Música

Miscelánea

Vuelve el aire fresco, La bella y la bestia, A la memoria de Don Severo

14 noviembre, 1999 01:00
Vuelve el aire fresco
Para mañana, lunes, está anunciada en el Teatro Real la presencia de Mirella Frenl, una de las cantantes más formales, ortodoxas, preparadas e inteligentes de la posguerra. Virtudes que podía compartir con escasos colegas coetáneos -Kraus uno de ellos- y que ha atesorado desde sus más tiernos años: a los 10 cantaba ya en su Módena natal "Semore libera" de "La traviata" acompañada por el que luego sería su primer marido, Leone Magiera. Más tarde se casaría con Nicolal Ghlaurov.

Frenl nos llega cuando hace ya meses que ha cumplido los 64 y cuando su voz, de lírica pura en origen, ha perdido, lógicamente, muchos enteros. Recordemos algunos de los atributos que la adornaron en su mejor época: Igualdad de emisión, riqueza de armónicos, redondez y homogeneidad, extensión, equilibrio de vibraciones, timbre cálido y fresco al tiempo. Esa manera suya, tan personal, de proyectar el sonido hacia arriba, de hacer que la voz resuene en todas las cavidades, es única. Ahora, cuando trabaja un repertorio de tonos veristas, la emisión es menos tersa, la columna de aire oscila, el agudo tiende a la estridencia; pero quien tuvo, retuvo. Una frase suya, dicha además con un arte exquisito, vale todavía por las de otras muchas cantantes que pululan por el universo mundo. La felina batuta de García Navarro y la Orquesta Sinfónica de Madrid se unirán a la soprano.

En el programa -bien pensado y estructurado-, arias de "Aida" de Verdi ("Ritorna vlncitor"), "La bohéme" de Puccinl ("Mi chiamano Mimi", "Donde Meta usci"), "Adriana Lecouvreur" de Cllea (Io seno I'umlle ancella"), "Manen" de Massenet ("Adieu, notre petite table") y "Eugenio Onleguin" de Chalkovski (escena de la carta). La orquesta tocará, además, páginas de "I vespri slclliani" (obertura), "Le Villi" (intermedio "La tregenda), "El Cid" ("Castellana" y 'Madrileña") y "Onleguln" ("Polonesa"),


La bella y la bestia
No es que el norteamericano André Previn (Berlín, 1929) sea tan feo -es un hombre corriente, de apariencia menuda y cara de listo- ni que ta violinista alemana Anne Sophie Mutter (Baden, 1963) sea la mujer más guapa del mundo, pero hay que reconocer que la reunión de ambos artistas en una gira europea que pasa por el Auditorio de Madrid y el Palau de Valencia, dentro de la temporada de Ibermúslca, puede promover esos pensamientos emanados de un cuento infantil: frente a la blonda donosura y perfil sinuoso de la instrumentista, la faz aguileña y la planta algo encorvada del director. Lo cierto es que, bromas aparte, estos dos auténticos talentos pueden ofrecer al respetable resultados musicales verdaderamente apreciables, Ella por su seguridad y flexibilidad de arco, por su suave y persuasiva sonoridad, por su elegancia acentual y su fraseo medido y cálido; él por su firmeza de concepto, su meticuloso tratamiento de las texturas, su mando elástico -sólo en apariencia desaliñado-y su penetración, que puede llegar a la raíz de cualquier partitura, por compleja que sea.

No olvidemos que Previn es un estupendo compositor, no solamente de musicales o de partituras para el cine, sino de obras de fuste clásico y de ciclos de canciones de notable inspiración, como ese "Sally Chisum recuerda a Billy el Niño". La experiencia y conocimientos de Previn han de dotar de interés a sus anunciadas versiones (día 15, Madrid) de dos "Cuartas Sinfonías", la de Beethoven y la de Brahms, ocupantes de una franja del repertorio que no cultiva habitualmente el director. Sin duda lo tendrá la realización del segundo programa (día 14, Madrid, día 16, Valencia), que viene centrado en dos "Conciertos de violín", el "n° 3" de Mozart -que Mutter grabara en su momento con Karajan-, y el "n° 2" de Penderecki. La técnica de seda de la violinista hará maravillas unida al sentido de la forma y al poder de análisis de la batuta. Arturo REVERTER


A la memoria de Don Severo
Es casi seguro que, allá en las regiones bioquímicas en las que se halle, don Severo Ochoa, que era gran aficionado a la música, estará bien atento al desarrollo, el día 20 de este mes, en el Auditorio de Madrid, de un concierto a su memoria dedicado por la Universidad Politécnica. En atriles se combinan los nombres de Brahms y Fauré, dos compositores dotados de una rara habilidad para crear música de alto poder consolador. Del primero se escuchará el "Canto del destino", una partitura sinfónico-coral sobre texto de Hdlderlin que sigue la estela expresiva del célebre "Requiem alemán". Del segundo se tocarán dos obras, la poética suite de "Pelléas et Mélisande", basada en el drama simbolista de Maeterlinck, y el "Requiem", una obra de una dulzura y suavidad excelsas, aunque no reñidas con una visión trágica, no por poco tremendista menos expresiva de las asechanzas de la muerte. Concurren en la interpretación una masa coral tan experta como el Orfeón Donostiarra y una batuta sensible y elegante, en ocasiones algo desigual, como la de Maximiano Valdés, que tendrá ante sí también a la Orquesta de la que es titular, la del Principado de Asturias. Dos jóvenes solistas, de probada solvencia, completan el elenco: Isabel Monar e Iñaki Fresán.

En excelentes manos está también el concierto que, dentro del ciclo Música y poesía de la Universidad Autónoma, interpretan la soprano María José Montiel y el pianista Miguel Zanetti el día 19 en el Auditorio Nacional. Llevan varios años tocando juntos, han grabado más de un disco y han trabajado el repertorio anunciado, constituido por canciones de Falla, Esplá y distintos compositores de hoy. Una buena ocasión para degustar el arte cuidado pero también rotundo de la cantante madrileña, dotada de una de las voces más armoniosas de hoy. La sabiduría de Zanetti volverá a plegarse a las variaciones y singularidades del canto.