Una imagen de 'Prometeo', en Centro Danza Matadero. Foto: Germán Antón

Una imagen de 'Prometeo', en Centro Danza Matadero. Foto: Germán Antón

Danza

Prometeo danza en Matadero con la Grecia clásica como espejo del presente

OtraDanza revisita el mito para hablar de poder, aprendizaje y castigo en clave actual. Una pieza con pulso y buen trabajo de elenco.

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Prometeo llegó al Centro Danza Matadero de la mano de OtraDanza con una propuesta que mira al mito griego para hablar de nosotros. Y ahí está uno de sus mayores aciertos. Lo helénico no aparece como un adorno cultural ni como una excusa culta para vestir la escena. Aparece como origen, como espejo y como herida.

La historia de Prometeo -aprendizaje, poder, desobediencia, castigo- sigue tocando un nervio muy actual. Basta mirar alrededor para entenderlo.

Asun Noales firma una apuesta valiente. Junto a Luis Crespo, Kike Guerrero y Amadeo Vañán levanta una pieza que revisita el mito y el imaginario clásico desde una sensibilidad plenamente contemporánea.

Hay en el espectáculo un diálogo claro con la escultura antigua, con esos cuerpos tensos, modelados, detenidos en un instante que parece contener una historia entera. La referencia remite a aquella búsqueda de Isadora Duncan, cuando volvió los ojos a Grecia para liberar el cuerpo de otras rigideces. Aquí esa inspiración no se cita: se encarna.

La escena está construida desde el movimiento, pero también desde la imagen. Los cuerpos se dejan moldear por la luz, por la música, por la respiración interna de cada cuadro. Todo busca una forma común. No siempre alcanza la misma intensidad, pero el impulso está ahí y se percibe desde el comienzo. Prometeo quiere contar algo más que un mito. Quiere pensar el presente a través de él.

OtraDanza se apoya en siete intérpretes muy distintos entre sí. Esa diversidad no es un detalle: forma parte del corazón de la pieza. Se nota que las historias, las formaciones y las fisicalidades de cada bailarín han alimentado la construcción del espectáculo.

Hay ecos de danza urbana, algunos acentos de ballet clásico y, por encima de todo, una energía compartida que da unidad al conjunto. El resultado tiene garra. También cercanía. El público entra en la propuesta con facilidad porque hay un deseo genuino de comunicar.

Asun Noales sabe mirar el cuerpo como materia expresiva. No lo fuerza a ilustrar un discurso; lo deja pensar. Por eso la obra gana cuando se entrega al flujo del movimiento y cuando permite que las imágenes respiren. En esos momentos, Prometeo encuentra su mejor tono. La música acompaña bien ese trayecto y la iluminación hace mucho más que decorar: organiza la percepción, subraya tensiones y abre zonas de misterio.

La pieza funciona, además, por su honestidad. No pretende epatar con grandes artificios. Su ambición está en la construcción de un universo reconocible, sólido, con personalidad. Eso ya es mucho. En un tiempo en el que a menudo se confunde complejidad con exceso, se agradece una propuesta que apuesta por una idea clara y la trabaja con convicción.

Una escena de 'Prometeo', de OtraDanza. Foto: Germán Antón

Una escena de 'Prometeo', de OtraDanza. Foto: Germán Antón

Dicho esto, hubo algo que podría afinarse con el rodaje. En algunos momentos faltó mayor evidencia en la identificación de quienes atraviesan la escena. El espectador intuye fuerzas, relaciones, tensiones, pero agradecería una definición más precisa de ciertas figuras para seguir mejor el hilo interno del relato.

No se trata de volver literal el mito, sino de dar algunas claves más firmes dentro del lenguaje escénico que la obra propone. Son ajustes que el tiempo de función suele regalar.

Aun así, el balance es claramente favorable. Prometeo es un espectáculo agradable, intenso y bien sostenido por una compañía que cree en lo que hace. Y eso se nota. Hay pasión, trabajo y una voluntad clara de tender un puente entre lo clásico y lo actual sin caer en solemnidades.

También conviene subrayar el papel del Centro Danza Matadero. Es excelente la labor de dar visibilidad a compañías de formato pequeño y pasión grande, proyectos que quizá no llegan con el ruido de las grandes estructuras, pero sí con una verdad escénica que merece espacio, atención y público. Que lugares así apuesten por estas voces no es un detalle menor. Es una necesidad cultural.

Un momento de 'Prometeo' en Centro Danza Matadero. Foto: Germán Antón

Un momento de 'Prometeo' en Centro Danza Matadero. Foto: Germán Antón

Con Prometeo, OtraDanza confirma que los mitos siguen vivos cuando alguien sabe devolverlos al cuerpo. Y en esa tarea, Asun Noales y su equipo han dado un paso firme.