Image: Andrew Wylie, el Chacal muerde en Barcelona

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Letras

Andrew Wylie, el Chacal muerde en Barcelona

"Nunca traicionaré a un autor y jamás haré un favor a un editor"

Vis Molina
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Andrew Wylie. Foto: Santi Cogolludo

El temible agente literario norteamericano, representante de los más reconocidos autores internacionales, imparte una conferencia en Barcelona sobre los usos y costumbres del complejo mundillo editorial.

Acaba de clausurar la decimoséptima edición del Master de Edición de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, y su presencia en la ciudad estos últimos días ha despertado la misma expectación de siempre, que él alimenta a conciencia a base de prodigarse poco o casi nada en los medios. Conoce al dedillo la dosis exacta de sí mismo que debe mostrar al gran público. Sólo un poquito, porque los dioses nunca deben acercarse a los humanos y los Reyes Magos deben preservar su mágica condición por encima de todo. Es el superagente Wylie, el hombre más amado por los autores y más temido por los editores. Representa a los más reputados nombres de la escena internacional, desde Martin Amis a Claudio Magris y de Kenzaburo Oé a Philip Roth. Son más de setecientos los autores que atesora en su prestigioso catálogo de representados. En suma, todo un repaso a la literatura contemporánea del mundo entero. Y de ellos se considera devoto servidor porque "al fin y a al cabo -afirma- son mis jefes y a ellos me debo en cuerpo y alma. Para algo son los que me pagan".

Hijo de Craig Wylie, el prestigioso editor de Houghton Mifflin, Andrew Wylie nació en Massachussets (EE.UU., 1947) y se graduó en Harvard con la calificación de cum laude en Lengua y Literatura Románicas. "Naturalmente me planteé seguir los pasos de mi padre y fui a pedir trabajo a varios editores, pero todos me hacían, invariablemente, la misma pregunta. ¿Qué estás leyendo ahora? Yo, ingenuamente, contestaba la verdad, que podía ser cualquier autor clásico europeo o norteamericano y ellos me devolvían idéntica respuesta: para ser editor has de leer best sellers. Eso me llevó a la conclusión de que la edición no era mi camino".

De tez sonrosada y afilada mirada azul acero, Wylie maneja con soltura la oratoria. Habla alto y claro, introduce la ironía en el momento preciso e imita acentos y voces con maestría de actor de teatro curtido en los escenarios de medio mundo, porque los más de treinta años que lleva entregado al oficio de la representación de autores le han otorgado la licenciatura con posgrado, doctorado y máster en vanidades, pasiones, odios y envidias del ser humano. "Mi tarea es facilitar que los que tienen talento y cosas que decir puedan vivir de lo que escriben", afirma.

Se codea con los más grandes desde la cercanía y a Andy Warhol, mentor, amigo y representado aún después de muerto, llegó por casualidad antes de convertirse en el temible agente Wylie. "Abrí una tienda en Nueva York siendo muy joven -cuenta sonriendo-, y coloqué allí la nutrida biblioteca que atesoré en mis años universitarios creyendo que la vendería con facilidad. Esa era también mi casa, y cuando llegaba la noche desenrollaba un colchón que tenía arrinconado y me ponía a dormir. Alguien me dijo que en un restaurante de la ciudad daban pollo frito gratis cada día, a las 16h, y allí me iba a comer porque no tenía ni un dólar en el bolsillo. La trastienda de ese curioso garito era muy salvaje, y en ese antro conocí al entorno de Warhol. Me lo presentaron unos amigos comunes y durante un año y medio me dedicó varias tardes por semana para que lo entrevistara. Luego quise publicar ese material pero no hubo forma de que nadie se interesara por él. Era un hombre terriblemente ingenioso, capaz de convertir cualquier historia en un chiste y con una visión de la política y la sociedad americana muy original".

Pero la esencia del trabajo de agente literario lo aprendió por pura intuición a finales de los años 70, cuándo conoció a Susan Sontag. "Era una mujer de aspecto imponente, desprendía autoridad y magnetismo -explica-. Me dijo que su problema era ser Susan Sontag, porque su propio personaje era tan potente que le impedía escribir, que es lo que quería realmente hacer. Se sentía presa de sí misma, yendo de una cena a una presentación y de ahí a una conferencia. Yo le aseguré que la ayudaría, y durante tres meses pasé el día entero junto a ella, empapándome de sus opiniones y su manera de ver la vida. Eso es ser el representante de alguien. Yo tengo una personalidad tan sumamente incolora que me resulta muy fácil asumir el talante de otro. Desde que me dí cuenta de eso, en 1980, me convertí en agente literario y fundé mi agencia. La verdad es que no me ha ido mal del todo."

Y así ha sido. De él se dice que ha cambiado las reglas del juego en beneficio de los autores, a los que defiende, protege y mima como la loba que vela por sus cachorros para que no los ataquen las hienas. Se confiesa un enamorado de la literatura y un coleccionista de talentos ajenos, porque jamás se ha sentido el protagonista de la obra sino un mero intermediario. "No me he hecho rico con esto -continúa-, pero vivo como me gusta vivir y he sabido hacerme respetar, algo fundamental en esta profesión". Wylie, pionero y visionario, es además fundador de Odyssey Editions, un sello dedicado a la publicación digital de grandes clásicos del catálogo de su agencia para ser comercializados en exclusiva a través de Amazon. Lo dicho, un visionario.