Letras

Todas las familias felices

Carlos Fuentes

Joaquín Marco
Publicada
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Carlos Fuentes. Foto: Javi Cotera

Alfaguara. Madrid, 2006. 360 páginas, 19’50 euros

El nuevo libro de Carlos Fuentes (1928) confirma la vigencia de los supervivientes del grupo que el propio autor denominara con deliberada imprecisión "nueva novela". Todas las familias felices es un libro de excelentes relatos enlazados mediante una fórmula seudopoética, próxima al rap, entre el rock hispánico, la descripción narrativa social y la elaboración verbal. En ningún caso pretende adentrarse en lo lírico. Lo descubriremos en la excelente prosa, plena de mexicanismos, de realismo en los diálogos, de acertada oralidad. Pretende Fuentes escapar, aunque no lo logre, de la retórica del relato, huir de la esclavitud de los géneros. Todos los cuentos, algunos de carácter experimental en la construcción o en el lenguaje, responden a la intención de trazar diversos modelos familiares o de convivencia, tras los que descubrimos su visión de un México caótico, urbano o rural, donde prevalece la violencia. La última página, homenaje a Conrad: "Cortodaconrad" se convertirá en la fórmula del conjunto: "la violencia, la violencia", constante sociológica que define esta sociedad.

El libro está dividido en dieciséis relatos, separados por el "coro", como si reiterara el propósito de las tragedias clásicas en las que un figurado pueblo comenta o completa lo que acaece en la escena. En el relato que abre el volumen, "Una familia de tantas", cada personaje viene introducido por su situación familiar: "el padre", "la madre", "la hija", "el hijo". Es, tal vez, uno de los relatos de mayor virulencia social; no sólo porque aparece en él la esquemática figura de Leonardo Barroso, el empresario que humilla a padre e hijo, sino que la figura de la hija le permitirá describir los "reality show" televisivos y hasta las jóvenes desaparecidas en Ciudad Juárez, la confrontación generacional o el papel del bolero -otra de las claves del conjunto-. "El hijo desobediente" se inicia con una frase reveladora: "A veces, mi padre bebía y cantaba canciones cristeras". La guerra de los cristeros (1925-1929) nos introduce en el fanatismo religioso, ya que el padre se propone que sus tres hijos sean sacerdotes. En "Una prima sin gracia" describe, con ecos de Buñuel, los amores de Jesús Aníbal, casado con una hermosa, aristocrática y muy católica mujer, con su prima Valentina, poco agraciada pero fogosa. Se sirve del sueño, de un monólogo interior sin puntuación, fluir libre del lenguaje. No serán éstos los únicos rasgos casi surrealistas. En "La madre del mariachi" advertiremos la enumeración caótica. No falta tampoco la trama de una pareja gay ("The gay divorce"), donde enumera, como hiciera Lorca en su poema, los nombres populares de su condición: "le hace agua la canoa. Le gusta el arroz con popote. Goza con la cocacola hervida". En "Madre dolorosa" se sirve de la fórmula epistolar, simbólica relación entre el asesino de la hija y la madre.

De cada relato puede extraerse una consecuencia moral, pero hay temas comunes: la crítica social, los comportamientos juveniles, el erotismo, el pesimismo de los boleros, los centroamericanos cuya violencia es el fruto de las guerras de El Salvador o Nicaragua... Fuentes busca enlazar lo urbano con lo popular, para ahondar en lo esencial mexicano, porque éste será otro de los temas esenciales del conjunto. "La sierva del padre" relata una anécdota casi naturalista: el cura Benito Mazón vive con su hija en la solitaria falda de un volcán. La aparición de un joven herido alterará la situación. El autor se sirve del impersonal "uno" hasta que se convierte en "yo". De aquí procede la cita de la contraportada y que resume el concepto conflictivo de la familia: "Yo vengo de una familia en que cada miembro dañaba de algún modo a los demás. Luego, arrepentidos, cada uno se dañaba a sí mismo". "El hijo de la estrella" muestra la capacidad de sacrificio y el amor de padre. Porque también la ternura brota en las soledades familiares. No es casual que el último de los coros lleve por título "Coro de las familias salvajes", ni que el último relato, "El padre eterno", plantee el tema de tres hijas obligadas testamentariamente por el padre-símbolo a mantenerse solteras y a acudir durante diez años a visitar su tumba.

Fuentes ofrece diversos modelos de convivencia que entiende como "familia". Su crítica va más allá de las sustanciosas anécdotas y nos sitúa en el eje de una sociedad patriarcal que, como las del resto de Occidente, está sufriendo una gran transformación: brillante y simbólica incursión literaria en una clave de nuestro tiempo.