Fotograma de 'Alley Cats'.

Fotograma de 'Alley Cats'. Netflix

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Ricky Gervais saca las garras con 'Alley Cats': un 'The Office' para los amantes de los gatos

El humorista y cineasta británico dirige su primera incursión en la animación para adultos.

La serie, disponible en Netflix, es una sátira protagonizada por una pandilla de gatos callejeros.

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Hay humoristas que hacen reír y otros que cambian para siempre la manera de entender la comedia. Ricky Gervais pertenece a esa segunda categoría. Su influencia va mucho más allá del éxito de sus series o de sus monólogos: ayudó a redefinir la televisión del siglo XXI convirtiendo la incomodidad en un recurso narrativo y demostrando que un silencio molesto, una mirada fuera de lugar o la vergüenza ajena podían provocar tantas carcajadas como el mejor remate.

A lo largo de su carrera ha demostrado que cualquier escenario sirve para diseccionar el comportamiento humano: una oficina anodina, un plató de televisión, una residencia de ancianos o la redacción de un periódico local. Ahora suma un nuevo escenario a esa colección con Alley Cats, su primera incursión en la animación para adultos, que ya puede verse en Netflix.

La serie sigue a una pandilla de gatos callejeros que sobreviven entre callejones mientras hablan, con el sarcasmo característico de Gervais, sobre la amistad, la supervivencia y el absurdo de la condición humana. Aunque la premisa remita a la tradición de las sátiras protagonizadas por animales, aquí no hay moralejas ni fábulas al uso.

Los gatos observan a los humanos desde los márgenes, una posición privilegiada para volver sobre las obsesiones que recorren toda la obra del británico: el ego, la hipocresía, las relaciones personales, la necesidad de pertenecer a un grupo o el sinsentido de muchas convenciones sociales

Todo transcurre en seis episodios de apenas quince minutos y con una animación bidimensional deliberadamente sencilla, que deja todo el peso en los diálogos y en la personalidad de sus peludos protagonistas.

Más que un cambio de rumbo, Alley Cats parece un paso natural dentro de la filmografía de Gervais. Si The Office radiografiaba la vida en la oficina, Extras desmontaba el culto a la fama y After Life utilizaba el humor para hablar del duelo, esta nueva serie traslada esa misma mirada al reino animal.

Sus irreverentes y malhablados felinos están de vuelta de todo y discuten constantemente sobre comida, territorio, identidad, castración o supervivencia, pero, en realidad, hablan de las mismas inseguridades, contradicciones y pequeñas miserias que llevan más de dos décadas poblando el universo creativo de su autor. Y hay que reconocer que el resultado, una vez más, es tan ingenioso como divertido en esta especie de The Office para los amantes de los gatos. Tengas o no, que ese es otro tema.

Un día más en la oficina

Cuando The Office llegó a la BBC en 2001 parecía una rareza. Frente a las sitcoms tradicionales, Ricky Gervais y Stephen Merchant apostaron por una falsa oficina donde nunca ocurría nada extraordinario. No había héroes ni grandes gags, solo trabajadores atrapados en la rutina y un jefe convencido de ser mucho más divertido y carismático de lo que realmente era.

David Brent inauguró un tipo de protagonista tan insoportable como humano: patético, egocéntrico e incapaz de entender cómo lo percibían los demás. Aquella mezcla de realismo, humor seco y vergüenza ajena redefinió el mockumentary e inspiró a toda una generación de series, desde la versión estadounidense de The Office hasta Modern Family, Parks and Recreation, What We Do in the Shadows o, en España, Paquita Salas.

Lejos de acomodarse en aquella fórmula, Gervais siguió explorando otros territorios. En Extras (2005-2007) dirigió la sátira hacia la propia industria del entretenimiento, desmontando el culto a la celebridad gracias a una sucesión de cameos memorables —David Bowie, Robert De Niro o Ian McKellen, entre muchos otros— en los que las estrellas aceptaban reírse de sí mismas hasta extremos delirantes. Ahí ya estaba una de las grandes constantes de su obra: la fascinación por quienes viven siempre a un paso del éxito, pero nunca terminan de alcanzarlo.

Fotograma de 'Alley Cats'.

Fotograma de 'Alley Cats'. Netflix

En 2011 llegó una de sus series más infravaloradas: Life's Too Short (2011) protagonizada por Warwick Davis —inolvidable como Willow—en la que interpreta una versión exagerada y desternillante de sí mismo, lidiando con el declive de su carrera, las pequeñas humillaciones del día a día y un ego tan frágil como desmedido. Pocas veces un actor ha convertido la autohumillación en un acto de comedia tan brillante, y precisamente por eso su interpretación no hace sino engrandecerlo. Si aún no la han visto, ahí tienen una magnífica tarea pendiente para este agosto.

Con Derek (2013), Gervais sorprendió mostrando un lado mucho más tierno. Sin abandonar su ironía habitual, la serie abrazaba la ingenuidad y el sentimentalismo para hablar de la empatía y de quienes suelen quedar fuera del foco. Esa evolución alcanzó su mejor expresión con After Life (2019-2022), una comedia sobre el duelo capaz de alternar sin caer nunca en el sentimentalismo fácil. Fue la demostración de que Gervais también sabía emocionar sin abandonar el cinismo que define su mirada sobre el mundo.

Micro abierto

En paralelo, su carrera como monologuista ha seguido una trayectoria igual de influyente. Especiales como Humanity, SuperNature, Armageddon o Mortality —todos disponibles en Netflix— lo han consolidado como una de las voces imprescindibles del stand-up actual. Su planteamiento sigue siendo el mismo: incomodar antes que agradar, cuestionar consensos y defender el humor como un espacio donde casi nada debería ser intocable. Las polémicas nunca han dejado de acompañarle, pero forman parte inseparable de su propuesta artística.

Lo mismo ocurrió con sus ya legendarias presentaciones de los Globos de Oro. Durante cinco ediciones convirtió una gala diseñada para celebrar Hollywood en un ajuste de cuentas en directo con productores, plataformas y estrellas de toda índole. Sus discursos fueron mucho más que una sucesión de chistes: recordaron que la sátira también puede incomodar a quienes están acostumbrados a ser intocables.

El legado de Gervais también se percibe en una nueva generación de autores que entienden el humor como un espacio para la ambigüedad moral y el desconcierto. Nathan Fielder, Phoebe Waller-Bridge o Donald Glover han heredado esa idea de que un personaje puede resultar insoportable y fascinante al mismo tiempo; que la risa puede convivir con el drama y que la vergüenza ajena es una herramienta narrativa tan poderosa como cualquier gran giro de guion.

A estas alturas cuesta imaginar la evolución de la comedia contemporánea sin Ricky Gervais. No porque todos los humoristas intenten parecerse a él, sino porque muchos trabajan hoy en un terreno que ayudó a abrir: uno donde la risa convive con la incomodidad, el drama y la reflexión, y donde el mejor chiste suele ser el que nos obliga a reconocernos en él.