Freddie Mercury durante un concierto.

Freddie Mercury durante un concierto. Archivo/Europa Press

Música

Freddie Mercury cumple 80 años entre la historia de su supuesta hija secreta y el desmentido de Mary Austin

Se publica en España el libro basado en un presunto diario inédito del cantante compuesto por 17 cuadernos.

La exnovia y heredera principal publica sus memorias con letras de canciones manuscritas y otros documentos.

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Freddie Mercury cumpliría hoy 80 años. El cantante de Queen murió joven, a los 45 años, en 1991, por complicaciones derivadas del sida.

La efeméride llega cargada de lanzamientos. El más sonado en el terreno musical es Queen Budapest: el histórico concierto que la banda ofreció el 27 de julio de 1986 en el Népstadion, el primero de un grupo occidental en un estadio tras el Telón de Acero, se estrenará en cines de la mano de Trafalgar Releasing y llegará el 30 de octubre en Blu-ray, DVD y CD.

Además, el Victoria and Albert Museum de Londres inaugura el 24 de octubre Freddie Mercury: Splendid Things, una exposición gratuita con ocho vestuarios icónicos del cantante, siete de ellos cedidos por Mary Austin.

Pero lo que está dando que hablar esta semana son dos libros que reconstruyen, desde ángulos opuestos, la vida privada del cantante. Por un lado, la revelación de una supuesta hija secreta que Mercury habría tenido en 1976 con la mujer de un amigo. Por otro, las memorias de Mary Austin, su gran amor, que por primera vez rompe su silencio.

La 'hija secreta' se dio a conocer simplemente como B. (aunque en algunos medios se la ha llamado “Bibi”), sin salir del anonimato, a través de un libro publicado en 2025 por la principal biógrafa del cantante, Lesley-Ann Jones, que ya había publicado otros libros sobre él.

Portada de 'Love', Freddie', de Lesley-Ann Jones.

Portada de 'Love', Freddie', de Lesley-Ann Jones. Alianza Editorial

El próximo 17 de septiembre, este libro verá la luz en España con el título Love, Freddie: La vida secreta y el gran amor de Freddie Mercury, a través de la editorial Alianza y con traducción de Manuel de la Fuente Soler.

“Freddie Mercury fue y sigue siendo mi padre. Desde que nací hasta que falleció, un periodo total de quince años, tuvimos una relación muy cercana y llena de cariño. Me adoraba, y volcó en mí todo su amor”, explicó B. a Jones en una carta manuscrita que aparece escaneada en el libro.

“Las circunstancias de mi nacimiento pueden considerarse poco comunes, chocantes incluso. Lo entiendo, me parece normal. A él eso no le influyó nunca, jamás se sintió condicionado a la hora de quererme y protegerme. Me veía como un tesoro. Su muerte, como es natural, me dejó destrozada”, aseguraba B.

Un acto de fe

El problema es que no todo el mundo se cree esta historia, ya que las pruebas supuestamente aportadas por B. solo las ha visto la autora del libro. Para más inri, B. falleció en enero de este año.

Esta misma semana, Mary Austin, la exnovia y gran amor platónico de Freddie Mercury hasta el final de su vida, que fue la persona más cercana a él, ha negado en una entrevista concedida a The Guardian haber oído hablar nunca de esta hija secreta.

Eso contradice lo que afirma B. en el libro de Jones: que Austin, “esa mujer excepcional que en la práctica fue su esposa, lo sabía absolutamente todo, incluidos los secretos nunca revelados”.

Entonces, ¿era B. una farsante, se trata todo de una invención de Jones o es que Austin mantiene su lealtad a la promesa que hizo a Mercury de guardar el secreto incluso después de haberse destapado?

Los diarios secretos de Mercury

“Poco antes de fallecer, [Freddie] me entregó unos cuadernos personales que llevaba escribiendo desde 1976, antes de que yo naciera. En ellos narraba, a veces con detalles desgarradores, toda su vida. Estaban escritos de su puño y letra, con bolígrafo, con sus palabras. Me confió a mí, su única hija y familiar más próxima, ese testimonio íntimo, con sus pensamientos, recuerdos y emociones”, explicó B. a Jones.

Foto promocional de Queen, con Freddie Mercury en el centro, en 1975.

Foto promocional de Queen, con Freddie Mercury en el centro, en 1975. Wikimedia Commons

“Fue un regalo que quedó entre nosotros. Quienes convivían con él conocían la existencia de esos cuadernos, pero tras su muerte nadie supo qué había sido de ellos. Hasta ahora, ni sus parientes, ni los miembros de Queen, ni sus amigos más cercanos, ni sus colaboradores ni su equipo tenían la más remota idea de que me los había entregado”.

Esos cuadernos, que Jones tuvo la oportunidad de examinar personalmente en 2023 (siempre según su versión), además de otros documentos como fotos, vídeos domésticos, cartas y recibos bancarios, son las pruebas que B. habría aportado para demostrar que era quien decía ser. No obstante, aunque dio permiso para publicar el contenido de los diarios, aseguraba que jamás vendería los originales ni mostraría en público las fotos privadas de su padre por respeto a su intimidad.

Según Jones, la hija secreta de Mercury vivía en un país europeo junto a su marido y sus hijos, no deseaba hacerse famosa y no cobró nada por toda la información que proporcionó a la biógrafa de su padre.

Los diarios son, de hecho, monumentales: diecisiete cuadernos personales (cuatro de tela azul marino y trece de piel cosida) de 192 páginas cada uno, escritos con bolígrafos corrientes de tinta azul o negra, que suman más de 550.000 palabras redactadas a lo largo de quince años.

La primera anotación data del domingo 20 de junio de 1976. Solo Mary Austin, el padrastro, la madre y la niñera sabían de su existencia. Freddie se los entregó a B. poco antes de morir con la estricta prohibición de leer ciertas partes hasta cumplir los 25 años, para protegerla.

¿Por qué esperó tanto?

Según el libro de Jones, B. guardó silencio durante tres décadas acerca de su condición de hija de Freddie Mercury, pero finalmente decidió dar un paso al frente para acabar con “treinta años de mentiras, especulaciones y rumores”. “Freddie era un hombre extremadamente reservado. Concedía tan pocas entrevistas que se hizo famoso por ello. Y precisamente por eso, después de su muerte, a tantos les resultó sencillo aprovecharse de él. Se han tergiversado sus palabras, se ha reescrito su historia, se han fabricado teorías y versiones que encajaran con la imagen que se quería proyectar, una imagen muy alejada de quien fue realmente. Y se hizo por puro interés y vanidad. Verlo le habría afectado mucho”.

También dijo: “Quienes sabían de mi existencia guardaron el secreto por lealtad a Freddie. Dar a conocerla ahora, en plena madurez, es una decisión exclusivamente mía. Nadie me ha presionado para dar este paso”.

En caso de que todo fuera cierto, el hecho de haber estado batallando contra un cáncer y saber que le quedaba poco tiempo de vida podría ser el factor definitivo que la animó a dar a conocer su historia.

La concepción de B.

Los diarios revelan que la madre de B. (de la que solo sabemos que era francesa) estaba casada con un amigo cercano de Freddie. En la primavera de 1976, mientras el esposo de ella estaba fuera por trabajo y Freddie atravesaba una etapa complicada con su pareja David Minns, ambos iniciaron un romance. Freddie comenzó a escribir los cuadernos al enterarse del embarazo para poner en orden sus pensamientos y planificar el futuro.

A diferencia de otros artistas, Freddie celebró la paternidad con entusiasmo y nunca la vio como un error. Sin embargo, lamentaba que su hija no fuera a nacer en una familia tradicional. Su nombre no se incluyó en la partida de nacimiento de febrero de 1977 porque legalmente figuraba por defecto el marido de la madre, con quien esta siguió casada. Al final, Freddie, la madre y el padrastro acordaron una crianza compartida basada en el respeto y la discreción absoluta.

B. describe con enorme ternura una faceta de Freddie jamás vista en público: el padre paciente que le daba de comer en la trona, le enseñaba a leer sentado a su lado, jugaba a las muñecas, decoraba muñecos de nieve o le deshacía con mimo los nudos del pelo. Le escribía tarjetas firmadas como “papá” o “papi” en las que la llamaba “mi querido trésor”, “mi angelito” o “mi ranita”. Cuando estaba de gira, se llamaban todas las noches sin importar el desfase horario, y antes de partir, repasaban su itinerario en un globo terráqueo.

Borrador manuscrito de la canción 'Bohemian Rhapsody', expuesto antes de la subasta en la que fue vendido por 1,6 millones de euros en Sotheby's Londres.

Borrador manuscrito de la canción 'Bohemian Rhapsody', expuesto antes de la subasta en la que fue vendido por 1,6 millones de euros en Sotheby's Londres. Yui Mok/PA England/GTRES

Supuestamente, “Don’t Try So Hard” estaría dedicada a B. Esta canción de su último álbum en vida, Innuendo, habría sido escrita por Freddie específicamente como un mensaje final de amor y tranquilidad para su hija.

Recordemos, una vez más, que todo esto es lo que relata Jones basándose en los supuestos testimonios de B. y en los supuestos diarios secretos de Mercury que nadie más ha podido ver.

Abusos sexuales

Una de las grandes revelaciones del libro son los abusos sexuales que Freddie Mercury habría sufrido a los 14 años, cuando estudiaba en el internado St. Peter’s de Panchgani (India).

Según lo que se cuenta en Love, Freddie, el abuso habría comenzado a principios de 1961. Un día, uno de los profesores del internado lo sorprendió masturbándose en grupo con otros compañeros. Bajo ese pretexto, el docente se lo llevó a su habitación privada con el único propósito de abusar sexualmente de él. Los abusos se prolongaron de manera habitual durante meses hasta que terminó el curso escolar, momento en el que el profesor abandonó repentinamente el colegio.

Freddie se sintió incapaz de confesarle lo ocurrido a nadie por vergüenza, aunque en su fuero interno tenía la dolorosa certeza de que todos en el internado estaban al tanto de la situación, lo que agudizó el acoso y las mofas por parte de sus compañeros, que ya se metían con él a causa de su prominente dentadura y su afeminamiento.

Su hija B. señala en los diarios que este traumático episodio le arrebató a su padre algo irrecuperable de por vida: su facilidad innata para la conexión emocional con los demás, dejándole una profunda huella de soledad y desamparo crónicos.

Otras revelaciones del libro

Según el libro de Jones, las supuestas “convulsiones” que sufría Mercury en su etapa avanzada de la enfermedad eran en realidad ataques de pánico que padecía desde la adolescencia.

El libro afirma que el test de VIH de Freddie a finales de 1985 dio un falso negativo, lo que retrasó las precauciones con sus parejas. El diagnóstico real y confirmado por escrito llegó en 1987 y derivó en sida en 1989. Freddie decidió suspender los tratamientos agresivos de monoterapia (como el AZT) al final de su vida para poder morir en paz.

En los cuadernos, Freddie deja claro que Mary Austin fue su único amor, su esposa de hecho y su alma gemela. Aunque de cara al exterior fingieron una separación a finales de 1977 para protegerla del escrutinio por la promiscuidad de él, en privado nunca se separaron y mantuvieron una convivencia íntima y un pacto afectivo hasta el final.

El único hombre al que Freddie llegó a amar realmente, según los diarios, fue a su asistente y cocinero Joe Fannelli. Con él mantuvo una relación serena y de total confianza, y fue una de las pocas personas que conocía la existencia de su hija.

Al contrario de la imagen de “compañero de vida” o “esposo” que se ha proyectado, Freddie describe a Jim Hutton en sus diarios como un recurso físico cómodo, un “chapero particular” en una época en la que la promiscuidad era peligrosa por el sida. Su relación sentimental terminó realmente en 1989 debido a constantes peleas e infidelidades, y Hutton se quedó en Garden Lodge únicamente trabajando como jardinero porque Freddie temía que vendiera información a la prensa si lo echaba.

Los diarios confirmarían que sí existió una relación sexual con la actriz alemana Barbara Valentin (de hecho, el libro insiste una y otra vez en que era bisexual, no gay), a quien Freddie utilizaba en parte para equilibrar sus celos por la relación que Mary Austin tenía con el músico Jo Burt. El libro detalla la maniobra que Mercury orquestó para separarlos: contrató a Burt como bajista de su disco en solitario Mr Bad Guy, provocando discusiones con él que acabaron por enfriar y destruir la relación que tenía con Mary.

El gran amor de Freddie

Mary Austin y Freddie Mercury se conocieron en el verano de 1969 y en pocos meses ya vivían juntos. Estuvieron a punto de casarse en los años 70, hasta que él le confesó su bisexualidad. Aun así, mantuvieron una estrecha relación sentimental, aunque ya sin sexo, durante toda su vida. Y fue la heredera principal del cantante.

El testimonio de B., muy elogioso hacia ella, desmiente categóricamente que la relación del cantante con Mary Austin fuera una simple “tapadera” o que se hubiera diluido tras revelar su bisexualidad. En privado, nunca se separaron y mantuvieron una convivencia íntima y afectiva de por vida, durmiendo juntos con frecuencia en el apartamento que él compró para ella en Phillimore Gardens, en Kensington (Londres).

Según los diarios, en la Navidad de 1973, Freddie le propuso matrimonio a Mary con un anillo de escarabajo de jade que, bajo la tradición parsi, hacía el acuerdo matrimonial pukka (efectivo y real). Freddie siempre se sintió su marido de hecho y consideraba que Garden Lodge (la casa que compró en Kensington en 1980) pertenecía a ambos por igual.

El libro de Mary Austin

Mary Austin acaba de publicar su propio libro esta semana en el Reino Unido. Se titula Freddie Mercury: A Life in Lyrics, y también se basa en material de archivo: las páginas en las que Mercury escribió a mano las letras de sus canciones, además de fotografías y los comentarios de Austin acerca del origen de las canciones y la relación entre estas, Mercury y ella misma.

Doble página de la edición británica de 'Freddie Mercury: A Life in Lyrics', de Mary Austin. A la derecha, la página en la que Mercury hizo anotaciones para las armonías vocales de 'Love of My Life'.

Doble página de la edición británica de 'Freddie Mercury: A Life in Lyrics', de Mary Austin. A la derecha, la página en la que Mercury hizo anotaciones para las armonías vocales de 'Love of My Life'. Harper Collins

La edición británica, de 320 páginas, la publica HarperCollins y llegó a las librerías el 1 de septiembre; en Francia se publicará el 10 de septiembre a través de Michel Lafon. De momento no hay fecha ni editorial confirmadas para una edición en español.

En una entrevista concedida esta semana a The Guardian, Austin explica que estos documentos estaban en unos baúles con recuerdos de Mercury que nunca había tenido fuerzas para revisar. Lo hizo finalmente cuando decidió subastar el legado del cantante en Sotheby’s.

La subasta se celebró en 2023, y ganó 40 millones de libras, por lo que fue muy criticada por los fans del cantante. Kashmira, la hermana de Mercury, dijo haber gastado 3 millones de libras anónimamente para quedarse con algunos recuerdos y evitar que salieran de la familia.

Es en esa entrevista donde Austin, preguntada por la supuesta hija secreta del amor de su vida, contesta: “Nunca me contó que tuviera una hija, y no me lo puedo imaginar guardándose ese secreto”. Por tanto, creer en la veracidad de esta historia es un acto de fe en el rigor profesional de la biógrafa Lesley-Ann Jones, ya que los documentos originales, en caso de existir, nunca serán publicados.

La propia B. aborda en sus escritos la sospecha de que la gente piense que su historia es un montaje. Sin embargo, argumenta que una farsa no tendría ningún sentido para ella, ya que se ha negado a abrir la “caja de Pandora” mediática. Ella no buscaba dinero, fama ni reconocimiento público. Continuó viviendo en el más estricto anonimato en otro país y dejó claro que jamás vendería ni subastaría las pertenencias de su padre, teniendo incluso el derecho legal de destruir los diarios si su privacidad se veía amenazada.

Además, como prueba definitiva para convencer a quienes dudan de su identidad, B. revela un detalle físico extremadamente íntimo: una mancha minúscula que Freddie tenía en la cara, justo debajo del ojo izquierdo. Esta marca era distinta de las cicatrices de boxeo de su pómulo derecho y solo se distinguía si se estaba extremadamente cerca de él, con la cara pegada a la suya, por lo que sería imposible conocer este detalle si no fuera su hija. Sin embargo, no hay constancia de que alguien más haya hablado alguna vez de esa marca en el rostro de Freddie, por lo que es imposible saber si es cierto.