Ernesto Sevilla (centro) junto a parte del reparto de 'Rafaela y su loco mundo'. Foto: Julio Vergne

Ernesto Sevilla (centro) junto a parte del reparto de 'Rafaela y su loco mundo'. Foto: Julio Vergne

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Ernesto Sevilla: "Nos dedicamos a lo absurdo y no buscamos provocar. Lo que nos gusta es jugar"

El cómico dirige la serie 'Rafaela y su loco mundo', en la que se reúnen varios de los habituales del "universo chanante" como Joaquín Reyes o Carlos Areces, además de Arturo Valls e Ingrid García-Jonsson.

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Llega una de las comedias más disparatadas de la temporada. Rafaela y su loco mundo, adaptación del libro de Aníbal Gómez El alucinante mundo de Rafaella Mozzarella, ha aterrizado en Atresplayer como quien irrumpe en una fiesta sin llamar: con vocación de convertirse en refugio para quienes añoraban el absurdo sin complejos.

Su estreno supone un reencuentro espiritual con el universo de Muchachada Nui y con ese humor "chanante" que convirtió lo cutre en arte y el silencio incómodo en categoría estética.

Creada por el propio Gómez y dirigida por Ernesto Sevilla, la serie reúne a reconocidos rostros del disparate patrio como Joaquín Reyes, Carlos Areces, Arturo Valls e Ingrid García-Jonsson.

Juntos dan vida a la historia de Rafaela, una adolescente excéntrica —casi mitológica— que, rodeada de amigos y familiares tan peculiares como entrañables, deberá enfrentarse a amenazas improbables para salvar el mundo… antes de que la alcance el destino más temido de todos: hacerse adulta.

Rafaela y su loco mundo dinamita las convenciones de la comedia familiar al uso y se adentra en un territorio más salvaje, más absurdo y pop que hace volar por los aires cualquier atisbo de realismo: viajes en el tiempo hasta el Golpe de Estado del 23F, máquinas de blanqueamiento anal con potencial para alterar el equilibrio del planeta, fiestas de pijamas que rozan lo paranormal…

Con episodios autoconclusivos de carácter metaficcional que duran apenas 20 minutos, la serie adopta la forma de "sketches largos". Rafaela y su loco mundo no levanta el pie del acelerador en ningún momento convirtiendo cada episodio en una escalada delirante donde la lógica se jubila y el exceso marca el compás.

Nos encontramos ante una comedia de personalidad muy marcada repleta de humor hiperbólico, excéntrico y deliberadamente caótico. Para hablar de cómo ha sido el proceso, El Cultural recibe a su director Ernesto Sevilla.

Pregunta. ¿Cómo surge este proyecto tan particular?

Respuesta. Todo arranca con la novela que había escrito Aníbal Gómez. Arturo Valls leyó El alucinante mundo de Rafaella Mozzarella y le propuso convertirla en serie. Aníbal, ni corto ni perezoso, escribió la adaptación completa, de principio a fin, y el proyecto llegó incluso a una plataforma internacional interesada. Pero cuando cruzó el Atlántico, la reacción fue algo así como: "¿Pero esto qué es?" (risas). Aquello quedó en suspenso hasta que Arturo hizo su magia en Antena 3 y consiguió sacarlo adelante. Todavía no sabemos muy bien cómo lo logró.

P. ¿Y en que momento entra usted?

R. Yo me incorporo porque en Muchachada Nui había dirigido unos sketches llamados Tontili Monguili, donde Joaquín Reyes ya interpretaba a una niña adolescente. Ese tono encajaba perfectamente con el universo de la serie. Además, conocía a buena parte del equipo técnico. En realidad, me contrataron como director por encargo, pero era un territorio bastante natural para mí.

P. ¿Habéis tenido libertad creativa? No es una serie para todos los públicos…

R. La verdad es que desde Antena 3 nos han dado bastante libertad y apenas han puesto objeciones. Las limitaciones han sido las habituales: presupuesto y tiempo. Si algo no se hizo, fue más por ajustes económicos que por censura o interferencias.

" Por desgracia fui el encargado de aportar un poco de disciplina en medio de tanta concentración de cómicos en una misma habitación"

P. El frenético estilo visual parece un personaje más de la trama…

R. Era fundamental que el mundo de Rafaela pareciera salido de un episodio de Vaca y Pollo o Ren & Stimpy: casi dibujos animados en acción real. Esa exageración ya estaba en el guion de Aníbal. La idea inicial era rodar en decorados deliberadamente falsos, pero finalmente trabajamos en una única localización y potenciamos un arte muy kitsch y pop para lograr esa estética artificial, colorida y excesiva.

P. Con esta serie, ¿se han actualizado los resortes de Muchachada Nui y La Hora Chanante?

R. La fusión entre lo chanante y el particular universo de Aníbal viene de lejos; él ya había colaborado con nosotros en otras ocasiones. Somos amigos y compartimos códigos humorísticos. Creo que el resultado es complementario, pero también distinto: mantiene un ADN reconocible, aunque con personalidad propia.

P. Desde fuera parece que el rodaje tuvo que se ser divertidísimo…

R. Es lo que se suele pensar cuando haces comedia, pero los rodajes son, en el fondo, bastante rutinarios y exigentes. Hay horarios que cumplir y poco margen para echarte unas risas. Y en este caso, con el presupuesto ajustado, aún menos. Nos hemos reído, claro, pero no tanto como la gente imagina. Yo me lo paso mejor en otros momentos de la vida; trabajando no siempre es donde más disfruto (risas).

P. ¿Le tocó poner orden en el set?

R. Sí, por desgracia fui el encargado de aportar un poco de disciplina en medio de tanta concentración de cómicos en una misma habitación, con tendencia al cachondeo y la charleta. Pero, por suerte, me hacían caso.

P. En la serie hay un constante metalenguaje y aparecen multitud de homenajes cinematográficos y televisivos ochenteros…

R. En el guion ya había referencias muy claras pero hemos metido muchos más que surgieron durante el rodaje. Cuando preparábamos las secuencias siempre dejábamos un espacio para que se nos ocurrieran cosas nuevas.

P. Hay numerosos cameos: Esty Quesada, Victoria Martín, David Verdaguer, la Terremoto de Alcorcón… ¿cuál le ha sorprendido más?

R. Todos han sido fantásticos, pero personalmente me hizo especial ilusión el de David Verdaguer que lo borda como amigo gay de Rafaela. Estamos acostumbrados a verlo en papeles serios e intensos y verle aquí haciendo el chorra con total libertad ha sido todo un lujo.

"Nunca hemos tenido grandes polémicas porque trabajamos desde el absurdo"

P. ¿Cómo está siendo la respuesta del público?

R. Lo que me llega es que la gente está entendiendo muy bien el juego: es una locura sin prejuicios, un divertimento. Hemos recibido reacciones muy positivas. Me hizo mucha gracia alguien que dijo: "Se nota que las adolescentes no son niñas de verdad, ¡sino señores!" (risas).

P. En medio del recurrente debate sobre los límites del humor, da la sensación de que siempre habéis habitado un universo cómico muy reconocible que ha sabido mantenerse al margen de polémicas.

R. Nunca hemos tenido grandes polémicas porque trabajamos desde el absurdo. Eso cambia las reglas del juego. Y eso que a menudo bordeamos muchos límites, pero el público entiende perfectamente que nuestro enfoque es ligero y que no buscamos provocar, sino jugar.

P. Puede adelantar algo de sus próximos proyectos?

R. Es pronto para saber si habrá segunda temporada; no depende solo de nosotros. Por mi parte, estoy escribiendo el guion de una comedia dramática con intención de dirigirla. No puedo contar mucho más… solo que, próximamente, en sus pantallas! (risas).