Ane Pikaza y Patxo Telleria. Foto: Hodei Torres

Ane Pikaza y Patxo Telleria. Foto: Hodei Torres

Teatro

'Ni flores, ni funeral, ni cenizas, ni tantán': un peregrinaje por el duelo entre la emoción y el humor

María Goiricelaya presenta en La Abadía este 'road trip' por el Camino de Santiago entre una hija y su padre, enfermo terminal.

Más información: Alberto Conejero y sus 'Tres noches en Ítaca': una tragicomedia sobre las relaciones maternofiliales

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Ningún duelo se parece a otro. Tampoco la enfermedad sacude igual a dos personas. Prueba de que una historia nunca es la misma, María Goiricelaya presenta en Madrid Ni flores, ni funeral, ni cenizas, ni tantán, una obra que, como La última noche con mi hermano de Alfredo Sanzol, apela a nuestra capacidad de acompañar en la enfermedad, de entonar el adiós y lidiar con la muerte.

“Ni flores, ni funeral, ni cenizas, ni tantán” son las últimas palabras que pronunció antes de fallecer el tío de Ane Pikaza, actriz de la pieza y cofundadora, junto a la propia Goiricelaya, de la compañía teatral que la produce, La Dramática Errante.

“Con este título tan precioso y con ese legado tan lúcido y libre empecé a escribir, en las Residencias Dramáticas del CDN, esta historia sobre el buen morir”, cuenta la dramaturga y directora escénica a El Cultural.

Estrenada en 2025 en el Arriaga de Bilbao, la obra, que presenta ahora en Madrid, parte de una especie de road trip entre un padre (Patxo Telleria) y una hija (la propia Pikazo) que, ante el letal diagnóstico de este, deciden aventurarse a realizar el Camino de Santiago.

“El buen morir está muy ligado al buen vivir, a ser capaces de integrar la muerte como parte de la vida”, comenta Goiricelaya. En ese sentido, este espectáculo habla del duelo, la enfermedad y los cuidados paliativos en muchas capas que se van mezclando.

“Damos la espalda a la muerte porque no es productiva, no está ligada a esta cultura del éxito en la que vivimos ahora”. María Goiricelaya

“También hay una reflexión profunda sobre por qué la sociedad le da la espalda a algo tan presente en nuestro día a día. Tal vez porque la muerte no es productiva, no está ligada a esta cultura del éxito en la que vivimos ahora. Si a esto le sumas toda la carga que le han impuesto las religiones y cómo han abordado los rituales de esta etapa final de la vida, se tiñe todo de una oscuridad que provoca miedo”.

Con un planteamiento que oscila entre la emoción y el humor, durante este viaje que padre e hija emprenden, “vemos cómo la muerte suscita también ciertos pensamientos mágicos y nos plantea si somos capaces de aceptarla y rendirnos a su inevitabilidad”.

Ane Pikaza, Patxo Telleria y Loli Astoreka en 'Ni flores, ni funeral...'. Foto: Hodei Torres

Ane Pikaza, Patxo Telleria y Loli Astoreka en 'Ni flores, ni funeral...'. Foto: Hodei Torres

Sobre las tablas una cinta de andar, en la que siempre permanece un peregrino paseando, hace las veces de Camino de Santiago. Las rutas jacobeas se trasladan así al escenario de La Abadía, del 19 de febrero al 8 de marzo, gracias también a varias proyecciones que fueron rodadas en varios lugares con el equipo completo de la obra durante trece días.

El camino es una especie de metáfora de la vida, un viaje donde encontramos personas que arrojan luces y sombras, donde todo te va empujando a destilar la esencia de quién eres, de por qué estás aquí y de cuál es tu propósito para realizar este trayecto. Tiene una parte espiritual y a la vez vitalista. Hay mucha diversión, humanidad y emoción en el sendero”, concluye Goiricelaya, al frente también de las Tres noches en Ítaca de Alberto Conejero, hasta el 8 de marzo en Nave 10 Matadero.