Marcos Ordóñez

Marcos Ordóñez .

Teatro

En la muerte de Marcos Ordóñez, el mejor crítico de teatro

El periodista y escritor, autor de varias novelas, ensayos sobre teatro y biografías, ha fallecido en Barcelona a los 69 años.

Forjó su autoridad por su estilo literario de fina ironía y excelente capacidad descriptiva.

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Hoy ha fallecido Marcos Ordóñez (Barcelona, 1957) y no creo ofender a nadie si digo que para mí fue el mejor crítico de teatro del periodismo español de este primer cuarto de siglo.

Hacía tiempo que había abandonado la crítica teatral y todas sus otras actividades profesionales como escritor y docente. Su mala salud —sufría demencia con cuerpos de Lewy— lo tenía recluido en una residencia desde hacía un lustro, como a su amada mujer Pepita, a quien dedicó todos sus libros que son numerosos. Su funeral tendrá lugar el próximo miércoles, 23 de septiembre, en el tanatorio Ronda de Dalt, de Barcelona, a las 18.00 horas.

Tras un periplo por las páginas de Cultura de varios diarios y revistas (ABC, El Correo Catalán, Avui) y una intensa actividad editorial con publicaciones de biografías de temática cultural (Gato Pérez, la rumba como ética; La bestia anda suelta: ¡Álex de la Iglesia lo cuenta todo!) y novelas (Rancho aparte, Tarzán en Acapulco, entre muchas otras), Ordóñez aterrizó en El País a comienzos del milenio como crítico teatral de Barcelona. Coincidió entonces con Eduardo Haro Tecglen, que desde Madrid seguía siendo el crítico titular y el más influyente de entonces, y al que acabaría sustituyendo en 2005, cuando este falleció.

Así pues, le tocó vivir los tiempos de la decadencia de la crítica teatral, los de su progresiva ausencia de las páginas de los periódicos.

La digitalización fue una catástrofe para el periodismo impreso tradicional y no solo desde el punto de vista empresarial: los nuevos diarios nativos digitales nos privaron a los críticos del pedestal, y los diarios impresos siguieron su ejemplo, desplazando (cuando no eliminando) las críticas de las secciones de Cultura a los suplementos.

Pero él logró hacerse leer, algo que creía un propósito de todo crítico: cada sábado en el suplemento cultural de El País, Babelia; las últimas que nos dejó son de diciembre de 2021.

Le gustaba el teatro contemporáneo aunque sin excentricidades, y especialmente el de los franceses y seguía la cartelera inglesa con puntualidad. Forjó su autoridad por su envidiable estilo literario de fina ironía y excelente capacidad descriptiva. Siempre me sorprendían sus referencias cinematográficas y literarias, que usaba para dar una idea certera de la interpretación de un actor. Además, transmitía una especial empatía por el mundo del teatro —él mismo se consideraba un miembro más de la comunidad farandulera—.

Tiene libros estupendos. Una muestra del mejor periodismo español que puede leerse es Beberse la vida: Ava Gardner en España (2004), que sirvió a Isaki Lacuesta para su película; o Big Time: la gran vida de Perico Vidal (2014), homenaje a este personaje fascinante de nuestro cine; y Ronda del Café Gijón (2007), biografías de personajes variopintos de la cultura española. Novelas autobiográficas como Un jardín abandonado por los pájaros (2013) y Juegos reunidos (2016).

Y también nos deja algunos títulos sobre teatro y crítica teatral: A pie de obra: escritos sobre teatro (2003); Telón de fondo: Algunas cosas que aprendí en el teatro (2011), así como las biografías que hizo sobre Nuria Espert y Alfredo Landa.