Olivier Assayas, en el rodaje de 'El mago del Kremlin'. Foto: Carole Bethuel / DeAplaneta
Olivier Assayas estrena 'El mago del Kremlin': "Putin puso en marcha el motor de la deriva autoritaria actual"
El director francés retrata en su nueva película a Vladislav Surkov, el ideólogo en la sombra del régimen de Putin, al que da vida Jude Law.
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A lo largo de su carrera, Olivier Assayas (París, 1955) ha retratado a varias figuras políticas controvertidas, como Ilich Ramírez Sánchez en Carlos (2010) y el quinteto de espías conocidos como los Cinco de Cuba en La red avispa (2019). Ahora, en El mago del Kremlin, que llega a las salas este viernes, pone el foco en el ascenso de Vladímir Putin (Jude Law), aupado por su ideólogo en la sombra Vladislav Surkov (Paul Dano).
La diferencia con respecto a las precedentes es que el realizador francés sintió aquellas como películas históricas, donde, más allá del velo político, palpitaban historias humanas. Aquí desentraña la reinvención del poder en la era moderna y sus derivadas en el totalitarismo actual.
Pregunta. ¿El poder es siempre sexo?
Respuesta. Yo nunca he intentado presentarlo así. Más bien he querido mostrar su crueldad, pero cada cual es libre de sentirse seducido por la brutalidad. Lo que me apasionó del libro homónimo de Giuliano da Empoli que hemos adaptado es que habla del poder de una manera novedosa, sincrónica con las mutaciones profundas y perturbadoras de nuestro tiempo.
P. Después de una película tan instructiva, ¿comprende mejor la geopolítica actual?
R. Lo que he aprendido es que Putin puede hacer exactamente lo que ha anunciado que hará. Sus objetivos estratégicos son simples: restaurar la zona de influencia de la antigua Unión Soviética.
» No soy un experto en política, pero sé que, si algún día quisiera invadir los países bálticos, podría hacerlo en dos horas. Técnicamente no disponemos de los medios para oponernos. Eso está muy presente en Letonia, donde precisamente rodamos.
P. A Surkov le han llamado tanto el poeta del poder como el Rasputín de Putin. ¿Cuál cree que lo describe mejor?
R. Yo aludiría al mago de Oz: alguien que da miedo, que parece controlarlo todo, pero que en realidad opera tras una cortina de humo y es todo apariencia. Cuando empecé a trabajar en el guion con Emmanuel Carrère, quisimos reflejar la sombra de Surkov. No buscábamos que Paul Dano lo imitara, sino que queríamos analizar lo que representa intelectualmente.
P. Desde su punto de vista, ¿en qué medida se aproximan sus dinámicas a las de Donald Trump?
R. Es difícil comparar personalidades tan distintas. Sabemos lo mucho que se ha alejado de la democracia la Rusia de Putin, y lo que él ha puesto en marcha es el motor de la deriva autoritaria actual. Cada vez hay más dirigentes que construyen su estrategia a partir de ideas que se forjaron en ese entorno. Es como un software que, en un momento dado, se volvió libre, al que todo el mundo tiene acceso.
»Me aterra ver cómo el sistema democrático estadounidense se descompone ante nuestros ojos. Y me preocupa especialmente la debilidad de la oposición. Siempre he tenido aversión por Donald Trump, pero no imaginaba hasta qué punto iría tan lejos a la hora de asumir una lógica que puede calificarse de ‘pugilista’.
P. A diferencia del maniqueísmo de la política de bloques, aquí el bien y el mal se confunden.
R. No creo en la ambigüedad del mal. El mal es el mal, pero quien lo encarna es un ser humano. Y no se puede deshumanizar a nadie, porque entraríamos en el terreno de la mentira. Tuve muy presente a George Orwell durante el rodaje: él decía que temía encontrarse con sus enemigos y apreciarlos.
P. ¿Tuvo entre sus referencias cinematográficas alguna película de la Guerra Fría?
R. Puede parecer paradójico, pero pensaba en El ascenso de Luis XIV (1966) de Roberto Rossellini, ya que las técnicas contemporáneas de propaganda se construyen sobre modelos parecidos a los que utilizó el Rey Sol para consolidar su poder.
P. ¿Por qué ha rodado en inglés?
R. No fue una elección, sino una condición. Me habría gustado rodarla en ruso y en Rusia, pero era imposible. Tampoco podíamos trabajar con actores de allí, porque habrían sido vetados. Por su ambición y presupuesto, o la hacíamos en inglés o no la hacíamos. La presión fue más económica que de autocensura. La ventaja del inglés es que aporta universalidad.
P. ¿Qué criterio siguió en la elección de los actores?
R. Con Paul Dano fue evidente desde el principio: para Surkov necesitaba un actor estadounidense con notoriedad, creíble tanto en su versión joven como madura. Además, Paul tiene algo eslavo que aporta veracidad.
»Jude Law, por su parte, no se parece tanto a Putin, pero podía reinventarlo desde dentro, en su complejidad. Hizo un trabajo extraordinario: en ciertos momentos introduce una semejanza muy perturbadora.
Jude Law y Paul Dano en la película.
Esperanza aplastada
P. El mago del Kremlin muestra el momento posterior a la disolución de la Unión Soviética, caótico pero lleno de esperanza.
R. No soy especialista en Rusia, pero estuve allí a principios de los 90 y conocí a jóvenes estudiantes llenos de fe en el futuro. Luego su esperanza fue aplastada por el poder ‘pugilista’.
P. ¿Queda algo de esperanza?
R. Siempre hay esperanza, pero Rusia es un país donde se asesina a opositores y se practica la censura. No se respira libertad. Pero, aunque ahora asistimos a lo peor, también puede surgir algo bueno que hoy tampoco imaginamos.
P. ¿Qué le despertaría optimismo?
R. Por ejemplo, si el régimen de los mulás cayera en Irán. Siento la mayor admiración por figuras como Alekséi Navalny, que para mí representa el heroísmo en Rusia. La valentía de la oposición es una razón para mantener la fe en el futuro del país. Pero no soy yo quien debe dar consejos desde la comodidad de un hotel en París.