Image: Sobre la fotografía

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Letras

Sobre la fotografía

Walter Benjamin

Publicada

Walter Benjamin. Foto: Archivo

Ed. y trad. J. Muñoz Millanes. Pre-textos, 2004. 153 págs, 11 euros.

Las ideas de Walter Benjamin (Berlín 1892-Port-Bou, Gerona, 1940) sobre la fotografía son ambiguas, complejas y tornadizas. A pesar de ello su nombre -sobre todo en los 80 y en el mundo anglosajón- no se ha caí-do de la boca de críticos de arte y pensadores de la imagen contemporánea.

Y también a pesar de ello esta nueva traducción de José Muñoz Millanes rehuye la edición crítica y no aporta ni introducción ni las necesarias notas clarificadoras. El libro es una antología de textos que tocan más o menos directamente el asunto. Los fundamentales, ya traducidos por Jesús Aguirre para Taurus, son "Pequeña historia de la fotografía" (1931), "La obra de arte en la época de su reproductibiidad técnica" (1935), de la que se suprime injustificadamente la segunda mitad, y el apartado IX de "Sobre algunos temas de Baudelaire" (1939). En un segundo nivel de relevancia quedarían la inédita "Carta de París", sobre pintura y fotografía y sus condicionamientos tecnológicos, y "Daguerre o los panoramas", que forma parte de París, capital del siglo XIX. Se incluye además algún artículo periodístico, un par de reseñas de libros de fotografía, un interesantísimo fragmento de su inconcluso ensayo sobre Kafka en el que habla mucho sobre la teatralidad de sus escenas y casi nada sobre fotografía, y una recopilación de notas y citas del fichero para La obra de los pasajes, más históricas que críticas. Faltaría El autor como productor (1934), uno de sus textos sobre las artes más politizado.

Benjamin tuvo algunos amigos fotógrafos, como Germaine Krull, y admiró a Sander o a Atget, pero no parece que entendiera gran cosa acerca del lenguaje fotográfico y de la gran transformación que éste experimentaba en su tiempo. Consideraba a la fotografía como poco más que un procedimiento puramente mecánico en el que la creación apenas tenía cabida. Su primera base conceptual fue la del romanticismo alemán (sobre cuya estética escribió una tesis doctoral), entretejida con ideas de origen judaico sobre la belleza velada y secreta. Desde este punto de vista la fotografía, con excepción de los fantasmales daguerrotipos, le parecía pobre, inexpresiva, demasiado directa, y su historia, un proceso de decadencia. El marxismo supuso una represión de sus ideas místicas y el lanzamiento de su famosa teoría de la pérdida del aura de la obra de arte, consecuencia de la popularización de la fotografía y el cine, los medios de las masas. No sabemos, leyendo sus ambivalentes palabras, si para él esta transformación era motivo de alegría o de duelo, y no se termina de establecer esa historia del arte determinada por la historia tecnológica de la que se dan apuntes brillantes. La orientación izquierdista le hace poner por encima de la investigación formal el contenido político, y de los fotógrafos vanguardistas que menciona, sólo destaca a Heartfield y a los autores del fotomontaje dadaísta, por su compromiso antifascista. La fotografía es para él un mal necesario, "destructivo", un arte pobre capaz de vencer la apropiación del arte por parte de la burguesía a través del concepto de aura y sus implicaciones rituales y económicas. No se trataría, en sus palabras, de un enfrentamiento entre el arte y la fotografía, sino entre el arte y la técnica, en el que ésta debía acabar venciendo. Una perspectiva demasiado dura para Benjamin que, en el último texto del libro, renuncia a sus propias proclamas para sumarse al desprecio de Baudelaire hacia la fotografía, ensalzando de nuevo las dulzuras del aura mística.