Sofia Boutella, una de las protagonistas de 'The Basics of Philosophy', de Paul Schrader, en Venecia
Mamá Schrader y papá Tsukamoto en Venecia: buen cine, inútil, o la machaconería didáctica
‘The Basics of Philosophy’ y ‘Mr. Nelson, Did You Kill People?’ acompañan los alegatos civilistas de George Clooney en el festival.
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En la edición “más política” de la Mostra, según palabras del director artístico Alberto Barbera, se ha discutido (y mucho) sobre la función social del cine.
“Mi padre me decía cuando yo tenía siete u ocho años: no me importa lo que hagas en la vida, tienes una sola responsabilidad, y es la de desafiar a las personas que tienen más poder que tú, y defender a las que tienen menos poder que tú”, explicaba George Clooney sobre su vocación como creador y activista, en la clase magistral que ofreció ante una enorme congregación de fans. Pero, ¿sirve de algo el cine al mundo?
En competición oficial, Cédric Kahn presentaba 15/18 (A Place To Heal), el retrato de un centro psiquiátrico para menores que coge prestada la forma directa y observacional de Frederick Wiseman o Nicolas Philibert para construir una ficción lo más realista posible. Una galería de personajes con dinámicas complejas que el propio cineasta desmantela cuando necesita llegar a un final emotivo, épico. Tanta didáctica social como las palomitas permitan.
La feria horrorosa de Shinya Tsukamoto
También didáctico, pero sin duda mucho más antipático, era el regreso de Shinya Tsukamoto. En estrecha resonancia con Fires on the Plain (2014), el filme Mr. Nelson, Did You Kill People? vuelve a las horrorosas entrañas de la guerra de Vietnam para redimir a un veterano roto por el trauma, interpretado por el actor teatral Rodney Hicks, de expresividad noh y maquillado como César en el Doctor Caligari.
Una imagen de 'Mr. Nelson, Did You Kill People?'
Quienes conozcan al cineasta por la nueva carne de Tetsuo, el hombre de hierro (1989), encontrarán aquí otro tipo de saña: no falta de gore, Mr. Nelson traslada el shock a una estricta primera persona, que deja al patio de butacas desorientado, si no con náuseas, a base de ráfagas de sonidos e imágenes escalofriantes, traducción fiel a la vez que trenecillo de la bruja sobre los efectos más severos del trastorno por estrés postraumático.
Sin embargo, la intensidad del filme –duro, como el digital áspero sobre el que se imprime– no cierra la puerta a su resolución. Para sus dos tercios finales, Tsukamoto reserva tiempo para que, a diferencia de sus otros recientes horrores bélicos, enclaustrados como Shadow of Fire (2023), el soldado protagonista crezca y se libere del peso de la vivencia a través de su narración. Los créditos finales nos aseguran que Mr. Nelson está inspirada en un exmarine real, que dedicó el resto de su vida al activismo pacifista. El cine como testigo ya cumple una función social.
Paul Schrader baila entre las arenas movedizas
El indómito Paul Schrader así lo cree, o no habría instaurado con el guion de Taxi Driver el subgénero de “un hombre en una habitación”, a base de protagonistas taciturnos que no logran perdonarse, ni la hubiera alimentado con El reverendo, El contador de cartas o The Basics of Philosophy, producida por Martin Scorsese y que también compite en Venecia.
La muerte del padre de un filósofo remueve la ciénaga de culpa de este hombre educado, interesante y cortés, el profesor Jorissen (Jack Houston). Un día a día silencioso, rumiaciones narradas en off y con profundo desinterés por un argumento que avance. La fórmula resulta familiar, pero hoy Schrader ni siquiera agujerea su trama con baches o interrogantes. No hay misterio sobre el crimen inicial, que queda clarísimo en una escena espeluznante y un par de líneas de diálogo.
Al contrario: la película crece, incrédula, mientras contempla cómo su aventajado protagonista –blanco, libre y con una pareja que lo ama, Sofia Boutella– se remuerde y hunde sin remedio. A vista de pájaro (o patio de butacas), los tratados de Spinoza sobre los que Jorissen trabaja no ayudan a quien no acepta su propia bisexualidad; una identidad que Schrader encuadra desde lo dramático.
Jack Huston y Sofia Boutella, en 'The Basics of Philosophy'
La deliciosa puesta en escena de The Basics of Philosophy también se abre en llagas dentro de las cómodas botas del clasicismo sombrío. El exceso la carcome: corre por entre las vetas de los despachos opulentos de Ridgemont (con cameo de Richard Gere como director del centro), marcada como el pintalabios en las copas de media mañana y en el eterno retorno de una melodía de jazz de ascensor que lo cubre todo.
La película por síntoma, termómetro infalible: quizás inútil por no explicarse, pero sin duda preferible a la machaconería tramposa de determinado cine social.