Los integrantes de 091: Jacinto Ríos, José Ignacio Lapido, José Antonio García y Tacho González. Foto: Gustaff Choos

Los integrantes de 091: Jacinto Ríos, José Ignacio Lapido, José Antonio García y Tacho González. Foto: Gustaff Choos

Música

091, emblema del rock español: "Este nuevo disco es el culmen de nuestro sonido"

La banda de José Ignacio Lapido y José Antonio García, fundada en los 80, regresa con el álbum 'Espejismo nº 9' y una gira nacional que arrancará este jueves en su Granada natal.

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Para cientos de miles de personas, 091 no es solo el número de la policía nacional; también el de una banda legendaria del rock español y toda una institución en su Granada natal. Fundada a principios de los 80 y marcada por la influencia y la amistad de Joe Strummer de The Clash, esta banda de culto sobrevivió a los vaivenes de la industria, a los cambios de moda y a su propia desaparición en 1996.

La banda, que en sus comienzos contó también con Antonio Arias antes de marcharse para fundar Lagartija Nick, volvió a la actividad en 2016 tras un parón de 20 años para comprobar que allí seguían sus seguidores de siempre esperando su regreso y nuevas hornadas de aficionados que nunca los habían podido escuchar en directo.

Este 2026 han publicado su noveno disco de estudio, Espejismo n.º 9, con la producción de Raúl Bernal, donde confluyen todas las influencias y experiencias acumuladas durante cuatro décadas.

El 9 de abril comenzarán con dos fechas en Granada una gira que también les llevará a Sevilla, Valencia, Murcia, Bilbao, Barcelona, Santiago, Gijón y Almería. También regresarán a Madrid, donde actuaron en febrero, en una fecha aún por confirmar.

Con José Ignacio Lapido a la guitarra y a cargo de la composición de las canciones, la voz inconfundible de José Antonio García y la maquinaria rítmica engrasada (Tacho González a la batería y Jacinto Ríos al bajo), el grupo se asoma de nuevo al abismo de la actualidad con la serenidad de quien ya ha visto caer unas cuantas épocas y, aun así, sigue encontrando motivos para enchufar los amplis y echarse a la carretera.

Pregunta. ¿Cómo definirían este álbum en cuanto a música y temas que abordan en las letras?

José Ignacio Lapido. Nadie se mete en el rock por una vocación literaria, pero una vez que te cuelgas la guitarra tienes que cantar algo, y yo siempre le he dedicado el mismo tiempo a la letra que a la música, ya que mi influencia han sido artistas como los Beatles, John Lennon, Lou Reed, Bob Dylan… Las letras de este disco son el resultado de un larguísimo proceso de acumulación de experiencia musical, lecturas y vivencias, y tratan los temas clásicos que siempre han tratado la música y la literatura.

Tacho González. Un amigo mío lo definió como una crónica literaria y social del tiempo en que vivimos. Como en todas las letras de José Ignacio, muchas canciones hablan de la dualidad entre lo real y lo virtual o lo irreal, algo muy acorde con el espíritu de nuestro tiempo. Y otro amigo me decía que este disco suena como un crisol de la historia del rock and roll, como si hubiéramos acrisolado, fundido y expuesto nuestras influencias de todos estos años.

Jacinto Ríos. Nuestros discos nunca son conceptuales, sino colecciones de canciones.

José Antonio García. Sí, es un abanico de canciones: hay lentas, rápidas, cañeras, medios tiempos… En ese sentido tiene todos los ingredientes de un disco de 091.

Los integrantes de 091: Jacinto Ríos, José Ignacio Lapido, José Antonio García y Tacho González. Foto: Gustaff Choos

Los integrantes de 091: Jacinto Ríos, José Ignacio Lapido, José Antonio García y Tacho González. Foto: Gustaff Choos

P. ¿Qué opinan de sus primeros discos y qué opinarían los 091 de los años 80 de este nuevo disco?

T. G. Lo primero es más fácil que lo segundo. Imagino que cada uno tiene sus gustos, pero para mí hay tres o cuatro discos, a partir de Doce canciones sin piedad (1989), con una personalidad propia que es el estilo que la gente reconoce de los 091. Los tres discos anteriores, que son muy diferentes entre sí, allanaron el camino hasta llegar a la producción de los siguientes. Cementerio de automóviles (1984) tiene su gracia, pero se nota que es un primer disco. Al que nos produjo Joe Strummer, Más de cien lobos (1986), le faltaba un hervor, y Debajo de las piedras (1988) me gusta mucho pero no tuvo una producción que nos definiera.

J. R. Tengo clarísimo que, si nos hubieran enseñado este disco hace 30 años, habríamos flipado con la calidad del sonido.

J. I. L. Estos ejercicios espaciotemporales son difíciles de afrontar. A mí si me dicen en el año 1982, que es cuando empezamos, “escucha este disco que vais a grabar en 2026”, lo que me habría parecido una locura no es ya el sonido, sino que estuviésemos aún grabando discos y dedicándonos a la música. Cuando empezamos no teníamos un plan B, era todo o nada, íbamos a por todas. Nunca fuimos un grupo con un éxito de masas, pero hemos podido dedicarnos a esto todo este tiempo y cuando empiezas con 18 o 20 años no piensas que eso sea posible. Ya el año 2000 sonaba a futuro lejano, pensábamos que iríamos todos vestidos con monos brillantes y viajaríamos en taxis aerotransportados.

J. A. G. Siempre hemos tenido una lucha con la producción de nuestros discos, porque las compañías siempre querían que sonáramos como el grupo de moda de cada momento, pero nosotros queríamos plasmar el sonido que teníamos en directo, y hasta Doce canciones sin piedad no conseguimos acercarnos a eso. Este nuevo disco que hemos sacado ahora es el culmen de nuestro sonido, hemos conseguido que suene como queremos, incluso mejorando el directo.

P. ¿Qué referencias artísticas o musicales les inspiran actualmente? ¿Han cambiado mucho respecto a sus inicios?

T. G. Hemos ido sumando influencias. Hay unos discos que nos han marcado mucho, clásicos de los Beatles, los Rolling Stones, Creedence Clearwater Revival, los Clash… Desde el blues, pasando por la psicodelia, la nueva ola, el punk, el postpunk… siempre añadiendo grupos, normalmente aquellos que tenían las mismas raíces musicales que nosotros y referencias parecidas a las nuestras. Ahora, por ejemplo, sentimos afinidad con grupos jóvenes como The Molotovs, Sharp Pins, Lemon Twigs… Seguro que escuchan en su casa grupos que han sido esenciales en nuestra trayectoria como los Jam o los Who.

J. R. También cada uno tiene sus pequeñas filias, unos tiramos más hacia un estilo y otros hacia otro, y eso se nota al arreglar una canción entre todos. Cada uno aportamos lo nuestro.

P. ¿Cómo recuerdan la escena musical de Granada en los ochenta y noventa, y qué relación tienen hoy con ella?

J. A. G. Cuando empezamos la escena era totalmente distinta a la que hay ahora. Se dividía todo entre el mundo de las orquestas de baile y el micromundo de los grupos de rock. Había muy pocos y ninguno de ellos profesional. Era una escena completamente amateur, había solo un par de tiendas para comprar instrumentos y ninguna oficina de management.

»En el rock, la música dominante era el rock andaluz y progresivo. Nosotros fuimos casi los primeros en tener un equipo medio profesional y una oficina medio profesional. No me las quiero dar de fundacional, en Granada había habido grupos profesionales en los 60 y 70, pero Miguel Ríos triunfó desde Madrid y Los Ángeles habían triunfado pero se truncó su carrera en el año 1976. Además, como pasó en muchos sitios de España, la explosión de pop y rock de los 60 fue reemplazada por la ola de los cantantes melódicos de los 70.

»Ahora mismo la diferencia es brutal: la escena en Granada está muy profesionalizada y, de hecho, es una de las ciudades más punteras a nivel nacional, una cosa que no le corresponde por volumen de población, tiene solo 250.000 habitantes pero de aquí sale mucha música que suena a nivel nacional.

P. ¿A qué creéis que se debe?

J. A. G. Nadie lo sabe. Yo creo que ha sido un efecto dominó. Al ver a gente de Granada que triunfaba a nivel nacional e incluso mundial, piensas que tú también puedes conseguirlo.

J. R. A mí me pasó eso: con 10 años vi a Al-Dar, el grupo que Tacho y Jose Ignacio tenían antes de 091, y pensé que sería chulo dedicarse a esto.

P. Pensaban autoeditar este nuevo disco pero al final salió con Universal. ¿Cómo fue la cosa?

J. I. L. Empezamos a grabar el disco en la segunda mitad de 2024. Lo hicimos en varias tandas: cuando teníamos dos o tres canciones más o menos listas nos metíamos en el estudio a grabarlas. Pensábamos autoeditarlo con mi propio sello, Pentatonia Records, pero a Luis Fernández, el presidente de Universal, le llegó la onda de que estábamos de nuevo en el estudio y se mostró interesado pero seguimos con nuestro proceso de grabación. El contrato se firmó con el disco casi acabado. Aunque la parte artística la teníamos resuelta por nuestra cuenta, nos ha venido bien de cara al lanzamiento y promoción, porque tienen un gran equipo de profesionales. Curiosamente, en 1993 sacamos un disco con Polygram, que años después fue absorbida por Universal.

P. ¿Cómo ha sido en general la relación de 091 con la industria musical?

J. A. G. Ha sido una lucha constante con la industria por que nos dejaran ser nosotros, por la financiación de los discos, menos el último disco [La otra vida (2019)], que lo grabamos nosotros mismos.

J. I. L. Ha sido una relación de amor-odio.

J. A. G. Incluso en la época de Strummer hubo lucha con Zafiro, porque nos cambiaron las mezclas en el último momento.

P. Os marcó mucho la relación con Joe Strummer. ¿Cómo lo recordáis?

T. G. Él llegó a Granada escarmentado y deprimido porque el disco Cut the Crap de los Clash había sido muy criticado. Escuchó una maqueta nuestra y vino preguntando por nosotros al bar donde trabajaba José Antonio. Buscaba en nosotros el espíritu primigenio que tenían los Clash en sus comienzos. Además venía de una relación sentimental muy desastrosa. Con nosotros era un tío muy normal, y forjamos una relación de amistad por encima de las cuestiones musicales. Nos caíamos bien y teníamos muchas cosas en común, fue nuestro mentor, hermano mayor y amigo.

J. I. L. Lo conocimos en el bar donde José Antonio trabajaba poniendo copas. Iba con una libreta a todas partes, una camisa de cuadros y una pequeña cresta. Al principio no lo reconocimos, parecía un guiri más de estos que se ponen un poco pesados, y a medida que fue avanzando la noche nos dimos cuenta de que era él, porque no tenía las pintas que tenían los grupos en las portadas, que van supermaqueados.

J.A.G. La maqueta del disco la teníamos casi hecha cuando llegó él y revolucionó nuestra forma de grabar. No era un estudio, sino un sótano, y quería grabar al principio y al final de la maqueta el sonido de la persiana del local abriéndose y cerrándose. Compró cables para poder llegar a la puerta con los micrófonos y recuerdo que cuando fuimos a cerrar la persiana la rompimos.

T. G. Los estudios eran muy caros y lo normal era preparar mucho las canciones en los ensayos, luego te ibas a Madrid a grabarlo, y era una pasta. El primer disco lo grabamos en 64 horas. Así funcionábamos, pero Joe otra de una escuela diferente en la que se pasaban meses investigando en el estudio, cambiando cosas, volviéndolas del revés. Aquí las compañías no estaban dispuestas a gastar tanto dinero, pero él opinaba que todo se podía cambiar hasta el último momento y cuando fuimos a Madrid quiso darle la vuelta a todo. La compañía estaba desesperada porque veía que nos gastábamos todo el presupuesto y la cosa no avanzaba.

P. ¿Qué les hace dormir con un ojo abierto, como reza el título de una de las canciones del nuevo disco?

J. R. El precio de la gasolina.

J. I. L. Muchas veces se ha atribuido un carácter profético a nuestras canciones. Esta la grabamos hace meses y lo que ha pasado después le ha dado la razón a la letra. No sabes si las hostias te van a llegar por la izquierda, la derecha o por el centro. Hay que estar alerta no solo por las circunstancias geopolíticas actuales, sino por la deriva occidental. El poder de la tecnología, que parecía liberadora, al final resulta que tiene un punto opresivo, y tenemos que estar alerta para saber lo que es real y lo que no.

P. El videoclip de una de las canciones, Ven vestida de nube, está hecho con IA. ¿Qué opináis de su uso con fines creativos?

T. G. Es una herramienta que puede usarse de mil maneras.

J. I. L. Hacer ese vídeo de manera completamente artesanal habría sido imposible, pero detrás está Fernando Muñoz, un ilustrador profesional con mucha experiencia.

J. R. La creación con inteligencia artificial abre un debate sobre los derechos de autor. Por una parte, la IA se está entrenando con el trabajo de otros autores, pero hay que tener en cuenta que detrás de cada proyecto hay un autor que ha ido guiando a la IA.

J. I. L. Según un estudio, entre el 20 y el 30 % canciones que se suben a las plataformas están hechas con IA. Se abre un debate larguísimo y muy profundo sobre el concepto de autoría y cómo se está diluyendo. Hace poco salió noticia de un productor que había subido ocho millones de canciones hechas con IA y le habían obligado a devolver millones de dólares por eso. Si ahora es difícil diferenciar si una canción ha sido creada o no con IA, imagínate lo difícil que será en un año o dos.