Brian Epstein, los Beatles y la cubierta de la biografía 'Mr. Moonlight', de Philip Norman.

Brian Epstein, los Beatles y la cubierta de la biografía 'Mr. Moonlight', de Philip Norman. Diseño: Rubén Vique

Música

La trágica historia de Brian Epstein, el mánager de The Beatles: ¿accidente, suicidio o asesinado por la mafia?

Una nueva biografía reivindica su importancia en la carrera de la banda y narra su espiral autodestructiva.

La hipótesis del ajuste de cuentas se basa en el testimonio de un jefe criminal del Londres de la época.

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Hay varias personas a las que se ha atribuido la condición de “quinto Beatle”. Están Stuart Sutcliffe, amigo de John Lennon y bajista original de la banda en su época de Hamburgo; Pete Best, batería de la banda antes de la incorporación de Ringo Starr; y Billy Preston, el teclista invitado que tocó con ellos en las sesiones de Let It Be y en el famoso concierto en la azotea de Apple en 1969.

También está Neil Aspinall, su road manager y después director de Apple Corps —la empresa fundada por los Beatles—, quien los acompañó desde los inicios en Liverpool hasta el final de la banda.

Pero los que más suelen aparecer con el apelativo de “quinto Beatle” son George Martin, el productor discográfico que trabajó con ellos en casi todos sus álbumes en EMI/Parlophone, y, sobre todo, Brian Epstein, su mánager, quien los descubrió tocando en el Cavern Club de Liverpool y los transformó de una banda de rock local en un fenómeno mundial, cuidando su imagen y negociando sus contratos.

A este último está dedicado el libro Mr. Moonlight. Brian Epstein y la creación de los Beatles (Libros Cúpula), una biografía escrita por Philip Norman, autor de otros libros sobre los Beatles y sobre varios de sus miembros por separado, así como sobre los Rolling Stones, Buddy Holly, Elton John y Eric Clapton.

Esta nueva biografía ofrece un retrato íntimo, trágico y minuciosamente documentado de Brian Epstein, el hombre que descubrió, moldeó y llevó a la fama mundial a los Beatles, pero que en el camino luchó contra demonios internos, adicciones y prejuicios que terminaron por destruirle.

Nacido en el seno de una próspera familia judía de Liverpool en 1934, Epstein era un comerciante culto, de buenos modales y elegancia impecable que irrumpió en una profesión dominada por la explotación despiadada. A diferencia de otros representantes de la época, que estafaban cada vez que podían a los artistas, Epstein ni siquiera firmó el contrato que vinculaba a los Beatles con él por un periodo de cinco años, dejándoles la puerta abierta a marcharse cuando quisieran.

Como gerente de las tiendas de discos de su familia, NEMS, en Liverpool, Brian comenzó a ver de forma continua el nombre de los Beatles en la revista local Mersey Beat, editada por su amigo Bill Harry.

Los vio tocar por primera vez en el Cavern Club de Liverpool el 9 de noviembre de 1961. Quedó fascinado al instante por el carisma irreverente del grupo y, en particular, por la magnética presencia de John Lennon.

A pesar de no tener experiencia previa como representante, se postuló para ser su mánager, el grupo lo aceptó y firmaron su primer contrato de representación el 24 de enero de 1962. Una de sus afirmaciones más conocidas en aquellos comienzos es que los Beatles llegarían a ser “más grandes que Elvis Presley”. Aunque se rieron de él, solo dos años después ya lo había conseguido.

Epstein, que sacaba entre seis y nueve años de edad a los miembros del grupo, refinó la estética y los modales de los Beatles, haciéndolos apetecibles y aceptables para el gran público. Reemplazó el look de cuero negro del grupo por distinguidos trajes de tweed gris cortados a medida por Beno Dorn, y les enseñó una meticulosa disciplina escénica, como hacer una reverencia coordinada al final de cada concierto.

Los Beatles llegaron a desarrollar una fe ciega y casi infantil en él, llegando a firmar cualquier papel que les pusiera delante sin leerlo.

The Beatles a su llegada al aeropuerto JFK de Nueva York el 7 de febrero de 1964.

The Beatles a su llegada al aeropuerto JFK de Nueva York el 7 de febrero de 1964. United Press International

Enamorado de John Lennon

Norman, en sintonía con lo que popularmente se ha creído, afirma que Epstein “amaba a los Beatles de una manera que la Gran Bretaña de mitad del siglo XX nunca le habría permitido. Pero, con su instinto para tomar decisiones fatalmente erróneas, estaba ‘enamorado’ de John, quien personificaba todas sus fantasías de chico rudo más vergonzosas, con una inteligencia salvaje y un ingenio mordaz añadidos”.

La discográfica Decca convocó el grupo para una audición el día de Año Nuevo de 1962, pero finalmente los rechazó. Brian no se rindió y logró que el productor George Martin, del pequeño sello Parlophone (perteneciente a EMI, la otra major británica de la época), los fichara.

Una de sus primeras tareas importantes fue también muy difícil: expulsar al batería original, Pete Best. Todos los miembros de la banda habían pasado el corte de Martin, menos él. Así fue como Ringo Starr entró en los Beatles.

Otro éxito de Epstein fue la creación de la editorial musical Northern Songs junto a Dick James, que cimentó el imperio comercial de las composiciones de Lennon y McCartney.

Además, Epstein, que tuvo un biopic en 2024 (Midas Man) que aún no se ha estrenado en España, no solo creó el fenómeno de los Beatles, sino que fue el arquitecto del “sonido Mersey” (llamado así por el río que baña Liverpool), descubriendo y representando a otros artistas de la ciudad como Gerry and The Pacemakers, Billy J. Kramer y Cilla Black.

Traumas, pifias y depresión

Sin embargo, tras su fachada de éxito, Brian vivió atormentado. Su infancia y juventud estuvieron marcadas por expulsiones escolares condicionadas por el antisemitismo y por su expulsión del ejército bajo el diagnóstico de "psicológicamente incapacitado", eufemismo militar de la época para vetar a los homosexuales.

En una Gran Bretaña donde el sexo consentido entre hombres era considerado "un acto grave de indecencia" castigado con penas de cárcel, Epstein se vio condenado a una existencia furtiva al anochecer que le costó arrestos, agresiones físicas, robos y chantajes.

Además, para soportar el ritmo frenético de la beatlemanía, se enganchó a las anfetaminas en Hamburgo y cayó en un ciclo autodestructivo de barbitúricos y alcohol.

El libro documenta asimismo los desastrosos errores financieros que asfixiaron a Epstein. Durante la negociación de la película A Hard Day's Night (titulada en España como ¡Qué noche la de aquel día!) con United Artists, Brian aceptó un modesto 7,5% de los beneficios, ignorando que los ejecutivos estaban dispuestos a cederle hasta un 25%.

Otra gran metedura de pata fue delegar la gestión de las licencias de merchandising en Estados Unidos en Nicky Byrne, firmando un ruinoso acuerdo en el que la compañía de este, Seltaeb, se quedaba con el 90% de las ganancias y los Beatles con solo el 10%. Arrepentido por semejante error, Brian intentó cerrar acuerdos paralelos en Londres, lo que provocó una enorme confusión legal que llevó a grandes almacenes como Macy's y J.C. Penney a cancelar pedidos por valor de 78 millones de dólares.

Norman profundiza además en la compleja y dolorosa obsesión emocional de Brian por John Lennon —quien solía someterlo a burlas crueles e insensibles sobre su sexualidad, su fe o su aspecto— y en el viaje a Filipinas de 1966, donde la banda fue agredida tras rechazar involuntariamente una invitación de la primera dama Imelda Marcos, incidente que marcó el inicio de la severa depresión de Epstein.

La decisión de los Beatles de dejar de dar conciertos para centrarse en el trabajo de estudio también fue un factor determinante en su creciente zozobra. Para Brian, el fin de las giras representó un enorme vacío existencial. Se sentía inútil, temía que su contrato de representación no fuera renovado en septiembre de 1967 y sufrió múltiples sobredosis accidentales de barbitúricos que requirieron lavados de estómago e ingresos de urgencia en el hospital psiquiátrico de The Priory, en Londres.

La muerte de su padre, Harry Epstein, en julio de 1967 fue un golpe devastador. En el puente de agosto de 1967 (el Summer bank holiday, que se celebra en el Reino Unido el último lunes de ese mes), tras ser rechazado por un invitado en su casa de campo en Kingsley Hill (Sussex), Brian regresó solo y frustrado a su residencia de Chapel Street, en Londres. Consumió pastillas y se encerró en su habitación.

El domingo 27 de agosto de 1967, al ver que no respondía, su secretaria Joanne Newfield y el mayordomo español Antonio García forzaron la puerta del dormitorio y lo encontraron muerto en pijama, rodeado de correspondencia, un guion de Yellow Submarine y frascos de pastillas.

El forense dictaminó que se trató de una muerte accidental por sobredosis "imprudente" de Carbrital, un barbitúrico para combatir el insomnio. Tenía 32 años.

La hipótesis del asesinato

El núcleo más controvertido del libro aborda las sospechas de que la muerte de Brian Epstein no habría sido una sobredosis accidental, sino un homicidio por encargo.

Cubierta de 'Mr. Moonlight', la biografía de Brian Epstein escrita por Philip Norman.

Cubierta de 'Mr. Moonlight', la biografía de Brian Epstein escrita por Philip Norman. Libros Cúpula

La hipótesis cobra fuerza a raíz de las revelaciones realizadas en 1985 por el gángster Reggie Kray al periodista Peter Trollope desde la prisión de máxima seguridad de Parkhurst.

Reggie y su hermano gemelo Ronnie lideraban "The Firm", la organización criminal más temible de Londres. Los Kray detectaron la vulnerabilidad de Brian e inicialmente intentaron chantajearlo con fotografías comprometedoras de su vida privada homosexual, en una época en que las relaciones entre hombres eran ilegales y podían destruir su carrera.

Posteriormente, diseñaron una estrategia para apoderarse del contrato de representación de los Beatles aprovechando la adicción de Brian al bacará en el Clermont Club de Mayfair. Con la complicidad del dueño del club, John Aspinall, pretendían manipular las partidas para acumularle deudas astronómicas y obligarlo a entregar a la banda como pago.

Al recordar el veredicto oficial de "muerte accidental por sobredosis imprudente", Reggie Kray declaró irónicamente a la prensa: "Es fácil matar a alguien y hacer que parezca una sobredosis".

Kray vinculó el móvil del crimen a las ramificaciones del desastre de Seltaeb. La cancelación masiva de licencias en EE. UU. arruinó a pequeños fabricantes norteamericanos. El estrés provocado por la quiebra causó un infarto mortal a uno de los empresarios, cuyo hijo juró venganza públicamente prometiendo contratar a un asesino a sueldo para eliminar a Brian.

Dada la alianza de los Kray con la mafia estadounidense, el encargo pudo haberse delegado a través de sus redes criminales. Reggie Kray enfatizó: "Pero no fuimos nosotros", insinuando que conocía la identidad de los ejecutores.

Una investigación “chapucera”

A la confesión de Kray se suman serias irregularidades halladas en el lecho de muerte en su residencia del número 24 de la calle Chapel.

El inspector de policía George Howlett reportó durante el examen preliminar que a Brian le salía sangre por la nariz, flujo que aumentó significativamente al mover el cadáver.

El cuerpo fue hallado sobre la cama en pijama de forma inusualmente pulcra, rodeado de correspondencia abierta, el guion de Yellow Submarine, la novela El rabino abierta con un punto de lectura y galletas de chocolate.

Antes de que el fallecimiento se hiciera público, la casa recibió una llamada telefónica preguntando si era cierto que Epstein estaba "muy enfermo".

La investigación oficial fue conducida por el forense Gavin Thurston y el patólogo Donald Teare, criticados por llevar a cabo procedimientos apresurados e incompletos. Fue, en palabras del biógrafo, “un asunto superficial y chapucero”.

La sombra de la tragedia se extendió dieciséis meses después, cuando el abogado de Brian y NEMS, David Jacobs, fue hallado ahorcado en su garaje tras acudir aterrado a la policía afirmando: "Estoy en un lío terrible... Todos me persiguen". Jacobs había sido el responsable directo de gestionar las ruinosas licencias comerciales que desataron el conflicto multimillonario.

Notas de suicidio

Aparte de la hipótesis del asesinato o la versión oficial de la sobredosis accidental, es cierto que Epstein había pensado en suicidarse varias veces. Como se cuenta en el libro, su secretaria, Joanne Newfield, “cumplió con la desagradable labor de vaciar su dormitorio después de que retiraran el cuerpo, encontró dos notas de suicidio, posiblemente dos versiones de la misma, que nunca había llegado a utilizar”.

Esta evidencia fue mantenida en secreto durante décadas a petición expresa de la familia Epstein para evitar el estigma religioso del suicidio en el judaísmo.

El entorno de Epstein siempre negó la teoría del suicidio. Su padre había muerto unos meses antes y, aunque había supuesto un mazazo para él, “nunca habría abandonado a su madre en el momento en que más lo necesitaba”.

Cuando murió, el Sunday People tenía en la nevera una entrevista con Epstein que aún no había publicado. En ella, admitió que seis meses antes había pensado en quitarse la vida por culpa de su depresión. También dijo que, aunque le habría gustado casarse, “las mujeres me parecen vulnerables en el aspecto afectivo de la vida, así que he depositado toda mi confianza en los hombres”. Como escribe Philip Norman, “fue lo más cerca que estuvo de salir del armario”.

El inicio del fin de los Beatles

La muerte de Brian Epstein desintegró la cohesión interna de los Beatles. Al recibir la noticia en Gales, John Lennon afirmó: "Entonces estamos jodidos".

Sin la tutela de "Eppy", la banda se despeñó en el rodaje caótico de Magical Mystery Tour, el descalabro financiero de la empresa Apple Corps y la cruenta disputa por su representación entre Lee Eastman (el futuro suegro de Paul McCartney, al que solo apoyaba él) y Allen Klein, por el que se decantaban los otros tres beatles y que acabó siendo el elegido.

Aquel desencuentro acabó en los tribunales. La única vía legal que encontró Paul McCartney para liberarse del control de Klein y desvincularse de los contratos colectivos del grupo fue demandar a sus tres compañeros ante el Tribunal Superior de Justicia del Reino Unido para disolver formalmente la sociedad de los Beatles. La batalla judicial comenzó a finales de 1970 y no terminaría hasta enero de 1975.

Probablemente nada de eso habría ocurrido sin la muerte de Epstein, el hombre que lo dio todo por sus "chicos" y al que esta biografía de Philip Norman rinde un homenaje definitivo sin ocultar las heridas y los enigmas que aún rodean su figura.