Fotograma de 'The Furious'.
'The Furious': apoteosis del hostiazo o por qué el kung-fu es una forma de danza
Celebrada como una de las mejores películas de acción de los últimos años, esta producción de Hong Kong convierte la violencia salvaje en un espectáculo de precisión coreográfica.
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Sangre, vísceras, martillos, cuchillos y flechas vuelan por la pantalla, pero lo que queda no es una sensación de horror sino de asombro. Como en un ballet, en The Furious cada movimiento parece formar parte de una danza cuidadosamente planificada.
Curiosamente, forma parte también de una familia inesperada. Tres películas recientes han girado en torno a un tema tan espantoso como el secuestro de niños. En Sound of Freedom (2023), el gran éxito impulsado por la derecha religiosa estadounidense, un policía de buen corazón decide saltarse las normas para rescatar a unos menores secuestrados en Colombia.
Weapons (2025), uno de los fenómenos inesperados del año, se adentra en un terreno más fantástico y ambiguo. Su director, Zach Cregger, construye una inquietante metáfora sobre la violencia en Estados Unidos y la forma en que la infancia se convierte en objeto de miedo, manipulación y conflicto político.
Finalmente llega The Furious, una película de Hong Kong que ha conquistado a crítica y público, obtuvo el Premio Especial del Jurado en el Festival de Sitges y se ha convertido en una de las sensaciones internacionales de la temporada. Aquí, que los malos perpetren un crimen tan horrible, sirve con el único propósito de que su maniqueísmo sea aun mas evidente.
La historia sigue a dos hombres muy diferentes. Wang Wei (Miao Xie) es un experto en artes marciales, humilde y mudo. Navin (Joe Taslim) es un profesional urbano cuya vida da un vuelco cuando desaparece su esposa, una periodista de investigación. Ambos comparten una obsesión: encontrar a sus seres queridos secuestrados por una organización criminal. Wang busca a su hija de diez años, víctima de esa red dedicada a actividades grotescas. Navin intenta averiguar qué ha ocurrido con su mujer, desaparecida mientras investigaba el caso.
De bofetada en bofetada
En The Furious la trama es casi lo de menos. La película deja muy claras las reglas del juego desde el principio. No existe crimen más monstruoso que la trata de menores y no hay ninguna ambigüedad moral posible. Los buenos son muy buenos y los malos son monstruosos.
A un lado, dos hombres “comunes” dispuestos a todo por rescatar a sus seres queridos. Al otro, una organización mafiosa de crueldad ilimitada dirigida, cómo no, por un distinguido miembro de la élite que se presenta ante el mundo como un respetable hombre de negocios.
Vemos un Hong Kong de callejones húmedos, edificios desvencijados y barrios populares, muy alejado de la imagen reluciente que suele exportar la ciudad, la película hace honor a su título. Una ciudad en la que hablan indistintamente en chino y en inglés debido a su pasado y su aun hoy peculiar estatus político en la gran nación de régimen comunista.
Los diálogos son mínimos y funcionales porque el auténtico protagonista es el movimiento. Lo que propone es una sucesión casi ininterrumpida de peleas, persecuciones y enfrentamientos cada vez más espectaculares.
Y ahí reside buena parte de su grandeza. La violencia es extrema, pero nunca llega a doler. Sabemos en todo momento que estamos dentro de un universo de ficción gobernado por sus propias reglas y no ante una representación realista del sufrimiento. Los personajes reciben castigos imposibles, sobreviven a caídas mortales, atraviesan muros, siguen peleando cubiertos de sangre y continúan avanzando cuando cualquier ser humano habría quedado fuera de combate hace mucho tiempo.
Fotograma de 'The Furious'.
El dolor, cuando aparece, también forma parte del espectáculo. No está concebido para transmitir horror o compasión, sino para engrandecer la figura del héroe. Cuanto más aguanta, más admirable resulta. Cuanto más castigo recibe, más crece la leyenda. Como ocurría en las grandes películas clásicas de artes marciales, el sufrimiento se convierte en una prueba épica que el protagonista debe superar para alcanzar su objetivo.
Por eso The Furious no es realista ni pretende serlo. Funciona más cerca del cómic, la mitología o incluso la danza que del thriller criminal. Lejos de evitar los tópicos, los abraza sin complejos. Hay policías corruptos, mafiosos despiadados, conspiraciones criminales y héroes prácticamente indestructibles. Pero precisamente gracias a esa simplicidad narrativa puede concentrarse en lo único que realmente le interesa: la acción.
Dirigida por Kenji Tanigaki, veterano especialista en kung-fu, acrobacias y escenas de riesgo, la película es una celebración sin coartadas de las posibilidades físicas y visuales del cine de acción. En sus mejores momentos, y hay muchos, alcanza un grado de precisión y energía sencillamente sensacional.
Porque si algo demuestra The Furious es que el kung-fu, llevado a su máxima expresión cinematográfica, puede parecerse mucho a una forma de danza. Una danza brutal, exagerada y delirante, pero danza al fin y al cabo.
The Furious
Dirección: Kenji Tanigaki. Guion: Frank Hui, Zhilong Lei, Tin Shu Mak, Kwan-Sin Shum. Intérpretes: Xie Miao, Joe Taslim, Yang Enyou, Brian Le, Joey Iwanaga, Sahajak Boonthanakit, Yayan Ruhian, Jija Yanin. Año: 2026. Estreno: 12 de junio.