Béla Tarr. Foto: David Zorrakino / Europa Press

Béla Tarr. Foto: David Zorrakino / Europa Press

Cine

Muere a los 70 años el cineasta húngaro Béla Tarr, icono del cine europeo independiente

Algunas de sus películas más celebradas, como 'Sátántangó' y 'El caballo de Turín', surgieron de colaboraciones con el nobel László Krasznahorkai.

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El cineasta húngaro Béla Tarr ha fallecido este martes a los 70 años. Figura imprescindible del cine europeo, dirigió la película Sátántangó (1994), de siete horas de duración, sobre el declive del comunismo en el viejo continente, y El caballo de Turín, desolador drama en blanco y negro reconocido con el Gran Premio del Jurado en el Festival de Berlín. 

Los dos filmes son adaptaciones de las novelas de su compatriota László Krasznahorkai, último galardonado con el Nobel de Literatura, con el que realizó hasta seis proyectos. Krasznahorkai participó también en los guiones de La condena (1988) y el cortometraje documental El último barco (1990), sobre Budapest, basado en un cuento homónimo del escritor.

Más tarde colaborarían en Armonías de Werckmeister (2000), inspirada en la novela Melancolía de la resistencia, también de Krasznahorkai, y en El hombre de Londres (2007), sobre la novela homónima de Georges Simenon.

Desde 1997 fue miembro de la Academia Europea de Cine, que le distinguió con el Premio de Honor en 2024. Nido familiar (1978), El intruso (1981), Gente prefabricada (1982) y Almanaque de otoño (1984) son otras de sus películas más importantes. 

Nacido en 1955 en Pécs (Hungría), comenzó su carrera como director amateur. Poco después trabajaría en Balázs Béla Stúdió, el taller de cine experimental más prestigioso del país. Ahí tuvo lugar su debut como director de cine, aunque en aquel momento se tomaba el oficio como un hobby; Tarr quería ser filósofo.

El cineasta se formó, no obstante, en la Színház- és Filmmuvészeti Egyetem, la Academia de Teatro y Cinematografía de Budapest, entre 1977 y 1981. Fue uno de los fundadores de Társulás Filmstúdió en 1981. Tras su cierre, en 1985, siempre encaró todos sus proyectos como director independiente.

Entre 1989 y 1990 vivió en Berlín, al ser invitado por el Berliner Künstlerprogramm des DAAD, el Programa de Artistas en Berlín del DAAD (Servicio Alemán de Intercambio Académico), y desde 1990 trabajó como profesor adjunto en la Deutsche Film- und Fernsehakademie Berlin (DFFB, Academia Alemana de Cine y Televisión de Berlín) de Alemania.

En 2003 fundó TT Filmmuhely, un taller de cine independiente del que fue director hasta 2011, año en el que decidió no volver a dirigir. "No hay razón para dirigir más películas. Todas las historias están en el Antiguo Testamento. La cuestión es cómo volver a contarlas", dijo en una entrevista con El Cultural en 2019.

Un año después del estreno de El caballo de Turín, puso en marcha en 2012 la Escuela Internacional de Cine de Sarajevo, de la que también fue director y profesor. Fue, además, merecedor de la Legion de Honor francesa, y miembro de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMPAS) de Estados Unidos desde 2018.

En su país obtuvo numerosos reconocimientos. Fue presidente de la Asociación de Cineastas Húngaros, miembro de la Academia Széchenyi de Artes y Literatura, y recibió el Premio Kossuth, una de las distinciones más prestigiosas, y el Premio Balázs Béla, que distingue a los mejores directores en Hungría.

Además de sus películas, sobre las que aplicó un notable impulso artístico, en 2017 estrenó una exposición para el Museo del Cine EYE en Amsterdam. Till the End of the World era una mezcla de cine, teatro e instalación artística en la que latía lo poético, lo filosófico y lo político, a propósito de la delicada situación de los refugiados en Europa.

En 2019 exhibió un proyecto entre el teatro, el cine y la instalación multimedia titulado Missing People, en el que con un enfoque documental retrataba la miseria oculta en Viena. Él mismo la definió como una Gesamtkunstwerk, una obra de arte total.

Tarr se expresó siempre sin tapujos en cuestiones de política internacional. Respecto al comunismo, dejó claro en aquella entrevista con El Cultural que no echaba de menos nada. "Me robó 40 años. Y quiero dejar claro que aquello no fue comunismo, sino un trozo de mierda feudal", aseveró.

Asimismo, se mostró especialmente descreído con el momento político actual. "Me fastidia lo que Trump, Putin y Erdogan están haciendo. Sé que estos tipos pueden destruir nuestras vidas, pero es culpa nuestra, porque los elegimos en las urnas", dijo.

Con todo, "no soy un cineasta político, solo tengo sensibilidad social", explicó en su última visita a Barcelona, en 2024. Eso sí, "evidentemente odio a los fascistas". En aquella rueda de prensa habló de su propio cine: "Las películas no son historias o cuentos de nada. Para mí, son tiempo y espacio… Nuestra vida pasa en el tiempo y el espacio, algo que ignoran la mayoría de las películas". 

Apichatpong Weerasethakul, Carlos Reygadas, Jim Jarmusch, Guy Maddin y Pedro Costa eran sus cineastas contemporáneos preferidos, según manifestó en distintos momentos de su vida.

Precisamente en una conversación con Apichatpong durante los Encuentros de Pamplona de 2024, Tarr aseguró que no utilizaba guiones de más de cinco páginas. Lo relató en su columna de cada viernes en El Cultural (Las dos inglesas) el escritor y guionista Manuel Hidalgo, que había presenciado el acto. En el mismo encuentro, Béla Tarr recomendó a los cineastas que no escribieran nunca un guion convencional.