César Verdú, Luis Rodríguez, Abraham Boba y Edu Baos, miembros de León Benavente. Foto: Noemí Elías.

César Verdú, Luis Rodríguez, Abraham Boba y Edu Baos, miembros de León Benavente. Foto: Noemí Elías.

Música

Abraham Boba y el gran festín de León Benavente: "No somos el grupo de moda, vamos a lo nuestro"

El cantante nos da las claves del concierto más importante de la banda, el 10 de enero en el Movistar Arena, y de su libro '163 centímetros', un ensayo autobiográfico sobre la estatura.

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A Abraham Boba se le asocian tres nombres con sus correspondientes apellidos —el de nacimiento, el artístico y el de su grupo—, pero ninguno de ellos es un personaje. Siempre es él, asegura.

En el DNI pone David Cobas Pereiro (Vigo, 1975), pero hace ya bastantes años que empezó a firmar sus canciones como Abraham Boba. El tercero es León Benavente, su banda, que parece un nombre de persona pero en realidad está sacado de la carretera castellana que une ambas ciudades.

El grupo, uno de los más destacados del indie rock patrio, dará este 10 de enero en el Movistar Arena de Madrid el concierto más importante de su carrera. Será “el festín” de León Benavente, en el marco del ciclo Inverfest.

Los cuatro miembros del grupo —además de él, Luis Gutiérrez, César Verdú y Edu Baos— no estarán solos encima del escenario; lo compartirán con un montón de artistas invitados, ligados de una u otra forma a su trayectoria.

Ojo a la lista: Eva Amaral, Miren Iza (Tulsa), Triángulo de Amor Bizarro, Nuno (Grande Amore), Cristina Martínez (El Columpio Asesino), Nacho Vegas, Iván Ferreiro, Hinds, Anni B Sweet, Carlos Elías (Alcalá Norte), Víctor Cabezuelo y Julia Martín-Maestro (Rufus T. Firefly), Ángel Stanich y Martí Perarnau IV.

Además, Boba está de actualidad por otro motivo: la reciente publicación de su libro 163 centímetros (Arrebato Libros), un ensayo autobiográfico sobre el hecho de tener una baja estatura, sin un ápice de victimismo y repleto de vivencias personales y datos curiosos sobre el tema.

Pregunta. El 10 de enero darán el concierto más importante de su vida, su primer Movistar Arena. ¿Cómo será?

Respuesta. Tenemos muchas ganas. Hemos tocado ante públicos multitudinarios en festivales, pero en esos casos la gente no va a verte solo a ti. Nunca hemos tocado en un sitio tan grande como el palacio de los deportes en un concierto propio. No somos muy dados a la nostalgia, pensamos más en lo que queda por hacer que en lo que ya hemos hecho. Esta fecha nos sirve para celebrar todos los años de trayectoria del grupo, que el último disco —el quinto— ha sido muy importante a nivel artístico y que marca un camino hacia el futuro. Y, además, hacerlo junto a toda la gente que ha acompañado a la banda a lo largo de los años.

P. ¿Cómo ha evolucionado su manera de estar en el escenario con León Benavente a lo largo de los años?

R. En nuestros primeros conciertos me quedaba detrás de los teclados, pero un día cogí el micrófono y me puse al frente. Fue algo natural. Vi que eso generaba una respuesta del público, una comunión con lo que hacíamos en el escenario. La gente me decía “te transformas en el escenario”, pero yo nunca he tenido que crear un personaje para actuar. A mí me gusta bailar y tengo una energía desbocada, aunque al mismo tiempo tengo un carácter reflexivo. Todo es parte de mí. Además, me contagio de la energía de mis compañeros, que son unos auténticos animales tocando.

P. ¿Cómo empezó en la música y cómo fue su relación con ella hasta que fundó León Benavente?

R. Tuve el típico grupo de posadolescencia, de rock, con referencias anglosajonas. Ninguna maravilla, pero para empezar no estuvo mal. Luego, con 24 o 25 años, me di cuenta de que lo que más me gustaba era componer canciones. Y quería tener más herramientas, porque hasta entonces era autodidacta: tocaba un poco la guitarra, el teclado, escribía, batería… un poco de todo, pero mucho de nada. Me fui a Barcelona cinco años a estudiar intensivamente y ahí empecé a escribir mis primeras canciones como Abraham Boba.

P. En más de una década con el grupo, ¿cómo ha evolucionado su forma de componer y producir?

R. Con cinco discos hemos podido explorar distintos métodos. Muchas canciones del primero las hicimos Luis y yo antes de que entrasen César y Edu; ellos se incorporaron a mitad de proceso, y al principio no sabíamos qué tipo de proyecto queríamos hacer. Una vez que salimos de gira empezamos a funcionar como banda completa. A veces traigo una idea, alguien aporta un riff y la trabajamos juntos. Otras veces Luis y César van por un lado, Edu por otro, y yo avanzo con letras o melodías. Es un proceso abierto. Tener un método ayuda a no perderse, pero también hay que dejar espacio para lo inesperado.

León Benavente

León Benavente

P. Un rasgo definitorio de León Benavente es el uso del spoken word. ¿Cómo surgió?

R. No pensé que fuera a ser un sello, pero con el tiempo mucha gente asocia eso al grupo. Creo que empezó con “Ser brigada”, la última canción que escribí para nuestro primer disco. El ambiente era como de una road movie, y pedía un tono narrativo. En canciones estrofa–estribillo también se puede contar, pero de otra forma. A mí siempre me han gustado artistas que a veces no se sabe si cantan o hablan, como Leonard Cohen, Lou Reed o Patti Smith, y también cosas del hip hop. Cuando terminé esa canción, pensé: “qué cosa más extraña”, pero ahí estaba.

P. Los patrones rítmicos y riffs repetitivos, al estilo krautrock, son otra seña de identidad de la banda.

R. Sí, César venía de una banda que hacía kraut en Murcia, una de las pocas que había de ese género en España. Cuando se unió a nosotros y empezamos a tocar los cuatro, esa base sólida ayudó a definir la personalidad del grupo. Somos de riffs más o menos minimalistas; es rock, pero acaba siendo más sofisticado. Lo bonito de León Benavente es que somos una batidora de estilos.

P. ¿Qué es más importante para usted, componer canciones o tocar en directo?

R. Es que para tocar en directo necesitas tener material. Cuando compones, siempre te enfrentas al abismo: ¿y ahora qué hago? ¿Será mejor o peor que lo anterior? ¿Puedo hacer algo que me sorprenda a mí mismo? Es un proceso que te pone contra las cuerdas. Sin embargo, tocar en directo es algo que mejora siempre con la experiencia. Dudo que una banda que toque a menudo sea peor con el tiempo; al revés, cada vez se domina más el escenario.

P. ¿Cuáles han sido sus mayores influencias musicales y cómo han cambiado? En el último disco, Nueva sinfonía sobre el caos (2024), que es más electrónico y menos guitarrero que los anteriores, se nota, por ejemplo, la influencia de Depeche Mode.

R. Desde el principio, cuando nos preguntaban por influencias, siempre decíamos lo mismo: somos cuatro personas en una banda, y las influencias pesan más cuando empiezas en la música. Nosotros montamos el grupo con casi 40 años, ya habíamos pasado por la etapa de imitar a los que te gustaban. Al final te queda un poso de todo lo que has ido escuchando y haciendo. Todos veníamos de proyectos distintos. Lo que sí te puedo decir es que escuchamos música de nuestra época, de hace 40 años y de grupos que acaban de salir la semana pasada.

P. Usted tiene también una faceta literaria. Su último libro es 163 centímetros, una reflexión sobre su estatura, a caballo entre las memorias y el ensayo. ¿De dónde surge la iniciativa o la necesidad de escribirlo?

R. Me gusta escribir al margen de componer canciones, porque, aunque se toquen, son procesos distintos. Componer me gusta mucho, pero el formato de canción es un corsé. Cuando publiqué mi primer poemario con Espasa [Esto no es una canción, 2021], fue la primera vez que me enfrenté a escribir algo que no fuesen letras de canciones. Me daba respeto, porque conozco a mucha gente que escribe poesía. Pero una vez que lo hice, se abrió un camino distinto que también alimenta mi manera de escribir canciones. En esta ocasión quise hacer un libro que no fuese de poesía, sino centrado en un tema que me sirviera para desarrollar ideas de otro modo.

P. ¿Ha sido terapéutico escribir este libro?

R. Escribir sobre la estatura, más que como ejercicio terapéutico, me sirvió como hilo conductor. Es un tema del que se habla poco, y me apetecía ponerlo sobre la mesa. No lo abordo desde un punto de vista victimista; nunca me he sentido discriminado directamente por medir menos. Pero no estar dentro de un cuerpo normativo hace que la sociedad lo perciba a uno de otra manera, y eso condiciona. Estuve tres años escribiéndolo y recogiendo información, y aprendí cosas que no se me habían pasado por la cabeza. Fue muy enriquecedor.

Portada del libro '163 centímetros', de Abraham Boba (Arrebato Libros)

Portada del libro '163 centímetros', de Abraham Boba (Arrebato Libros)

P. ¿Qué fue lo más curioso que descubrió durante la investigación?

R. Muchas cosas. Por ejemplo, cuando se empezó a tratar la estatura con hormonas —que al principio se extraían de cadáveres— o las operaciones hiperinvasivas que promovían algunos padres convencidos de que su hijo tendría un problema social por ser bajo. También las ideas preconcebidas sobre el carácter o la masculinidad. Me interesaba desmontar esos clichés. Cuando decía que estaba escribiendo un ensayo sobre la estatura, mucha gente se reía. Y precisamente el libro empieza cuestionando ese uso del humor y las palabras asociadas a ella.

P. También tiene una sección de poesía en el programa Hoy empieza todo de Radio 3. ¿Cómo llegó la poesía a su vida y qué significa para usted?

R. Más de lo que parece. Como todo en mi vida, llegué a la poesía a través de las canciones: empezó a interesarme lo que decían las letras de ciertos artistas, cómo escribían. Luego fui entrando en el mundo literario, con gente vinculada a la editorial Arrebato y a la poesía performativa. Al principio era algo paralelo a la banda, pero con los años ha ido ganando espacio, porque me gusta y lo disfruto. De ahí surgió también el interés de Marta Echeverría para invitarme a hacer la sección en la radio. Cuando dedica uno tiempo a algo, se le abren caminos.

León Benavente

León Benavente

P. ¿Cómo percibe la relación entre poesía y letras de canciones?

R. Para mí la diferencia está en el contexto. En una canción hay una estructura melódica, armónica, un molde que hay que llenar. En la escritura, al menos en mi caso, es todo mucho más libre. No tengo formación literaria, he aprendido a escribir leyendo. Y quizá por eso me resulta tan abierto: ahora mismo pienso en el siguiente libro y cualquier género podría servirme.

P. En 2025 cumplió 50 años. ¿Cómo vivió esa fecha redonda? ¿Le ha marcado de alguna manera?

R. Hice una buena fiesta. Siempre dije que si llegaba a los 50 y estaba contento con mi vida, quería celebrarlo a lo grande con la gente que quiero, y pude hacerlo. Luego está este segundo cumpleaños simbólico que será el concierto del Movistar Arena. Llevamos un aforo muy bueno; somos conscientes de que no somos el grupo de moda ni pretendemos serlo. No somos complacientes: vamos a lo nuestro. Nos sentimos privilegiados, venimos de proyectos que no funcionaban. No es lo mismo montar un grupo con 25 años y que empiece a funcionar a los 10 meses, que montarlo con 40 años después de mucho aprendizaje.

P. ¿Qué planes tiene para 2026?

R. En enero empiezo con un proyecto escénico basado en 163 centímetros. Lo estreno el 31 de enero en el Teatro Circo de Murcia y estaré girando con él durante el año. Y con León Benavente empezaremos a trabajar en un nuevo disco, algo que me apetece mucho.