La soprano noruega Lise Davidsen. Foto: Paco Amate

La soprano noruega Lise Davidsen. Foto: Paco Amate

Música

La diva Lise Davidsen, frente a Wagner: protagoniza la nueva versión de 'Tristán e Isolda' que acoge el Liceu

La noruega debutará en el papel de Isolda. Será uno de los grandes alicientes de este montaje de Bárbara Lluch.

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Vuelve al Liceu, y son ya más de 170 veces, Tristán e Isolda de Wagner. La última producción se vio en 2017 en una puesta en escena firmada por Àlex Ollé. Regresa ahora la genial partitura de la mano escénica de Bárbara Lluch, cada vez más activa e imaginativa.

Será interesante conocer sus ideas —por lo que la hemos oído van por buen camino— y cómo las imbrica en una visión escénica. Desde luego no es un reto fácil. La nieta de Nuria Espert, con sus más y sus menos, ha puesto de relieve hasta ahora que imaginación no le falta. Y se necesita sin duda en grado ingente para aventurarse con éxito en el laberinto musical y dramático que propone la monumental partitura.

El Preludio es ya demostrativo y resumidor de la temperatura que va a consumir el largo canto amoroso. Es, como decía Hans von Bülow, una ola que llega y se aleja tres veces consecutivas, la imagen más auténtica del ansia insatisfecha de amor. Aquí perfecciona esta técnica, la primaria de los llamados motivos mnemotécnicos. En Tristán e Isolda se reconocen hasta 29 principales (en la Tetralogía se cuentan más de 60).

Los dos primeros, la Confesión y el Deseo, se perciben nada más empezar; uno, descendente, confiado a los violonchelos; otro, ascendente, en la voz del oboe. A lo largo de la marea sonora, que se estira y encoge, que crece y decrece en esas oleadas de las que hablaba Von Bülow, se escuchan otros temas: la Mirada, el Filtro (de muerte y de amor), la Liberación por la muerte... Oposición de temas y tonalidades, de matices y de dinámicas.

Para estas representaciones (días 12, 15, 19, 23, 25, 27 y 31 de enero) se cuenta con un reparto de esos llamados de campanillas encabezado por una de las grandes divas wagnerianas de esta hora, la noruega Lise Davidsen, que aborda por primera vez la parte de Isolda (un buen tanto que se apunta el teatro barcelonés).

En 'Tristán e Isolda' Wagner perfeccionó la técnica primaria de los motivos mnemotécnicos. Aquí se reconocen hasta 29 principales

En el camino que la llevará en un futuro próximo a cantar Brunilda. No debe darse prisa. La voz está aún creciendo. Lo ha venido haciendo desde un lirismo pleno —el de una Elisabeth, una Eva, una Elsa, una Mariscala, una Ariadna—, en un recorrido ejemplar.

Volumen, igualdad de registros, extensión, penetración lírico-dramática, clara dicción, timbre refulgente, agudo espejeante y, aún, redondo. Cualidades para preservar.

Esperemos para ello que la orquesta sea bien moldeada y regulada por la directora musical de la ocasión, la ya muy avezada finlandesa Susanna Mälkki, que contará en el reparto, además de con Davidsen, con Elena Pankratova, soprano fustigante, de timbre acerado (Isolda los días 15 y 25).

Tristán se lo reparten dos tenores bastante parecidos, Clay Hilley y Bryan Register, relativamente heroicos, de timbre no muy grato y emisión muscular. Tomasz Konieczny, viejo conocido ya, prestará su solidez y su voz nasal a Kurwenal.

El veterano y oscuro bajo Brindley Sherratt defenderá la parte de Marke y Ekaterina Gubanova, de caudal bien provisto de mezzo, será una adecuada Brangania. Bien Roger Padullés, Albert Casals y Milan Perisic para Melot, Marinero y Timonel.