Image: Gus Van Sant resucita a Kurt Cobain

Image: Gus Van Sant resucita a Kurt Cobain

Cine

Gus Van Sant resucita a Kurt Cobain

El Cultural charla con el realizador de Last days, filme que rememora al líder de Nirvana

21 junio, 2007 02:00

Gus Van Sant

En los últimos tiempos, Gus Van Sant ha recuperado el espíritu indómito que hizo de él una leyenda del cine de autor. Last Days, que finalmente llega mañana a las pantallas españolas, es una de sus mejores y más valientes películas. Se trata de una fantasía muy personal que nace como homenaje a uno de los mitos juveniles más influyentes de los últimos 20 años, el desaparecido líder del grupo Nirvana, Kurt Cobain. El Cultural habló con el cineasta estadounidense, y el escritor Montero Glez ofrece su particular visión sobre el mítico rockero.

Dos mitos del underground se dan cita en Last Days, la extraordinaria, arriesgada y atípica película que Gus Van Sant le ha dedicado a Kurt Cobain, inventor del fenómeno "grunge" (que pasó de estilo musical a convertirse en toda una forma de vida) y cadáver fetiche para toda una generación después de que se suicidara el 4 de abril de 1994 pegándose un disparo en la boca. Una muerte que alcanzó un elevado grado de simbolismo para quienes eran jóvenes por aquella época ya que Cobain, con su aspecto desaliñado y sus melodías rockeras, estaba considerado como el paladín de una nueva hornada de músicos (y sus millones de fans detrás) que reivindicaban la pureza del rock and roll frente al mercantilismo que había dominado la música popular en los 80. La suya fue una revolución efímera y lo cierto es que desde entonces (y han pasado ya más de 13 años) ninguna muerte ha logrado alcanzar semejante categoría de leyenda, que el tiempo no ha disminuido sino que parece haber incluso fomentado.

Gus Van Sant le ha dedicado a Cobain una película en la que no sólo no cuestiona el mito sino que lo refuerza, ostensiblemente en una escena final que conviene no desvelar pero que revela hasta qué punto su mirada sobre el protagonista es la del entusiasta admirador presto a fabricar una nueva mitología contemporánea. Desde esta perspectiva, Van Sant teje un filme extraño y bellísimo en el que las fronteras entre la realidad y la leyenda se confunden para dar con una fantasía entre lo crudo y lo onírico que sirve como homenaje conjunto a todas esas almas bellas que murieron demasiado pronto por vivir demasiado deprisa. El filme, además, se inscribe en la última etapa de la filmografía de su director, marcada por la atención a la juventud y la toma de riesgos formales. El Cultural tuvo ocasión de charlar con Van Sant en la terraza del Hotel Ritz Carlton de Cannes. Más allá de su fama como hombre circunspecto y tímido, el cineasta se mostró extremadamente locuaz y dicharachero.

Encuentro en Portland
-Usted conoció a Kurt Cobain personalmente. ¿Qué puede contarnos de aquel encuentro?
-Cuando estaba preparando Ellas también se deprimen (1993) me contactó para que incluyera en el reparto a un amigo suyo. También hablamos de una posible colaboración conmigo en una película, pero al poco murió. En realidad, personalmente sólo nos vimos una vez en mi casa de Portland. De todos modos, Last Days no es una película sobre Kurt Cobain en el sentido de que busque el rigor histórico sobre el personaje o los acontecimientos que precedieron a su muerte. Lo cual no quita que, por respeto a su memoria, la preproducción fue hablada con Courtney Love (viuda del artista) y la película acabada fue proyectada para Krist Novoselic, el bajo de Nirvana. Pero no estamos hablando, ni mucho menos, de un biopic al uso.

-¿Ah, no? ¿Entonces qué es?
-No es una película sobre Kurt sino para Kurt. Y a partir de él, he querido erigir una suerte de epitafio para todos mis amigos que han desaparecido. Uno sería River Phoenix, quien estuvo en Mi Idaho privado y que fue una fuente de inspiración para crear al personaje protagonista. Y Elliot Smith, que hizo la banda sonora para Good Will Hunting y se suicidó en 2003. Sobre todo, he evitado el tradicional melodrama basado en una vida turbulenta hecho expresamente para la gran pantalla, todos me parecen horribles.

- ¿Sin excepción?
- Bueno, Basquiat (Julian Schnabel,1996, sobre el famoso pintor neoyorquino de los 80) me pareció interesante. Y 24 Hour Party People (Michael Winterbottom, 2002, sobre el malogrado líder de la banda Joy División Ian Curtis), es buena.

Este año en Cannes, el fotógrafo holandés especializado en rock Anton Corbijn presentó Control, una nueva vuelta de tuerca a la trágica peripecia de Curtis. Ambas películas tienen muchos elementos en común: la fascinación que ejercen las estrellas que mueren jóvenes y en trágicas circunstancias, algo así como una especie de martirio contemporáneo. Aunque Last Days y ese filme de Corbijn no son los únicos recientes que se centran en las azarosas vidas de músicos torturados. Aún está en cartelera La vie en rose, excelente biopic sobre la muy desgraciada Edith Piaf dirigido por el francés Olivier Dahan. Recientemente, Reese Witherspoon ganó un Oscar a la Mejor Actriz por su trabajo en un filme sobre Johnny Cash, En la cuerda floja (2005). Un año antes, Jamie Foxx hacía lo propio en la categoría masculina gracias a su espléndida actuación en Ray, donde daba vida a Ray Charles. Y los estrenos por llegar se amontonan. En otoño por fin veremos el delirio de Todd Haynes (Lejos del cielo) sobre Bob Dylan, último Príncipe de Asturias de las Artes. La película se llama I’m not there y tiene la peculiaridad de que el papel de Dylan está interpretado por seis actores distintos, entre los que destaca la presencia de ¡Cate Blanchett! Hay más, como El cantante (que también veremos en otoño), en la que Marc Anthony se mete en la piel del rey de la salsa en los 70, Héctor Lavoe, otra alma torturada. En fase de producción hay proyectos sobre Jeff Buckley, Aretha Franklin, Bob Marley y Miles Davis. Todos ellos reinciden en un patrón parecido: la autodestrucción y la fama como una combinación letal.

Vidas trágicas
-¿Por qué las estrellas de la música con severos problemas ejercen esa fascinación sobre nosotros?
-Kurt Cobain, Brian Jones, Janis Joplin, Jimmy Hendrix, Jim Morrison, Jack Kerouac, John Lennon, Tupac Shakur, Elvis Presley, Freddy Mercury, Keith Moon, James Dean...quemaron sus vidas y hay algo en ello que eleva lo que fueron sus existencias. Todos murieron en trágicas circunstancias, asesinados, por sobredosis o por suicidio. Para mí, sus psiques debieron ser extraordinarias y también, muy heridas.

Un camino breve e intenso

-La película apenas contiene trama, diálogos o detalles de personajes. Es más conceptual que una narración clásica lineal.
-Quise que el filme se viera como una abstracción, no una plasmación literal de los últimos días de una torturada estrella de la música. Al principio, he de confesar que tenía mucho de biografía, pero me di cuenta de que era el camino equivocado. Explicar una vida es imposible. Se trata de los días perdidos de una existencia breve e intensa. No había guión ni estructura, todo se hacía en equipo. Es una forma de trabajar que ya ensayé con mi anterior filme, Gerry (aún inédito en España). Nos fuimos al desierto y simplemente, rodamos. Todos los descubrimientos se producían durante la filmación y eran ellos los que determinaban el camino que seguiríamos después.

-¿Rodó en continuidad?
- Sí, siempre trabajo así.Y el montaje lo hacíamos de noche, al final de cada jornada y era el material el que lo dictaba. Creo que es una forma de rodar que invita más a los espectadores a participar en el momento de ver la película, porque desde su propia concepción se ha planteado como una obra colectiva, en la que todo el mundo tiene derecho a participar.

-El filme no ofrece respuestas al enigma de aquella muerte.
- Nunca lo pretendí. Quise que el misterio de aquel hombre joven permaneciera. Last Days es una colección de "tableaux" ni siquiera editados a la manera tradicional. No quiero imponer ángulos ni puntos de vista. Es un ejercicio de libertad total.

Tras unos años en que Gus Van Sant parecía haber perdido el pulso autoral, en los últimos tiempos su filmografía ha despegado de una forma asombrosa. El cineasta ya despuntó en su debut, Mala noche (1985), una película que ha alcanzado la categoría de leyenda para los cinéfilos españoles y que dejará de ser inédita en nuestro país el próximo 20 de julio, cuando por fin se estrene comercialmente. En la misma pueden observarse muchos de los rasgos que acabarían definiendo el mundo del cineasta: los ambientes marginales, la obsesión por la juventud como etapa más intensa de la vida o una cierta estética punk que casaba muy bien con la revolución que protagonizaban por aquel entonces bandas de Nueva York, como Los Ramones.

Cuatro años después llegaría Drugstore Cowboy, inmersión en el mundo de los camellos de poca monta y los yonquis, que se situó desde su estreno como una de las películas fundamentales de la década de los 80. Los primeros síntomas de agotamiento llegaron tras una de sus indiscutibles obras maestras, Mi Idaho Privado (1991), hermoso filme en el que relataba la vida marginal de dos chaperos interpretados por Keanu Reeves y el malogrado River Phoenix. Fue entonces cuando, de forma sorprendente, encadenó un desaguisado detrás del otro: la absurda Ellas también se deprimen (1993); la simpática pero convencional El indomable Will Hunting (1997); el despropósito de Psicosis (1998) o la ñoñez de Buscando a Forrester (2000).

Innovación y vanguardia
Por ello, nadie se esperaba que Van Sant fuera a realizar una película tan innovadora como Elephant, que ganó la Palma de Oro en Cannes en 2003. Antes, la citada Gerry (2002) marcaba ese nuevo camino que culmina con esta Last Days, que lo devuelve a sus inicios proyectando, paradójicamente, su filmografía hacia el futuro y la vanguardia. Queda por ver en España Paranoid Park (2007), su último trabajo, en el que se introduce en el mundo de los adolescentes que practican skate.
-¿Está de acuerdo con la idea de que Gerry, Elephant y Last Days forman una trilogía sobre la muerte? ¿Encuentra muchos elementos comunes entre ellas?
-Sí... de alguna manera. Las tres se rodaron con apenas dinero y un reducido equipo. Y los jóvenes mueren, pero es que ahora mismo hay mucha muerte en nuestro mundo. Cuando yo era un chaval, el miedo a la extinción se reflejaba en la guerra fría y las consecuencias de la bomba nuclear. Hoy en día, vivimos aterrorizados por las reacciones del universo al efecto invernadero. Es la plaga bíblica de nuestro tiempo: inundaciones, incendios, tsunamis...
- ¿Es la búsqueda del éxito a cualquier precio otra plaga de hoy?
- Sí, porque la fama trae como consecuencias inmediatas la alienación, la soledad, las drogas, la depresión, la angustia...la fama efímera es un asunto muy cruel.

Esperanza final
-Al final de Last Days, como al principio, resuena con fuerza La Guerre, un canto coral francés del siglo XIV. ¿Por qué esa elección?
-Es una música que reverbera una cierta esperanza final. Es una música de paz para el espíritu que nos ha abandonado. Es una música que me inspira un sentimiento de liberación catártica. Con ese canto he querido sugerir que hay un alma que se eleva.
-¿Es su película más "religiosa"?
-En cierta manera, sí.
-¿Usted mismo se considera una persona religiosa?
-Uhmmm...Fui episcopaliano, un baptista de Kentucky. Fui todos los domingos a la Iglesia hasta los 14 años. En Estados Unidos el sentimiento religioso es mucho más poderoso que en Europa. Aunque hoy en día me considero un agnóstico que simpatiza con el budismo.
Como de costumbre, Van Sant ha contado con un numeroso reparto juvenil comandado por Michael Pitt (modelo de Armani, líder de la banda de rock Pagoda, protagonista de los Soñadores de Bernardo Bertolucci y actualmente en cartelera con Delirious), Asia Argento, Lukas Haas, Scott Green, Nicole Vicius, Harmony Korine, Ricky Jay y Andy Friberg, entre otros. Todos ellos forman parte de una generación de artistas afincados en Nueva York, algunos muy ligados al mundo de las tendencias, que ejercen como popes de la modernidad en la Gran Manzana. En estos días, y aún reciente una nueva matanza juvenil en Estados Unidos, el trabajo antropológico que Van Sant viene realizando sobre el mundo de los jóvenes y adolescentes cobra un simbolismo especial.
-¿Es Asia Argento su interpretación de Courtney Love?
-No, en absoluto.
-¿Constituyó el rodaje una experiencia dolorosa para Michael Pitt?
-No. Me gustó de él su mezcla de delicadeza e intensidad. No hablamos mucho de Blake, su personaje. Somos vecinos en Nueva York y estuvimos charlando durante todo un año. Se convirtió en Blake y, de hecho, las canciones que interpreta son composiciones propias. Actuó con entera libertad. Y, si se fija, toca la guitarra con la mano derecha y Kurt era zurdo. Quizá mi única sugerencia fue el aspecto de su pelo...(Sonrisa).

Con el dedo en el gatillo

por, Montero Glez

Era joven y tenía todas las posibilidades para convertirse en un bonito cadáver. Sin embargo prefirió pegarse un tiro en la boca. Como dijo su viuda, Kurt Cobain no era más que un gilipollas. Otra cuenta de rosario para una letanía que arranca con Brian Jones, el de los Rolling Stones que se ahogó en una piscina, y que sigue con la Janis, el Morrison y demás gargantas matadas en su propio vómito. Con esta sarta por delante y el cabello oxigenado por cima de las orejas, no es de extrañar que Kurt Cobain llegase más lejos que sus antecesores. Hasta que al chaval le dio por tirar de gatillo, la vena de Sid Vicious había sido el último misterio. Desde muy chico despuntó en la materia. Resulta que se esmeraba más en pintarse los ojos delante del espejo que en rascar la guitarra. O por lo menos eso es lo que indican los cuatro acordes borrosos que tocaba con la dejadez del que no puede con tanto peso sobre los hombros. Ufff. A los buitres de la industria fonográfica les vino como anillo al dedo ¿A qué dedo? Pues al mismo que hoy utiliza su viuda para mojarlo en saliva y hacer recuento. Balance positivo a favor del abanderado de un estilo musical que olía a pies y que algún listo bautizó con nombre de chocolatina: Grunge. Como envoltorio escogieron la imagen del niño rebelde que se enfada con el cajero automático porque no le quiere servir más dinero. "Lo sentimos. Ha excedido su límite en el día de hoy". Y pumba, viene la depre y rompo mi guitarra y en ese plan llega su primer éxito, un monólogo interior con marca de cosmético. En resumidas cuentas, Cobain fue un neurótico que se quiso escapar de la mano invisible que regula los mercados y acabó en la revista Forbes después de muerto. En su ascenso superó al mismísimo Elvis, aquel rey que una noche de calor se ahogó con una pastillita adelgazante. Sin punto de comparación, Kurt Cobain tuvo el gusto de ajustarse el cañón a la boca antes de apretar el gatillo. La verdad es que podría haber dejado un bonito cadáver pero prefirió dar trabajo a un forense que hizo lo que pudo bajo la mortecina luz del depósito.