'Backrooms', Lacan explicado a los friquis del terror

'Backrooms', Lacan explicado a los friquis del terror Elastica

Cine

De los íncubos de 'Planeta prohibido' a los espacios liminales de 'Backrooms': 100 años de terror en el diván

El psicoanálisis es la disciplina perfecta para saber qué dice sobre nosotros el cine de Hitchcock, Val Lewton y jóvenes como Curry Baker.

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Dos recientes éxitos del nuevo cine de terror se muestran descaradamente influidos e incluso basados en ciertas derivas modernas del psicoanálisis. En concreto, su versión postestructuralista ejemplificada por Lacan.

Tanto Backrooms de Kane Parsons, con su exploración de amenazadores espacios liminales producto de la violenta frustración de su protagonista, quien encuentra en ellos un doble monstruoso dispuesto a sustituirle; como Obsession de Curry Baker, con su irónica consumación del tóxico apetito libidinal del antihéroe masculino por atrapar a su oscuro objeto de deseo, transformándolo en monstruo que escapa a su control, cumplen el axioma freudiano del retorno de lo reprimido.

Un concepto básico del psicoanálisis que se manifiesta aquí a través de las ideas lacanianas sobre Lo Real incognoscible, encarnado simbólicamente en el espacio liminal de las backrooms; y sobre el agalma, el reflejo especular del individuo insatisfecho en su objeto amado, en Obsession.

Si la segunda ofrece una dramedia negra sobre las relaciones tóxicas de pareja, la primera es aún más directa al introducir el personaje de la doctora Kline, terapeuta del protagonista, que penetrará literalmente en su inconsciente.

La teoría lacaniana, esencial para el pensamiento postestructuralista, postmodernista y neomarxista dominante en la intelligentsia académica, es clave para estas dos películas de jóvenes youtubers empollones que han hecho demasiado bien los deberes. Pero psicoanálisis y cine de terror llevan juntos prácticamente desde sus inicios.

Lo siniestro

Antes de que Freud introdujera en 1919 el concepto de unheimlich (“lo siniestro”), basándose en El hombre de arena de Hoffmann, uno de sus colegas había aplicado ya principios psicoanalíticos a una película de terror. En su libro de 1914 El doble (Sequitur), Otto Rank arranca su “estudio psicoanalítico del Doppelgängercon un análisis de El estudiante de Praga (1913), el filme escrito y dirigido por Hanns Heinz Ewers y Stellan Rye, punto de partida del cine fantástico mudo alemán.

En su seminal ensayo, Rank afirma: “Es posible que la cinematografía, gracias al lenguaje visual que tan bien evoca el mecanismo de los sueños, permita comprender mejor ciertos hechos y relaciones que el escritor a duras penas puede expresar con palabras”. Desde entonces, la aplicación del psicoanálisis al cine en general y al de terror en particular ha proliferado, inmune a su relativo desprestigio.

Si por un lado un sector crítico aplica el psicoanálisis al cine de terror, por otro, el cine de terror ha asimilado y utilizado con frecuencia aspectos populares del psicoanálisis en sus tramas y personajes, con mejor o peor fortuna.

'El estudiante de Praga' (1913), la primera película de terror psicoanalizada

'El estudiante de Praga' (1913), la primera película de terror psicoanalizada Archivo

Desde El gabinete del Dr. Caligari (1920) hasta Backrooms, más de cien años de psicoanálisis se reflejan como en un espejo deforme en las películas no solo de Cocteau o Buñuel, surrealistas afines a este, sino en buena parte de la filmografía de Hitchcock, cuyo Recuerda (1945) pondría de moda un noir freudiano al que se apuntarían el Lang de Secreto tras la puerta (1947) o el Robert Siodmak de A través del espejo (1946), entre otros muchos.

En sus producciones, Val Lewton jugaría con lo psicoanalítico, tanto en La mujer pantera (1942) como en su “secuela” La venganza de la mujer pantera (1944), que cita el libro de la psicóloga estadounidense Frances Wickes The Inner World of Childhood, cuya edición de 1931 fue prologada por el mismísimo Jung.

El film noir se adapta como un guante a la estructura del análisis freudiano, tanto como este lo hace a la del género detectivesco: el paciente es “el caso” que el investigador -el psicoanalista- desentraña escarbando en su pasado, descifrando las pistas que dejan sus sueños y recuerdos reprimidos, hasta desenmascarar al “culpable”, el trauma causante de su neurosis.

Los monstruos del Id

Muchos teóricos ven en la figura del monstruo una representación de conceptos psicoanalíticos como El Otro, Lo Siniestro, El Doble, Lo Abyecto o El Ello, conformando el lado oscuro del legado inconsciente de nuestra infancia.

Vampiros, licántropos, autómatas, alienígenas y demás monstruos sobrenaturales o no -pensemos en los psychokillers, cuya misma denominación les relaciona con la psicología-, resultan eficaces gracias a su asociación con nuestros traumas infantiles, con el universal drama edípico original.

La secuencia onírica de 'Recuerda' (1945) de Hitchcock, la obra maestra del 'noir' freudiano, diseñada por Dalí

La secuencia onírica de 'Recuerda' (1945) de Hitchcock, la obra maestra del 'noir' freudiano, diseñada por Dalí Archivo

Los deseos reprimidos, parafraseando a Goya, se convierten en monstruos cuando la razón dormita en la butaca de cine. Los defensores del psicoanálisis entienden el género de horror como forma privilegiada de acceder al inconsciente para desentrañar sus misterios.

Es el caso de Žižek, filósofo marxista lacaniano para quien, como explica Manuel Pérez Cornejo en su reciente libro Psicoanálisis y Cine (Casimiro): “No es que las películas deban ser comprendidas a través de conceptos psicoanalíticos, sino que, más bien, las películas son el medio por el que tales conceptos pueden ser verdaderamente comprendidos…”. ¿Qué películas elige Žižek para analizar? Psicosis (1960), Tiburón (1975), Alien (1979) o Matrix (1999), entre otras.

También la polémica historiadora del arte Camille Paglia escenifica en su monumental Sexual Personae (Deusto) el dramático combate entre Apolo y Dionisios, entre Eros y Tánatos, entre el principio femenino y el masculino, utilizando tanto a Sade y Nietzsche como a Freud y Jung, examinando películas como Psicosis (A. Hitchcock, 1960), Los pájaros (A. Hitchcock, 1963) o El ansia (Tony Scott, 1983).

Uno de los ejemplos más explícitos del modelo inverso -el cine de terror utilizando el psicoanálisis como instrumento narrativo-, lo encontramos en Planeta prohibido (1956) de Fred M. Wilcox, inspirada en La tempestad de Shakespeare. Aquí, el invisible monstruo que ataca a la tripulación de la nave espacial no es sino materialización del deseo incestuoso reprimido del Dr. Morbius (apropiado nombre) por su hija, desatado por la ciencia alienígena krell.

Siglos antes, los krell crearon una tecnología que daba forma material a sus necesidades, canalizando el pensamiento, aboliendo la esclavitud del trabajo. Pero no contaban con que esa misma maquinaria capaz de hacer realidad sus sueños daría vida también a sus pesadillas, liberando los íncubos del inconsciente, destruyendo su civilización.

La máquina krell y el Monstruo de Id de Planeta prohibido proceden del mismo arsenal psicoanalítico que las trastiendas y el doble de Backrooms. Pero hay una diferencia. La imaginación psicoanalítica del viejo cine de horror, amado por los surrealistas, estaba empapada de erotismo. De fantasmas libidinales y libidinosos.

Planeta prohibido es una orgía de color, fálicas ciudades ciclópeas, robots antropomórficos y astronautas calientes, con Anne Francis en minifalda y un Walter Pidgeon consumido por el deseo incestuoso. Backrooms es una sucesión de espacios vacíos, vaciados de erotismo. El deseo queda reducido a la toxicidad de su protagonista y a su heroína asexual atrapada en un espacio sin sentido.

Mientras Planeta prohibido, Psicosis, Suspiria (Dario Argento, 1977) o Santa Sangre (Alejandro Jodorowsky, 1989), filmes con evidente subtexto psicoanalítico, ofrecen un valor estético y simbólico terapéutico, lúdico y catártico, Backrooms y Obsession se limitan a mostrar el conflicto, subrayando la superficial condena moral de su origen psicosocial. Entre el nihilismo y la corrección política, en lugar de prestarse al análisis, se presentan construidas previamente sobre este análisis.

'Planeta prohibido' (1956), Freud viaja al espacio

'Planeta prohibido' (1956), Freud viaja al espacio Archivo

Difícil imaginar a Jean Ferry, Robin Wood, Žižek o Paglia disfrutando al aplicar sus visiones del psicoanálisis a Backrooms. Porque sus creadores se han adelantado: nos dan el trabajo hecho, masticado y vomitado, sin apenas espacio para el juego interpretativo. Un cine de terror prefabricado con las herramientas del psicoanálisis, no a la manera frívola de Hitchcock o Planeta prohibido, sino con una agenda moral, anula su potencial como instrumento de conocimiento.

En este vaciado acecha el verdadero terror: un vacío absoluto de estética, de erotismo, de catársis, en obras solipsistas, autoconscientes y clausuradas por sus creadores. El psicoanálisis, el gran amigo del cine de terror, puede convertirse hoy en su peor enemigo.