Carmen Machi y Paco León en la película ‘Aída y vuelta’.

Carmen Machi y Paco León en la película ‘Aída y vuelta’.

Cine

La arriesgada pirueta de Paco León en 'Aída y vuelta': una película que necesita a la serie pero podría alejar a sus fans

El cineasta y actor lleva el humor al límite en este filme, protagonizado por Carmen Machi. No hay asunto, por espinoso que sea, que no valga una sátira.

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Conviene señalarlo antes de destacar los logros de Aída y vuelta. Paco León, el director, había dejado claro que "no es un capítulo largo de Aída". Y es cierto, pero también lo es que esta película sobreviviría a duras penas –o, si se prefiere, tendría mucho menos sentido– sin la existencia de una serie tan popular como lo fue esta sitcom que enganchó a miles de espectadores desde 2005 hasta 2014.

Dicho de otro modo: el espectador que no ha visto al menos unos pocos capítulos de Aída difícilmente disfrutará como debiera de una película que, decíamos, presenta varios focos de interés. Al mismo tiempo, corre el riesgo de que los seguidores de la serie no encuentren lo que tal vez esperan.

Paco León, que interpretaba a Luisma, ha rescatado el universo del ficticio barrio de Esperanza Sur –el atrezo, por cierto, es calcado– y al elenco principal de la serie. Solo falta Ana Polvorosa, que declinó la propuesta. El director, que también comparte labores de guionista con Fer Pérez, imagina que la serie habría continuado tras su desenlace real en 2014.

Ahora estamos en 2018, en plena eclosión del Me Too, y, aunque el final se avista, los productores pretenden renovar la serie por una temporada más. Pero no están dispuestos a hacerlo sin Carmen Machi (Aída), la protagonista.

No está de más recordar que la actriz abandonó la serie en 2009 y, desde entonces, sus apariciones fueron intermitentes, por lo que quizás el conflicto que preside la trama no solo corresponde a la ficción, sino que en lo mollar arraiga en la realidad. En todo caso, una y otra, realidad y ficción, se amalgaman para dar forma a una película meta que, bajo el recurso del mise en abyme –historia dentro de una historia–, se inmiscuye en la trastienda del rodaje de un capítulo, que podría ser el último de la serie.

Los planos secuencia potencian la dimensión metaficcional gracias a las distintas situaciones que propicia un set de rodaje. El trabajo coreográfico es admirable –también lo es el sonido y la selección de canciones– y el ritmo trepidante, imprescindible en una comedia coral de estas características, resalta la sensación de naturalidad que transmite.

Encontramos a una Aída superada por su personaje, al que necesita dejar atrás para afrontar nuevos proyectos, lo que desencadena situaciones tan hilarantes como amargas. Acude a una psicóloga que la anima a beber y que, a tenor de su comportamiento, no está mucho más estable que ella. Por otro lado, las tensiones con el equipo ejecutivo de la serie se proyectan también en el reparto, y de este modo calibramos la feroz competencia en el seno de la industria.

Además de Paco León y Carmen Machi, se interpretan a sí mismos Eduardo Casanova (Fidel), Mariano Peña (Mauricio Colmenero), Marisol Ayuso (Eugenia), David Castillo (Jonathan), Melani Olivares (Paz), Pepa Rus (Macu), Secun de la Rosa (Toni), Canco Rodríguez (Barajas), Óscar Reyes (Machupichu),…

También Miren Ibarguren, cuyo personaje (Soraya) es especialmente relevante, y Pepe Viyuela (Chema), que encarna a su pareja en la serie. Sorprende, en su caso, el papel residual al que ha sido relegado en esta película el carismático tendero.

De la trama en la que se ve envuelta Soraya se desprenden algunas de las cuestiones más incómodas que plantea la película. Sabíamos de la audacia –y la destreza– de Paco León en estas lides, y vuelve a salir incólume del intrincado laberinto en el que él mismo se abisma.

La perspectiva cómica de una situación desagradable nos remite a la aspereza de Carmina o revienta (2012), su ópera prima, y Carmina y amén (2014), su secuela, aunque aquí el riesgo es aún más extremo, pues se trata de un caso de violencia sexual. No faltan dosis de negrura: que el agresor sea un discapacitado, el único del reparto, es una decisión realmente intrépida. Sobre el humor y sus límites reflexiona a lo largo de todo el metraje, si bien tiene la delicadeza de exponer todas las aristas sin separarse de la víctima.

Paco León, además, encara la sexualidad –la subtrama de Eduardo Casanova– desde la mirada desprejuiciada, como hiciera en la irresistible Kiki, el amor se hace (2016), y no tiene reparos en satirizar, a propósito, los discursos moralizantes a menudo vacíos de contenido.

Amén del divertido cameo de Isabel Coixet, que solo comparece con su voz al otro lado del teléfono, sería injusto no poner de relieve la capacidad actoral de todo el elenco, pues prácticamente cada uno de ellos se somete al menos una vez al ejercicio de interpretar a dos personajes –el que supuestamente les identifica, aunque (huelga decirlo) está sujeto al guion, y el que encarnan en la serie– en la misma secuencia; o sea, en cuestión de segundos.

Una pena que el conflicto de la trama principal –la continuidad de la serie con Carmen Machi o sin ella– se resuelva de un modo tan atropellado e inverosímil: por el momento en que se anuncia y por el impacto que tiene sobre los personajes, que ya no tienen tiempo para exteriorizarlo. Aunque quizás la sensación un tanto fría que nos deja no radica tanto en este desarreglo; lo que lamentamos, en realidad, es que el guion cojee precisamente en el último tramo.

Podemos hablar de dos finales en Aída y vuelta: uno, al que llamaremos final colectivo, demasiado previsible; y otro, el verdadero cierre, que atañe solo a la protagonista y refleja con enorme elocuencia las dos caras del éxito. No hacemos spoiler si decimos que la dignidad prevalece en ambas situaciones. Paco León subraya algunos de los temas sociales más candentes, pero donde de verdad pone el acento es en una causa atemporal: el ser humano.