Image: García Márquez, una estrella de rock en el pueblo

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Letras

García Márquez, una estrella de rock en el pueblo

Un libro ahonda en la cara íntima del Nobel a través del testimonio de quienes le conocieron antes de convertirse en una celebridad

Alberto Gordo
Publicada
Actualizada

Gabriel García Márquez en Barranquilla.

Soledad & Compañía. Un retrato compartido de García Márquez (Debate) es un libro de entrevistas tan atípico que, entre sus protagonistas, apenas es posible hallar tres o cuatro voces que nos suenen. Los que hablan están por lo que dicen y por cómo lo dicen; no por lo que son. "Las voces son vivas e inmediatas -explica su autora, la periodista colombiana Silvina Paternostro, que durante meses recorrió media América Latina tras el rastro de todo aquel que hubiera conocido al Nobel-. Los oyes hablar como habla cada uno. El costeño habla como García Márquez pone a hablar a sus personajes, sale la formalidad de los capitalinos, la percepción norteamericana del escritor William Styron, la emotividad de Carmen Balcells cuando habla de García Márquez. Son voces vivas. Llegan directo. Es como sentarte a hablar con cada uno de ellos".

Es esto, quizás, lo más genuino de este perfil completo de Gabo que -podríamos decir- ni siquiera firma del todo su autora, pues ella se limitó a preguntar, a poner la grabadora y a escribir un prólogo. Es un libro que se deja hablar, un libro escrito entre muchos. Claro que hay que saber qué preguntar y, después, desaparecer. Y la periodista supo. Es como la apoteosis de la entrevista. Un largo e interrumpido, sincopado retrato múltiple y oral puesto por escrito. "Mi libro es muy diferente a una biografía -explica Paternostro, en relación al reto que suponía hacerle una a GGM después de la de, por ejemplo, Gerald Martin-. "Yo diría que mi libro es una fiesta divertida y las biografías son clases universitarias".

Paternostro parte la vida del escritor a la mitad, como con un hacha en forma de novela legendaria; hay un antes y un después de Cien años de soledad. Hacia atrás, comienza por sus padres, el telegrafista Gabriel Eligio García, y Luisa, la hija del coronel Márquez. Se habla, o mejor dicho hablan (los del pueblo) de sus primeros años en casa de los abuelos. De la muerte del coronel Márquez. De la marcha de Gabo a Bogotá, a estudiar derecho. De sus primeros cuentos en el periódico. De periodismo. De Barranquilla. De sus amigos. De personas que son este o aquel personaje de sus historias. De uno que le dio la idea para un relato. Hablan del éxito, también, pero desde un costado más íntimo, desconocido, y llega el libro hasta el final triste que todos conocemos. Hasta el último capítulo, acaso el más bello, que se abre con una frase del último García Márquez: "Es que yo no sé lo que pasó -le dijo una mañana a su amiga Gloria Triana, con ecos de ese mágico fraseo suyo- pero de un día para otro amanecimos todos viejos". Silvina Paternostro se dio cuenta, dice, de que Gabo es como una suerte de rock & roll star. "Es tan querido y tan icónico como John Lennon. Cuando menciono en Nueva York que acabo de publicar una historia oral sobre GGM todo el mundo se derrite", dice.


García Márquez, a finales de los sesenta. Esta fotografía ilustra la portada de Soledad & Compañía. Colita.

El libro surge de un encargo periodístico de la revista americana Talk, en 2001. El proyecto no salió y la periodista lo publicó por piezas en publicaciones como The Paris Review o la mexicana Nexos. En origen, Paternostro tenía que escribir una suerte de biografía corta (2.000 palabras) del Nobel colombiano, y lo tenía que hacer exclusivamente con testimonios, casi en bruto. "Yo les propuse que, en vez de entrevistarme con jefes de Estado, estrellas de cine, hombres de inmensas fortunas con los que a diario compartía [GGM], viajaría a Colombia a hablar con aquellas personas que lo conocieron antes de ser el legendario escritor latinoamericano". El resultado es que los personajes hablan, gritan, mienten como si llevaran siglos esperando a que se les preguntara. Tiene algo de relato desmitificador, sincero y, a ratos, sorprendente: "Claro que es un hijueputa -declara en una ocasión Quique Scopell, fotógrafo y compañero de Gabo en El Heraldo, en la década de los cincuenta-, pero tampoco lo puedo decir públicamente porque es un hombre que, primero, ya tiene sus méritos. Para mí tiene el gran mérito de la terquedad. Hombre terco que insiste, insiste, y dale y dale con la hijueputa novela, y dale y dale..."

En el núcleo de la biografía están los "mamadores de gallo", o los "mamagallistas", habituales, junto al escritor, de las tertulias más o menos literarias de un tugurio llamado La Cueva, en Barranquilla. La identidad de algunos de ellos trajo de cabeza a los gabólogos durante años, sobre todo después del cameo del grupo en Cien años, en donde figuran como amigos de Aureliano Buendía. Ese libro y su éxito parecen levantar aquí la polvareda de la envidia. Es difícil creer en Dios cuando uno lo conoció siendo humano. Para algunos, Gabo "es una hueva". "Gabito era lagarto. Lagarto es metiche, que se mete donde no cabe, que no es del grupo, que no encaja, alguien que se acerca a un grupo y lo ven por debajo (...) Gabito no era ni muy tomador ni muy mujeriego (...) Por eso le decía: "Ahí viene el lagarto de mierda ese pa´ hablar de literatura", recuerda uno, que ignoraba que si Gabo no bebía como ellos era porque no tenía dinero. "Beber poco era un desastre diplomático en la Barranquilla de aquella época", apostilla Gerald Martin, biógrafo del autor de El amor en los tiempos del cólera. Paternostro, que los entrevistó a todos, opina lo mismo: "A los mamagallistas de La Cueva de Barranquilla no les impresiona un escritor tanto como un tomador de trago".

Otro amigo, o examigo del escritor dice, en otro momento: "El Premio Nobel le hizo un daño a la literatura colombiana de putas, con García Márquez. Porque ahora todo el mundo quiere ser García Márquez. Entonces: ¡Ah noooo, si no lo dijo García Márquez entonces no es literatura!" Obsérvese que cuando se habla del Nobel, ya no es Gabo, ni Gabito. Es García Márquez: otro tipo, un escritor.

Cien años de soledad, como fenómeno incalificable, manda en este libro. La única que se tomó su éxito con cierta calma fue una amiga de la abuela de GGM, que dijo, cuando alguien aludió en su presencia al éxito internacional de la novela: "Ay, ¿quién iba a creer que el nieto de la Tranquilina fuera tan inteligente?". A Santiago Mutis le contó Tomás Eloy Martínez una anécdota reveladora. Fue una noche en Buenos Aires, una semana después de la publicación de la gran novela sobre los Buendía. "Fuimos al teatro -contó Martínez- y cuando Gabo entra, ¡el teatro se para y lo aplaude! Y ahí comenzó. ¡Y no ha parado! No paró. Nunca. Es decir, nunca lo dejaron solo".

Dice Gregory Rabassa, al principio, que sucedió como suceden los terremotos, que se sabe que van a pasar, pero no se sabe cuándo. "Y Cien años de soledad -concluye Paternostro- fue un terremoto que se sintió en el mundo entero".