Image: Cabeza de Vaca, a la conquista del movimiento

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Danza

Cabeza de Vaca, a la conquista del movimiento

16 febrero, 2018 01:00

María M. Cabeza de Vaca, directora de la obra

La bailarina y coreógrafa María M. Cabeza de Vaca parte del viaje de su antepasado Álvar Núñez, famoso explorador del continente americano, para presentar en el Teatro Central de Sevilla, los días 16 y 17, un montaje en el que ha vertido algunas de sus obsesiones existenciales. Con una sobria puesta en escena, Cabeza de Vaca se construye alrededor de la palabra, la música y el movimiento. "No pretendo contar la vida del conquistador, no es una obra narrativa. Eso sí, el público que venga a ver la obra despertará su curiosidad por el personaje", explica a El Cultural.

Para la directora, el montaje es una manera de indagar en la realidad, de buscar una identidad en medio del caos que nos rodea: "Todos mis trabajos nacen de esta necesidad de cuestionar. Hay fórmulas que se repiten. Siempre aparece de forma espontánea ‘la ligereza de lo trascendente' y ‘la trascendencia de lo ligero' e intermitentemente el sentido del humor, no como una manera de frivolizar sino como una herramienta para comprender el mundo". La directora, cómo no, ha sentido siempre el peso de su apellido. "Cuando era pequeña -reconoce- lo detestaba. En el colegio las carcajadas eran sonadas al pasar lista, los compañeros se mofaban... Al crecer no sólo me reconcilié con él sino que empecé a notar el poder que escondía". En su casa familiar siempre ha habido un ejemplar de Naufragios, volumen en el que el descubridor de las cataratas de Iguazú relata su aventura, tan emocionante como trágica. "Quedé conmocionada al leerlo. Dentro del ámbito profesional muchos piensan que es un nombre artístico. Desde que empecé a hacer mis propios trabajos creativos me rondaba la idea de crear una pieza en la que se aclarara la procedencia de mi apellido materno".

Donde las fronteras se desdibujan

María Cabeza de Vaca, que ha realizado trabajos multidisciplinares junto a la artista sueca Ana Jonsson y el fotógrafo José Toro, reivindica una manera diferente de mirar el espacio escénico: "Me embarqué en esta aventura pensando que tenía un pronóstico meteorológico favorable. Estamos en una época en la que los lenguajes deben nutrirse unos a otros. Las fronteras se desdibujan. La necesidad de etiquetar las piezas dentro de compartimentos claros es una preocupación lógica de distribuidores y programadores, pero no debe agobiar a los creadores. Como artista, en lugar de definir mi obra prefiero que sea ella la que me defina a mí".

De modo que Cabeza de Vaca es lo que la "define" en estos momentos, lo que ocupa sus cinco sentidos. Pocas cosas distraen a la directora. Tan solo algunas colaboraciones en el Teatro de la Zarzuela y algunas clases en el Conservatorio Superior de Danza de Barcelona. "Me interesa el cuerpo como caja de resonancia de la vida, que el movimiento remita a la experiencia en lugar de a la sala de ensayo. Busco las técnicas y prácticas que me ayudan a conectar con lo espontáneo y la intuición. Esta búsqueda es lo que define mis piezas".