Cine

Los derechos del creador

Carlos Benpar estrena Cineastas en acción, segunda parte de su apasionada defensa por el respeto de la obra fílmica

14 septiembre, 2006 02:00

Thomas Vinterberg

Segunda parte del documental Cineastas contra magnates, se estrena ahora Cineastas en acción, película con la que Carlos Benpar sigue denunciando los abusos sobre las obras cinematográficas. Con los testimonios de directores de toda época y nacionalidad, el filme es una defensa acérrima del Derecho Moral del cineasta.

Determinados proyectos audiovisuales sorprenden (gratamente) por su sola existencia, porque si ya resulta increíble su concepción y producción, es de todo punto inimaginable que alcancen las salas cinematográficas en los tiempos que corren, mercantilizados hasta la extenuación, entregados al vellocino de oro de las taquillas y los dividendos. Si, además, estos proyectos tienen sus secuelas, el pasmo es doblemente agradecido. Es el caso de la doble propuesta del director Carlos Benpar, una contundente denuncia filmada contra los magnates y manipuladores de la obra cinematográfica, que inició el año pasado con la película Cineastas contra magnates y retoma ahora con su segunda parte, Cineastas en acción.

Siguiendo las mismas pautas formales que su predecesora (no es un "documental de creación", como los llaman ahora, sino una narración de cabezas parlantes, cuyo destino natural quizá debería ser la television, pero cuyo estreno en salas es reconfortante), la película no sólo recoge esta vez testimonios de cineastas que han sufrido todo tipo de desaguisados con sus películas (desde la coloración hasta el doblaje), sino la de aquellos que han tomado medidas (legales o no tan legales) contra las manipulacuiones de sus obras cinematográficas en sucesivas proyecciones y emisiones televisivas.

Dalí y su integridad
El arranque del filme es perfectamente ilustrativo de la tesis que maneja Cineastas en acción. Dalí cuenta la famosa anécdota según la cual le encargaron decorar dos escaparates de Nueva York. El éxito de su creación fue tan espectacular que las aglomeraciones de la gente llevó al propietario de la tienda a cambiar la decoración. Encolerizado y ofendido, Dalí rompió violentamente los escaparates y fue arrestado, pero el juez le dejó libre alegando que "todo artista tiene el derecho a defender la integridad de su obra hasta las últimas consecuencias". Esa es, precisamente, la tesis de la película de Carlos Benpar.

Para apoyarla, el director catalán deja que sean los protagonistas (y en ocasiones la actriz conductora Marta Belmonte, de discutible utilidad para la narración del filme) quienes cuenten los casos más representativos de las batallas legales emprendidas en defensa del Derecho Moral de los cineastas a que se respete la integridad de su obra.

Grandes nombres
Así, se suceden en esta cinta los relevantes testimonios de historiadores, herederos (Catherine Wyler, Eva Truffaut), abogados y sobre todo de cineastas, entre ellos Bertrand Tavernier (el primero en denunciar los coloreados de La jungla de asfalto en la televisión francesa), Sydney Pollack (cuyas películas se emitieron en televisión danesa sin respetar el formato panorámico), Bernardo Bertolucci (en torno al nefasto efecto del doblaje sobre las películas), George Sidney, Bigas Luna, John Boorman, Arthur Penn, Thomas Vinterberg, Volker Schlondorff, Richard Lester y Jules Dassin (relatando las barbaridades que comete MovieMask, capaz de transformar el sable de El Zorro en espada láser).

Como hiciera ya en Cineastas contra magnates, vuelve a servirse el director de dramatizaciones para ilustrar capítulos históricos equiparables al maltrato que se ejerce actualmente contra las obras fílmicas. En esta ocasión, recrea una escena ambientada en el Vaticano hace cinco siglos, cuando un cardenal y su clérigo intrigaron el modo de cubrir los desnudos de la Capilla Sixtina. Sincera cinefilia, pasión inculpatoria y claridad expositiva se aglutinan en una obra que, como cuenta el propio Benpar, le "ordenó" realizar el cineata Fred Zinnemman hace varios años. Porque es necesaria.