociones y su pasado”.

Regreso a la infancia

Con la complicidad de su hijo, Diego García Elío, y de la editorial Renacimiento, Fox Maura ha preparado este volumen que contiene Voz de nadie, Tiempo de llorar, el guion de la película En el balcón vacío, y Cuaderno de apuntes (con “Diez pequeñas historias” exquisitas dedicadas a su hijo Diego), además de un espléndido apéndice gráfico. De su importancia da cuenta Álvaro Mutis en el prólogo de Tiempo de llorar: al leerlo logramos “volver, con toda una vida pesando sobre nuestros hombros, a los lugares donde transcurrió la infancia. […] Es el regreso de Ulises a Ítaca pero invirtiendo el curso del tiempo.”

Otro de los grandes aciertos de esta edición es haber incluido el guion completo de En el balcón vacío, la película que el marido de María Luisa Elío rodó en México con hijos de exiliados como actores. Se trata, en palabras de la editora Fox Maura, de un filme “único, uno de los más entrañables del cine mexicano”, del que apenas se puede ver una versión en Youtube, a la que le faltan algunos minutos. Elío escribe el guion, y tiene un papel clave en la película, basada en su propia vida.

El libro reproduce el guion de 'En el balcón vacío', un filme “único, uno de los más entrañables del cine mexicano” que recrea los recuerdos de Elío

“Sí, hace de sí misma, en una vuelta soñada a Pamplona. Una aventura muy difícil tanto en el cine como en la realidad. Pero el talento y la visión estaban aseguradas”, destaca, al tiempo que recuerda que el marido de la escritora fue colaborador de Buñuel y de Juan Antonio Bardem, lo que subraya “las raíces del filme en el cine español, y en el cine del exilio”. Dedicada a todos los españoles que murieron en el exilio, la película recrea los recuerdos de la infancia de Elío y de su fantasía de volver a España, y conquistó el premio de la Crítica del Festival de Cine de Locarno en 1962.

María Luisa Elío con García Márquez y con León Felipe

Con permiso de la ‘Gaba’

Mención especial merece también el mágico papel de María Luis Elío en la creación de Cien años de soledad. Como recuerda la editora, la propia Elío contaba, muy divertida, “cómo García Márquez se pasó toda una noche contándosela antes de haber empezado a escribirla. Y a María Luisa le volvió loca”. Su entusiasmo fue tal que cuando había escenas o sucesos de la novela de los que dudaba el propio García Márquez, como, por ejemplo, el del cura que levitaba, fue María Luisa quien le animó diciéndole que todo funcionaba perfectamente.

Desde entonces, explica Fox Maura, “Gabo la llamaba a menudo para leerle los capítulos que iba escribiendo, y consultarle alguna duda. Su papel fue tan importante que quiso dedicarle el libro, pero quería hacerlo bien, así que primero pidió permiso a su mujer, Mercedes Barcha ‘La Gaba’, y a Jomi, al que también se lo dedicó, para celebrar su amistad”.