Montserrat Torrent, en una imagen de archivo. Foto: CNDM

Montserrat Torrent, en una imagen de archivo. Foto: CNDM

Música

La organista Montserrat Torrent cumple 100 años: "Perder el oído fue duro, pero en mi interior lo oigo todo"

La intérprete, que sigue en activo a pesar de haber perdido la audición hace décadas, ha recibido varios homenajes por su centenario y tocará el próximo sábado en el Auditorio Nacional.

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Montserrat Torrent acaba de cumplir cien años el 17 de abril, pero sigue hablando del órgano con la misma mezcla de rigor, exigencia y fervor con la que ha construido una de las trayectorias más admiradas de la música española.

La organista barcelonesa, que perdió la audición hace décadas y aun así continúa en activo, recibe estos días varios homenajes en su ciudad natal y en Madrid, donde el sábado 25 de abril tocará en el ciclo Bach Vermut del Centro Nacional de Difusión Musical, en el Auditorio Nacional.

Su centenario ha convertido su figura en motivo de celebración para intérpretes, alumnos y melómanos, pero también en una ocasión para reivindicar el órgano como instrumento de gran repertorio y enorme exigencia artística.

En esta conversación, Torrent repasa una vida marcada por la guerra civil, la formación musical, la pérdida del oído, la disciplina diaria y la fidelidad absoluta a Bach (su obra no le deja dudas: "el cielo existe") y a la música, a la que ha servido infatigablemente durante toda su vida.

Pregunta. Su 100.º cumpleaños no es solo un acontecimiento vital para usted, sino motivo de celebración para todos los melómanos y una conmemoración oficial con varios actos organizados para homenajearla. ¿Con qué ánimo está recibiendo usted estas merecidas atenciones?

Respuesta. El ánimo está muy alterado. Evidentemente no puedo ocultar mi agradecimiento, pero me hubiera gustado más que pasase inadvertido. Me gustará mucho más si este sobresalto sirve para que el órgano, los organeros y los organistas puedan ocupar un lugar preferente en la sociedad. Hay que fomentar que, además de litúrgico, es un instrumento con un rico e interesante repertorio que no podría interpretar ni aunque viviera más centenarios.

"A los alumnos les pido que sean perseverantes en el estudio. Constancia diaria, no vale un día de plena dedicación y cinco de pausa"

P. Este sábado usted misma participa en el concierto de homenaje que se celebrará en el Auditorio Nacional. ¿Cómo afronta este compromiso?

R. Con mucho respeto, y por qué no, con temor a que la emoción impida un toque seguro. Son espacios que imponen de por sí, y si además se añade la tilde de homenaje me supone alcanzar unos nervios que ni en mis primeros conciertos noté. Creo que la responsabilidad tiene que asomarse en todas las interpretaciones, no hay que ceder nunca al conformismo. Exigencia, estudio y concentración. El público tiene que sentirse a gusto y, a poder ser, que sus sentimientos afloren desde lo más íntimo.

P. Según el programa, tocará la pieza de órgano BWV 572 de Bach, una obra en sol mayor que empieza con un aire muy alegre y continúa con mucha solemnidad. ¿Por qué ha elegido esta pieza?

R. Siempre me ha atraído esta obra. Es un claro alegato a la vida, juventud, madurez y vejez. La he interpretado muchas veces y es capaz de atraerme con fascinación. Pero le puedo anticipar que definitivamente interpretaré la Pastoral en fa mayor BWV 590. Me da sosiego y, en estos momentos de tanto ir y venir del centenario, me permite ofrecer una interpretación más pausada e introspectiva.

P. También dará una clase magistral. ¿Cuál es su mejor consejo para los alumnos?

R. Creo que existen problemas logísticos ajenos a la organización y en estos momentos es casi imposible que la clase magistral se pueda realizar. Me sabe mal, pero espero que aun estemos a tiempo en poder llevarla a cabo. A los alumnos les pido que sean perseverantes en el estudio. Constancia diaria, no vale un día de plena dedicación y cinco de pausa. Que intenten comprender la obra y sus circunstancias. Que no quieran sobreinterpretar. Hay que tener un respeto al autor y su obra.

Órgano del Auditorio Nacional de Madrid, construido por Gerhard Grenzing. Foto: Grenzing.com

Órgano del Auditorio Nacional de Madrid, construido por Gerhard Grenzing. Foto: Grenzing.com

P. Echando la vista atrás, ¿cuáles han sido los grandes acontecimientos que han marcado su vida?

R. La pérdida del oído: para las personas perder un sentido es grave pero para un músico es muy duro; la finalización de mi carrera de piano, en la Escuela Municipal de Música de Barcelona; la guerra civil, y la condición más triste de la longevidad: los allegados pierden su vida. Cada vez sientes más la soledad.

"Madrugo y a las 5:30 ya estoy estudiando en mi órgano unas dos horas, descanso y me premio con un bombón"

P. Usted se formó originalmente como pianista. ¿Qué le hizo pasarse al órgano?

R. La vida es circunstancial, y para que me fijase en el órgano tuvo que acontecer la guerra civil, que mi familia y yo nos viésemos obligados a salir de Barcelona y deparar en casa de familiares de varios pueblos: Tona, Dosrius y, finalmente, Santa Coloma de Farners. Aquí íbamos con mi hermana Núria a la iglesia y la señora que acompañaba la liturgia con el órgano nos dijo que podíamos utilizarlo.

»Evidentemente interpretábamos obras que no eran idóneas para el instrumento, teníamos formación pianística, pero me prometí a mí misma que el siguiente verano lo haría sonar en condiciones, así que me matriculé para estudiarlo desde el punto de vista de aficionada. En mi camino se cruzó el profesor Paul Franck, que me dijo que para aficionados no podía perder su tiempo. Le prometí que no era ese mi deseo, aunque no era cierto... Y el factor definitivo fue que el verano siguiente oí en Santa Coloma de Farners al cardenal Jubany interpretando a Johann Sebastian Bach.

P. ¿Quiénes fueron sus maestros más importantes?

R. Mi madre, Angela Serra, fue la que me inculcó los primeros pasos. Frank Marshall, perfeccionamiento, estricto y transmisor de la técnica pianística, la pulsación y la utilización del pedal. Paul Franck, mi primer gran profesor en el mundo del órgano. Fue una intensa y difícil relación. Ahora le estoy muy agradecida, creo que mi carrera organística sin su severidad no hubiese fructificado. Helmuth Rilling me introdujo en el mundo de Johann Sebastian Bach, y también me abrió mi carrera profesional invitándome a acceder a grabaciones y conciertos.

Montserrat Torrent, en una imagen de archivo. Foto: Juan Miguel Morales López

Montserrat Torrent, en una imagen de archivo. Foto: Juan Miguel Morales López

P. ¿Quién ha sido el compositor de su vida? ¿A cuál ha dedicado más horas de estudio y por qué?

R. Johann Sebastian Bach, por su inmensidad transcendente. Estudio y satisfacción espiritual. El cielo existe. Y Francisco Correa de Arauxo, porque es humano. Investigación y estudio. Su música está llena de sorpresas, tranquilidad y sobresaltos, emociones y sentimientos.

P. Dedicarse a la música exige un enorme compromiso y muchos sacrificios, es una misión casi sagrada para la que hace falta una vocación férrea. ¿Usted siente que se ha perdido cosas por dedicarse a ello, o todo lo contrario?

R. Nunca he tenido la sensación de renuncia. Ha sido una vida plena y completa. No he tenido tiempo para pensar en dudas transcendentales, repetiría todos mis pasos. La música ha sido y es mi fiel compañera, me consuela en horas bajas y me alegra en los buenos momentos. Siempre está presente, nunca me ha rechazado.

P. ¿Cómo es su rutina diaria actualmente? ¿Cuánto practica y a qué horas?

R. Madrugo, a las 5:00 me levanto, y a las 5:30 ya estoy estudiando en mi órgano unas dos horas, descanso y me premio con un bombón. Aseo, desayuno y correspondencia. Retorno al estudio durante una hora, aquí combino el piano y el órgano. Almuerzo y una siesta. Una hora o más, si asoma un concierto. Lectura de periódico y libros y más correspondencia.

Montserrat Torrent. Foto: Juan Miguel Morales López

Montserrat Torrent. Foto: Juan Miguel Morales López

P. A la hora de tocar piezas complejas es imprescindible tener una buena memoria y una buena capacidad de concentración. ¿Siguen intactas en usted?

R. La capacidad de concentración la tengo intacta. Para mí es primordial poder estar tranquila y sin que nadie me moleste antes de iniciar un concierto. La memoria sí que la estoy perdiendo. Cuando era joven tocaba sin tener la partitura. En la actualidad es condición sine qua non.

P. ¿Cuándo perdió la audición y de qué manera ha condicionado su manera de tocar desde entonces? ¿Cómo logró adaptarse emocionalmente a esa pérdida?

R. Fue un golpe muy duro y me costó mucho rehacerme. Al ser una pérdida progresiva, creo que me iba mentalizando de mi destino: la alta sonoridad en la consola del órgano, los aviones con sus aterrizajes… Pero tengo una escucha interior para la música, adquirida por el estudio en silencio y atendiendo al discurrir de las voces en sentido horizontal. Lo oigo todo.

P. Ahora que no puede oír música nueva, ¿al leer una partitura por primera vez es capaz de oírla en su cabeza?

R. Por supuesto que sí. La lectura de la partitura y su comprensión no tiene nada que ver con mi falta auditiva. Las notas tienen su sonido y mi cabeza aún está en condiciones.

P. En los conciertos de Barcelona y Madrid tocan varios músicos de distintos países para rendirle homenaje a usted. ¿Qué relación ha tenido con ellos? ¿Muchos de ellos han sido alumnos suyos?

R. Una relación pedagógica, de amistad y/o profesional. No estarán todos los que se lo merecen, algunos por compromisos profesionales, otros por problemas burocráticos, y porque el homenaje debe tener una duración razonable. Sí que aprovecho para explicitar a los que no han podido venir que los aprecio a todos.

P. Después de una vida entera dedicada a la música, ¿qué legado cree que ha dejado a las siguientes generaciones?

R. Que hay que perseverar, la música exige mucho, pero te responde con generosidad y satisfacción. Hay que servirla y no utilizarla. Fidelidad al autor y su obra. Estudio e investigación. Constancia y no dejarse llevar por la monotonía. No dejarse vencer por las vicisitudes que conlleva la vida. No hay que rendirse.