Los integrantes de Triángulo de Amor Bizarro: Rodrigo Caamaño, Isa Cea y Rafael Mallo

Los integrantes de Triángulo de Amor Bizarro: Rodrigo Caamaño, Isa Cea y Rafael Mallo

Música

La refundación luminosa y analógica de Triángulo de Amor Bizarro

Tras celebrar su 20 aniversario, la banda regresa con su séptimo álbum, 'Mi Catedral', en el que se convierten en un triángulo perfecto. Si su anterior trabajo sonaba como un encierro en una cueva, ahora pasean por un bosque en el que entra algo de luz.

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En 2024 Triángulo de Amor Bizarro decidió celebrar sus 20 años de trayectoria realizando una gira inusual. Al inicio de cada concierto, el público y el azar decidían a través de un rito ‘taromántico’ qué dos discos de los seis que habían publicado iban a sonar de manera íntegra durante la actuación.

“Fue una locura”, confiesa Rodrigo Caamaño, guitarra, voz y compositor de la banda gallega. “Eran 60 o 70 canciones. Realmente, no pudimos ni ensayarlas todas. Al final tenías que dejarte llevar por tus impulsos, lo que hizo que se nos quitara la tontería de que en directo todo tiene que salir perfecto. Funcionó muy bien, el público se llevó una sensación muy pura. Además, aprendimos mucho de nosotros mismos, de cómo habíamos cambiado y de qué cosas habíamos dejado por el camino. Eso nos dio una imagen completa de nuestra carrera y nos abrió muchas puertas para el nuevo disco”.

Mi Catedral, que se publicará en mayo, está marcado por otros dos cambios drásticos. Tras la gira del anterior disco, SED (2022), Zippo colgó los teclados y decidió abandonar la formación, que se convirtió finalmente en lo que parecía que estaba destinada a ser desde el principio: un triángulo, compuesto por los dos integrantes originales, Caamaño e Isa Cea, y completado por la enérgica batería de Rafael Mallo, una ametralladora de ritmos.

“Ha sido casi una refundación, al ser tres ha cambiado completamente la forma de hacer música”, asegura Caamaño. “Sobre todo porque somos una banda en la que no hay un núcleo, sino que todos tenemos el mismo peso. Me gusta pensar que somos el resultado de la disolución del ego de cada uno de nosotros”.

Cerrar una etapa

El otro golpe de timón se produjo cuando en octubre de 2025 abandonaron Mushroom Pillow, su discográfica de siempre, para fichar por Sonido Muchacho, sello de Carolina Durante, Los Punsetes o Hinds. “Estamos superagradecidos a Mushroom Pillow, si no fuera por ellos no creo que siguiéramos aquí”, comenta el guitarrista. “Pero terminábamos contrato y simplemente queríamos cerrar una etapa y probar cosas nuevas. Tuvimos que cambiar todo para poder hacer un poco lo mismo, pero desde otra perspectiva”.

Sacrificio es el primer single de Mi Catedral, y la última de las doce canciones del disco. Es un trallazo absolutamente reconocible de la vertiente más noise pop, con Isa Cea entonando una de sus crípticas letras para invocar a las meigas y recordarnos que Tempus fugit. Más inesperadas son otras canciones, como SMT En el palacio real, que abre el disco y arranca con una esencialidad inédita: la voz de la bajista levanta una distopía de dioses y reinas digitales con la única compañía de un piano, hasta que todo explota en el clásico caos guitarrero de la banda.

“Es la primera canción en la que usamos un piano”, apunta Rodri. “Lo tocó Joaquín Pascual [ex Surfin’ Bichos y Mercromina], que tiene un gusto exquisito y que también es el arreglista de las cuerdas de un par de canciones, algo inédito en nuestra discografía. Pero era muy importante para nosotros que las cuerdas fueran necesarias desde un punto de vista musical. No me gusta nada cuando los grupos de rock de repente meten una orquesta para que, simplemente, suene bonito. Nosotros no queríamos caer en el barroquismo ni en la mera decoración, tenía que ser algo que resultara imprescindible”.

Aunque Caamaño califica Mi Catedral como “un disco de canciones” y no tan conceptual como SED, que giraba en torno al concepto de la fama, la distopía digital se prolonga en Diosas adolescentes, que habla de la obsesión por la imagen y las redes sociales. “Estamos en una época tecnológica, de estrellas mediáticas, de cultura del espectáculo total y los músicos estamos en todas las apuestas de perdedores frente a la inteligencia artificial”, comenta el guitarrista. “En esa tesitura, hemos hecho un disco clásico, tocado íntegramente por nosotros, como si viviéramos en la época dorada del rock”.

Rodrigo Caamaño, Isa Cea y Rafael Mallo. Foto: Sonido Muchacho

Rodrigo Caamaño, Isa Cea y Rafael Mallo. Foto: Sonido Muchacho

Quizá por ello, Mi Catedral es el elepé que más han tardado en culminar. Grabado en el estudio que Isa y Rodrigo tienen en Boiro, ha sido producido por un clásico del indie como Carlos Hernández, hombre de confianza de la banda. Entre todos han tratado de capturar un espacio sonoro real y reducir al máximo los procesos digitales.

“Las producciones de ahora son técnicamente alucinantes, con una precisión y una perfección absolutas, y está guay porque te ayuda a expresarte y ahorras tiempo, pero nosotros hemos querido dar un paso atrás”, explica Rodrigo. “Carlos muchas veces te cuenta el infierno que era mezclar en mesa analógica, sin ecualizador, los discos de Los Planetas en los 90, pero suenan 'que se te va la olla'. Y ahora hay mucha nostalgia de aquello por parte de los grupos dinosaurio, pero en realidad puedes hacerlo: ensayar y grabar y volver a darle el poder a la gente y no a la tecnología”.

La nube se retira

Otra de las canciones que llaman la atención de Mi Catedral es Pat a trenca, en la que la voz de Caamaño suena más emocional que nunca para narrar la violencia que sufrían los jóvenes en Galicia en las escuelas.

En Galicia la posguerra duró hasta mediados de los noventa”, apunta. “Esta canción está inspirada en una de mis vivencias infantiles más potentes, pero es algo que compartimos muchos de mi generación que vivíamos en aldeas. No quería hablar tanto de la tragedia como de la venganza. Año santo ya trataba estas experiencias infantiles, pero encriptado en una nube psicodélica. Y ahora esa nube se retira. Estoy en una tesitura completamente diferente, ya que los temas que normalmente canto son más monocordes, más a cara de perro, pero tenía todo el sentido que lo cantara yo y no Isa”.

Tampoco son en Triángulo de Amor Bizarro ajenos a los conflictos que golpean el mundo. En BBBMV a.r.m.a.s. cantan que “en Palestina dios muere todos los días”. “Todo te afecta”, explica Caamaño. “Pero a mí siempre me da pudor proyectar este tipo de canciones porque, si no puedes aportar nada, parece que estás buscando el aplauso de un determinado grupo. Es como caer en cierta pornografía del dolor. No somos un grupo de escarbar en el drama ni de hacer canciones para bailar en las discotecas ni de costumbrismo indie ni explícitamente político. Simplemente intentamos mostrar un sentimiento personal sobre las cosas que nos afectan”.

En cualquier caso, Mi Catedral es para Caamaño un disco más brillante que SED, marcado por la pandemia: “Si aquel lo hicimos desde dentro de una cueva, ahora estamos en un bosque por el que entra algo de luz”.