Un concierto en la neocueva de Altamira.

Un concierto en la neocueva de Altamira. Encuentro de Música y Academia de Santander.

Música

El futuro de la música clásica se da cita en el Encuentro de Música y Academia de Santander

Un verano más, el festival reúne a maestros y estudiantes de todo el mundo en un evento que apuesta por revitalizar la música clásica abriéndola a todo tipo de públicos.

El pianista húngaro György Kurtág fue homenajeado por su centenario.

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Tres celebraciones se han solapado durante las últimas semanas de julio en Santander. Por un lado, la semana grande de la ciudad, incluyendo las fiestas de la Magdalena con el festival Magdalena en Vivo. Por otro, los festejos por la victoria en el mundial de fútbol de la selección española ante Argentina. Y finalmente, la 25.ª edición del Encuentro de Música y Academia, que, un año más, ha ocupado casi todo el mes con música, espíritu joven y gran acogida por parte de la ciudadanía.

Con este encuentro, Santander se convierte cada verano en uno de los epicentros más importantes de la música clásica en toda Europa. La cita reúne en cada convocatoria a algunos de los mejores jóvenes intérpretes del mundo con grandes maestros de prestigio internacional que, en muchos casos, son el principal atractivo para que estos participantes se sumen a la iniciativa.

Así, el encuentro no es un festival de música más. Impulsado por la Escuela Superior de Música Reina Sofía y la Fundación Albéniz, con la pianista y mecenas Paloma O’Shea a la cabeza, el evento combina la excelencia pedagógica con una intensa programación musical que recoge cerca de medio centenar de conciertos por toda Cantabria.

Un instante del concierto en el Centro Botín.

Un instante del concierto en el Centro Botín. Encuentro de Música y Academia de Santander.

Durante tres semanas, los músicos trabajan codo con codo en clases magistrales, ensayos y proyectos de cámara con los participantes, convirtiendo esa combinación entre convivencia y trabajo duro en actuaciones vivas, reflejo de un proceso creativo compartido y dando un ambiente cooperativo en el que la experiencia de los maestros entra en diálogo con el talento emergente de una nueva generación de artistas.

Este festival, con su modelo mixto entre academia y dedicación a la música, se ha convertido con el pasar de los años en todo un acontecimiento para el ámbito de la música clásica, acercando estos estilos a nuevos y diversos públicos y situando a la comunidad en el mapa internacional, atrayendo a 62 estudiantes de todo el mundo y a 13 profesores.

En esta selección de maestros se cuentan nombres como el de Nora Chastain, Zakhar Bron, Mihaela Martin (los tres de violín), Maxim Rysanov (viola), Frans Helmerson (violonchelo), Paolo Taballione (flauta), Christoph Hartmann (oboe), Matthew Hunt (clarinete), Amy Harman (fagot), Radovan Vlatkovic (trompa), Bernarda Fink (canto), Jaime Martín (orquesta) y Péter Nagy (piano).

Peter Nagy y Félix Kehr interpretando juntos en el concierto en el Centro Botín.

Peter Nagy y Félix Kehr interpretando juntos en el concierto en el Centro Botín. Encuentro de Música y Academia de Santander.

Este último, precisamente, fue protagonista en uno de los conciertos de los últimos días del festival, celebrado la noche del lunes 20 en un escenario tan impresionante como el del centro Botín de Santander. El programa servía como homenaje (una celebración más) del centenario del pianista húngaro György Kurtág, que cumplió los 100 años el pasado febrero y, aunque no pudo estar presente en el festival, sí que envió un cálido mensaje para la inauguración de este.

En el concierto, Nagy, acompañado por varios estudiantes, interpretó varias piezas tanto de Kurtág como de algunos autores con los que el húngaro guarda relación ya sea de forma personal (su amigo György Ligeti), o a través de influencias que superan tiempo y espacio (Schubert). Sorprende ver la soltura de los participantes del encuentro, chicos y chicas en edad de formación que se muestran completamente relajados y libres sobre el escenario, pudiendo compartirlo con sus maestros.

En ese sentido, destacaron las piezas que Nagy interpretó a cuatro manos junto a los participantes Felix Kehr, estudiante alemán del máster de pedagogía musical en la Hochschule für Musik de Basilea con 28 años, y Nicolás Flores, madrileño de 22 años que estudia en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid. Estas interpretaciones tan unidas físicamente son una clarísima muestra de la cercanía que destila este festival, que lo convierte en un punto clave de su propuesta.

Peter Nagy en una clase.

Peter Nagy en una clase. Encuentro de Música y Academia de Santander.

El propio Nagy, entrevistado para El Cultural, resalta que “poder tener varios días para conocerlos y trabajar con ellos da lugar a conciertos de mayor calidad. Es diferente llegar a un ensayo o un concierto si antes habéis podido entablar una relación y discutir la obra”.

Para ello, en sus clases Nagy trata de ser “un espejo”, sin confrontar, pero tratando de provocar a los estudiantes y darles nuevas perspectivas sobre su trabajo mientras les anima a utilizar su libertad para llevarla a su interpretación. De la misma manera, él mismo siente que ha aprendido de los alumnos. “El aprendizaje es en las dos direcciones. Para un profesor es muy importante estar siempre abierto y encontrar nuevos enfoques”.

El concierto también tuvo espacio para la presentación de Campanes al Vespre, una nueva obra de Òscar Colomina i Bosch, compositor y Decano de la Escuela Superior de Música Reina Sofía, que fue encargada por Paloma O’Shea y vivió su estreno mundial esa noche. Con la obra, tocada al piano por Félix Kehr, el músico establece una relación con Kurtág, pero también con compositores como Palau, Montsalvatge y Mompou, al tiempo que utiliza gestos y materiales sonoros recurrentes en su obra para crear “una meditación sobre el Madrid de los anocheceres de invierno, cuando el paisaje sonoro adquiere una cualidad reflexiva y casi introspectiva”, según explicó en una presentación previa al concierto.

Cristoph Hartmann en una clase.

Cristoph Hartmann en una clase. Encuentro de Música y Academia de Santander.

Esta presentación habla mucho de la importancia de este señalado evento. En esa línea, el profesor de oboe Christoph Hartmann cuenta a El Cultural cómo el festival también actúa como espacio de encuentro (nunca mejor dicho) entre músicos. “Aquí pueden encontrar conexiones, compartir ideas, conocer gente. Eso es lo que puede impulsarles.” Para el maestro alemán, la organización juega un papel fundamental en este proceso: “Si encuentran a un estudiante excelente, les ayudan, y si tienen suerte los pueden escuchar las personas correctas e invitarles a otros festivales y conciertos”.

Lógicamente, los dos profesores coinciden en que hay muchos más componentes, desde lo psicológico hasta las posibilidades económicas pasando por la pura suerte, pero que empezar por un festival como el Encuentro de Santander es un primer gran paso.

Las posibilidades de estas conexiones se reflejan muy claramente en las procedencias de los profesores y participantes. Esta apertura es fundamental para el festival y una de las cosas que más valoran los participantes. Uno de los estudiantes, el clarinetista conquense Carlos Viñas, cuenta que estas relaciones son muy valiosas tanto a nivel personal como profesional. “Todos partimos de una pasión que es la música, pero tenemos diferentes pasados, experiencias y maneras de entender el arte. Lo mejor de todo es poder hacer todo esto juntos, es algo que nos aporta mucho”.

Imagen de un concierto celebrado en la neocueva de Altamira.

Imagen de un concierto celebrado en la neocueva de Altamira. Encuentro de Música y Academia de Santander.

Pero, pese a esta vocación internacional, el festival no deja de lado su dimensión local. Por el contrario, el encuentro organiza conciertos en muchas localidades cántabras, desde el imponente palacio de festivales de la capital hasta la “neocueva” de Altamira, recreación del enclave natural a apenas un par de kilómetros de Santillana del Mar. Así, el festival se abre a que todo el mundo pueda disfrutar de la música clásica, fortaleciendo la comunidad y encarando un reto que tiene desde hace tiempo: que la gente joven se enganche y pueda revitalizar el género.

Este futuro está siempre en la mente de la organización, obviamente a base de acercar a los mejores músicos jóvenes de Europa, pero también tratando de mejorar su gestión, actividades y elenco de profesores año a año. Según cuentan los directores artísticos Luis Fernando Pérez y Marta Gulyás, esta edición ha alcanzado el récord de solicitudes, con hasta 484 jóvenes candidatos.

Este ha sido el segundo año en el que han sido directores, y explican que han querido ir introduciendo pequeños cambios que hicieran progresar la experiencia de este festival, siendo consecuentes con el trabajo del primer año en esta nueva edición. “Cuando llegamos el año pasado, necesitábamos experimentar desde dentro qué era el encuentro, conocerlo bien y observarlo”, afirma Luis Fernando Pérez.

Marta Gulyas, co-directora creativa del festival.

Marta Gulyas, co-directora creativa del festival. Encuentro de Música y Academia de Santander.

Los directores están trabajando ya “no solo en el siguiente año, sino en 2028 también”. Y, aunque reconocen que aún es pronto para hacer balance, sí que recuerdan que el año que viene se celebran 200 años de la muerte de Beethoven, dejando caer la importancia que tendrá en la programación del curso que viene.

Lo que sí podemos afirmar es que su trabajo ya está dando frutos. Una anécdota de una de las participantes del encuentro lo refleja bien. En uno de los conciertos, un niño de apenas 5 o 6 años, ilusionado por ver la música en directo, agarraba un ukelele y lo posaba en su cuello haciendo como si fuera un violín. Iniciativas como estas son las que van poco a poco sembrando la semilla del amor por la música clásica en nuevos públicos. Otro motivo para celebrar.