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Letras
El fútbol ya es para leer
Decenas de títulos de literatura futbolística se acumulan en las mesas de novedades justo antes del comienzo del Mundial. Algunos de sus autores nos explican qué tuvo que cambiar para levantar el género.
Football field (2007-2009). Maider López.
Hubo un tiempo, hace no mucho, en que el fútbol era un entretenimiento para ociosos, incultos o fanáticos. En que el fútbol no era respetable, era cosa del pueblo bajo, algo sin relato posible, un juego sin ciencia y, también, claro, sin épica. Pero he aquí que lo popular se puso de moda entre la cultura más o menos alta, en que el escritor, quizás, se bajó a la calle, en que alguien desde algún país lejano (probablemente de Latinoamérica) vio en esa pequeña y simple batalla de once contra once un lugar a partir del cual armar estructuras literarias, un campo propicio sobre el que extender relatos e inventar historias. Un juego que no acababa nunca. Llegados a ese punto, fuera los prejuicios, empezó a surgir lo que ahora es ya un boom literario de títulos futbolísticos, un tema que es plenamente contemporáneo, del que hay que escribir, del que hay que leer, del que no se escapa nadie, un asunto al que le va naciendo, al que le ha nacido ya una extensa literatura bajo la que se congregan, como dos hinchas contrarios que compartiesen lazos sanguíneos, el futbolero y el lector.Y ahora toca preguntarse: ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
En primer lugar, nos dicen, fue la tele: "Es realmente la combinación fútbol-televisión la que hace al balompié alcanzar un nivel único de impacto social", explica Alejandro Quiroga, autor de Goles y banderas (Marcial Pons).Y añade: "En la década de 1920 el único modo de vivir un partido de fútbol sin ir al campo era leer sobre el encuentro en los periódicos y las revistas. En los años 30 se podía leer sobre los encuentros y escuchar los partidos por la radio. En los años 40 a estos dos medios se les sumó el NO-DO, que permitió revivir los partidos en los cines meses después de haberse disputado. La televisión fue clave en la propagación del juego a partir de los años 60 y se vino a sumar a la prensa y la radio en su labor de llevar el fútbol a los hogares de millones de españoles". Para conquistar la literatura, el fútbol tuvo que llegar antes al pueblo. Fue cuestión de tiempo que el aficionado deseara más fútbol después del fútbol: un relato de lo sucedido en el que solazarse (casi siempre) o, si sufría la derrota, regodearse en ella. La inscripción del fútbol en la lista de temas universales (Monterroso) viene de un fenómeno mediático que ensancha el relato. Es decir, la tele populariza el fútbol y la literatura, después, se hace popular. "Su importancia en la cultura popular contemporánea es evidente -comenta Sérgio Rodrigues, autor brasileño que acaba de publicar El regate (Anagrama)-. Todo lo que forma parte del juego (la pasión, la historia, la mitología, el drama, la tragedia, la comedia) es un rico material para la ficción".
Opina Santiago Roncagliolo (La pena máxima, Alfaguara) que la literatura tuvo, de igual modo, que sacudirse los prejuicios: "Antes un escritor no se bajaba de su pedestal para hablar de fútbol. Ahora ya no es así. Creo que la literatura se ha popularizado y se ha acercado a la gente gracias al fútbol". El último libro del escritor peruano, si bien no tiene como tema central el fútbol, sí que lo usa de contexto, como sonido ambiente, dando lugar a otra de las interpretaciones habituales de los escritores del género, o subgénero: del fútbol en sí es complicado hacer literatura; la literatura está fuera de banda, en los márgenes, en lo que ocurre antes y después del partido: "El futbol es un deporte, y en cuanto el árbitro pita el final, y todo se acaba, el fútbol pasa a ser un relato, en cierto sentido una ficción, y eso le proporciona gran capacidad metafórica", opina Juan Tallón, autor de Manual de Fútbol (Edhasa)."La combinación fútbol-televisión hace al balompié alcanzar un nivel único de impacto social", explica Alejandro Quiroga
El propio Tallón escribe en su libro: "Si el fútbol sólo tuviera que ver con el juego, seguramente hace tiempo que habría desaparecido, o evolucionado hacia la inanidad, como el gin-tonic o la democracia de partidos". Se puede escribir del partido, pero preferiblemente alzando el vuelo, como esas mujeres mágicas de los cuentos de García Márquez: "El futbol es una máquina de generar, si me permite la hipérbole, narraciones homéricas. Cualquier lance del juego, por escrito, es susceptible de volverse un hecho épico. Aunque se trate de un fallo ominoso. El fútbol está lleno de poder narrativo y, después de años de luchas secretas, sus escritores se han abierto paso, hasta levantar un género".
El fútbol es juego, contienda y puerta de entrada al terreno literario. Un partido entre dos bajo cuya superficie se encuentran historias de mayor intensidad, con más capas: "Como juego que jugamos, y como juego que jugamos mucho, el fútbol tiene la virtud de exhibir a los seres humanos despojados de sus máscaras más habituales", dice Eduardo Sacheri (La vida que pensamos. Cuentos de fútbol, Alfaguara). El autor de El secreto de sus ojos cree que "esa puerta de entrada hacia lo más profundo de lo que somos es lo que este deporte ofrece a la literatura". En su país, Argentina, abrieron el camino autores como Osvaldo Soriano o Roberto Fontanarrosa, este último autor de uno de los mejores cuentos sobre el tema que se han escrito nunca: 19 de noviembre de 1971. El relato es un perfecto ejemplo de lo que es el balompié: un territorio de pasiones en el que no vale participar, tan solo, sino que es vital, necesaria la victoria. Va de dos hinchas de Rosario Central que secuestran al muy enfermo Viejo Casale para que asista a un partido entre los suyos y Newell´s Old Boys. La razón, perfectamente lógica: el viejo nunca había visto perder a su equipo y aquellos hinchas pensaron que les traería suerte. "Este viejo tiene que estar en el Monumental contra Newell´s. No puede ser de otra forma. Tiene que estar".
"Muchos escritores rechazaron durante años el fútbol por una cuestión de elitismo", sostiene
Sérgio Rodrigues
Sérgio Rodrigues
Pero quién necesita a Borges. El fútbol ya tiene, hoy, a sus cantores. Hay quien ve a los futbolistas tan hermosos como caballos de John Ford. Quien siente, al perder, una noche oscura en su alma. Quien percibe la música callada de un recorte. Quien ve en una celebración de Benzemá la cólera terrible de Aquiles, de pies ligeros, cuyas hazañas fueron a la literatura occidental lo que el Barcelona de Guardiola al tiquitaca. Aunque el camino no fue fácil. "Hemos tenido que matar con nuestras propias manos un prejuicio tremendo, fortísimo", dice Tallón, que concluye diciendo que estamos ante algo así "como la oscura hora en que Cinna, Decio, Casio, Cimber, Trebonio, Bruto y Casca se pusieron de acuerdo para matar a Julio César". ¿El resultado? "Ahora, al fin, ya podemos decir que el fútbol es para leer".
Novedades editoriales
La pena máxima (Alfaguara) de Santiago RoncaglioloEl regate (Anagrama) de Sérgio Rodrigues
La vida que pensamos. Cuentos de fútbol (Alfaguara) de Eduardo Sacheri
Mis mundiales (Plaza & Janés) de Inocencio Arias
Goles y banderas. Fútbol e identidades nacionales en España (Marcial Pons) de Alejandro Quiroga Fernández de Soto
Atlético de Madrid. Una pasión. Una gran minoría (La Esfera de los Libros) de Rubén Amón
Manual de fútbol (Edhasa) de Juan Tallón
Messi. Elegí creer (Libros Cúpula) de varios autores
Cartas a jóvenes futbolistas (Continta) de varios autores
Adiós al fútbol (Xordica) de Valerio Magrelli
La barbarie deportiva. Crítica de una plaga mundial (Virus editorial) de Marc Perelman