Una escena del 'Platonov' de Stein.

Una escena del 'Platonov' de Stein. Festival de Almada

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43.º festival de Almada, la cita atlántica con el teatro contemporáneo europeo

Stein abrió el festival portugués con un excepcional 'Platonov' de cinco horas con su 'troupe' de actores italianos.

Nadj, Marthaler, Zimmermann, Keersmaeker e Israel Galván son algunos de los artistas invitados.

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Un vistazo a las numerosas citas festivaleras de teatro en España da que pensar en la obstinación de sus organizadores por que los actores suden el jornal enfundándose en trajes de época cuando el clima menos lo aconseja. Hay excepciones —el Grec de Barcelona, Sagunt a Escena…—, pero ya está aceptado que el teatro contemporáneo no es para el verano español, sino que este debe consagrarse a los autores del Siglo de Oro y grecolatinos.

Por eso, salir al extranjero es la opción si lo que se busca es ver teatro moderno. Los intelectuales y vanguardistas suelen ir a la meca del teatro europeo: Aviñón, chic y concurrido. Otros se atreven hasta tierras más altas y frías como las de Edimburgo, con su versión oficial y su Fringe de capa caída. Y ventilado por la humedad del Atlántico y del río Tajo está Almada, en el vecino Portugal, con una oferta más modesta que reúne a europeos consagrados con compañías lusas y que tras unos años de política expansionista hacia escenarios de la vecina Lisboa, se recluye a sus cuarteles para salvaguardar su identidad.

Rodrigo Francisco, director del Festival de Almada que este año celebra su 43.ª edición, explica la relación que mantienen con Lisboa, a la que se cruza por el puente rojo 25 de abril: "En el año 97 comenzamos a extender el festival a Lisboa, recuerdo que el primer espectáculo fue Haciendo Lorca con Nuria Espert, en el Teatro de la Trinidade. A partir de entonces presentamos espectáculos en casi todas las salas de la capital. Pero queremos salvaguardar la relación que hemos cultivado con nuestro público y queremos que los lisboetas vengan a Almada a ver teatro, de manera que optamos por mantener colaboraciones pero con dos o tres escenarios de la capital como máximo".

Añade otra razón de peso. El Festival está organizado por la Compañía de Teatro de Almada, dirigida también por Francisco y afincada en el Teatro municipal Joaquim Benite: "Congregamos a 20.000 personas en los quince días del Festival y lo hacemos con un equipo pequeño de 50 personas que hace un esfuerzo extraordinario y al que no podemos pedirle más. Somos un festival hecho por teatreros para teatreros".

Para completar y entender la identidad de este festival, una nota sociológica: situada al sur del río Tajo, frente a la capital lusa, Almada creció a partir de los años 30 del siglo pasado con el desarrollo de una industria naval y portuaria que impulsó el sindicalismo obrero y los movimientos sociales de izquierda. Esta impronta política permitió a los comunistas gobernarla durante más de 40 años, desde 1976 a 2017. Ahora continúan, pero coaligados con los socialistas que son mayoría.

En la actualidad Almada tiene unos 177.000 habitantes y mantiene el caótico urbanismo típico de ciudad suburbial ideada como residencia para clases trabajadoras, aunque aquél obrerismo ha mutado en una comunidad de clases medias que crece con lisboetas desplazados hasta allí por el encarecimiento de la vivienda en la capital.

La epifanía de Peter Stein

Inaugurado el pasado 4 de julio, de lo exhibido hasta la fecha en el Festival es el último trabajo artístico del director alemán Peter Stein, Platonov (Chéjov), de cinco horas de duración y quince actores en escena, el que parece haber complacido más al público, que habla maravillas: "Hasta el momento ha sido lo más notable de este festival", cuenta un aficionado, y otro añade: "Peter Stein hace una puesta en escena filológica del manuscrito integral con una dimensión de ópera wagneriana".

Stein es un fijo de Almada, a donde vuelve siempre a presentar las obras que monta con su compañía italiana. Hace dos años ya presentó Crisi de nervi, tres piezas cortas del ruso, y con anterioridad ha representado a Pinter.

Una escena de la versión de 'Platonov' firmada por Pete Stein.

Una escena de la versión de 'Platonov' firmada por Pete Stein. Festival de Almada

Los almadenses no han ahorrado en grandes nombres de la escena: se han podido ver hasta ahora trabajos de los coreógrafos Martin Zimmermann, Josef Nadj y Anne Teresa de Keersmaeker, también del director suizo Milo Rau y de la compañía alemana de máscaras y mimo Familie Flo, que ha regresado con Teatro de Lusio, emblemático título de su repertorio elegido como mejor espectáculo del Festival por el público el año pasado, lo que tiene la recompensa de volver en la siguiente edición.

Y en esta su segunda semana que entramos llegará el destacamento español con Israel Galván y Mohamed El Khatib (Israel & Mohamed) y el cómico lírico Ángel Ruíz (El rey de la farándula). También el suizo Christoph Marthaler y el Teatro Nacional Sao Joao de Oporto, entre otros, aunque ya esta cronista no esté para contarlo.

Nadj, un asiduo de Almada ignorado en España

De lo visto, merece reseñarse el trabajo presentado por el coreógrafo y artista plástico Josef Nadj, otro asiduo como Stein del Festival de Almada y un poeta visual único que, sin embargo, es ignorado en España donde ya ni se le programa desde que protagonizó con el pintor Miquel Barceló aquel fascinante Paso Doble que luego Isaki Lacuesta rodó en cine (El cuaderno de barro, 2011).

A diferencia del montaje que ofreció hace dos años en este mismo escenario, Full moon (Luna llena), un fabuloso trabajo con siete bailarines africanos inspirado en las fuentes de la danza, este de ahora, Dialogues dans les rêves, es más íntimo, de pequeño formato y tiene menos ambición. Pero en su línea de investigación del gesto, la máscara y el signo logra una pequeña obra de arte visual, misteriosa y enigmática, en blanco y negro, de alto voltaje poético.

Un momento de 'Dialogues dans le rêve', de Josef Nadj.

Un momento de 'Dialogues dans le rêve', de Josef Nadj. Festival de Almada

Musō Soseki, autor zen tradicional, y también Tandori, poeta surrealista húngaro, han sido fuente de inspiración y luego está el ritmo del piano de John Cage marcando las primeras escenas. Él y el bailarín costarricense Ivan Fatjo, vestidos en traje oscuro y enmascarados con pintura blanca, ejecutan una especie de danza sincopada y poderosamente hipnótica, de la que se sale en un estado plácido y sereno ante esta exhibición de belleza abstracta.

Delicioso Ionesco, inflación de Gaviotas

Respecto a las compañías portuguesas, destaco el trabajo del director Alvaro Correia en Saudaçoes, un delicioso espectáculo confeccionado a partir de tres piezas breves de Ionesco que lleva a escena con pulso firme y acertado en la dirección de actores. La compañía de Teatro de Almada, con dos actrices precisas como Teresa Gafeira y Carla Bolito, da con el tono adecuado para representar las situaciones absurdas y triviales que plantea Ionesco, aunque leamos en ellas un trasfondo profundo y existencial.

Expectación también ha despertado Miguel Seabra, director de la compañía Teatro Meridional y de una de las salas de referencia de Lisboa, y su Happy Days de Beckett; pero lo más llamativo de esta edición ha sido la coincidencia de numerosas obras que versionan La gaviota de Chéjov siguiendo una fórmula de la que se abusa hoy hasta la saciedad y que consiste en hibridar la realidad de las vidas de los actores con el argumento de la obra.

Un momento del espectáculo 'Brel', de Anne Therese de Keersmaker.

Un momento del espectáculo 'Brel', de Anne Therese de Keersmaker. Festival de Almada

La actriz y directora Raquel Castro deconstruye la obra de Chéjov en la comedia Ansiolíticamente falando planteando un ensayo del texto con actores que sufren ansiedad y depresión, mientras Miguel Fragata la interpreta en un solo en Só mais uma gaivota. Por si fuera poco, también la pieza de La lettre de Milo Rau, incide en desconstruirla sin un propósito claro, mezclando a Chéjov con Juana de Arco, cayendo en tópicos políticos para congraciarse con el público y perdiendo por el camino todo interés.

Y un espectáculo que se sale de estos raíles: Variedades, un homenaje al teatro de título homónimo en su centenario, ubicado en el complejo Parque Mayer de Lisboa cerca de Avenida da Liberdade, donde se concentraron los teatros dedicados a la revista en el siglo pasado, y que ahora ha sido adquirido y está siendo rehabilitado por la municipalidad de la ciudad. Concebido como una comedia musical, recorre la historia de Portugal en el siglo XX a partir de diez personajes imaginarios, fantasmagóricos, de aquel ambiente del Parque y se apuntala con canciones populares que el público se anima a tararear.

También en la capital, en el Centro Cultural de Belém, la coreógrafa Anne Theresa de Keersmaeker presentó Brel, que suscitó abucheos del público. Keeersmaeker lo fía todo a la popularidad y la fuerza dramática de las canciones de Jacques Brel, pero su propuesta es de una pobreza inquietante, trata de hacer un diálogo intergeneracional y para ello comparte la escena con el virtuoso y joven bailarín Solal Mariotte. Pero ese diálogo no evoluciona, ni siquiera con la energía y versatilidad que muestra Mariotte.