Fotografía de escena de 'Constelaciones'. Foto: CDN.

Fotografía de escena de 'Constelaciones'. Foto: CDN.

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'Constelaciones', juegos cuánticos del amor y del azar

Sergio Peris-Mencheta adapta la obra de Nick Payne con un enorme reparto y una orquesta en directo que aporta aún más empaque al espectáculo.

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Se dice que en el arte casi todos los temas están agotados, que lo novedoso está siempre en la forma de abordarlos.

Es lo que nos atrapa de Constelaciones, obra que acaba de estrenar Sergio Peris-Mencheta en el Valle Inclán de Madrid sobre el romance de una pareja cuya mayor originalidad es su envoltorio, concebido como un juego experimental del amor y del azar.

El autor de esta obra, Nick Payne, encontró en la física cuántica inspiración para ofrecernos un drama imaginativo sin pecar de cientifismo.

Hay que recordar que la estrenó en The Royal Court de Londres en 2012 y poco después se puso en escena en Madrid y Barcelona en producciones menos ambiciosas que la actual. La madrileña, dirigida por Fernando Soto y con solo dos actores (Inma Cuevas y Fran Calvo), tuvo críticas favorables y recorrió varias salas de la capital en 2014.

La pasada temporada el National Theatre de Londres volvió sobre ella con un diseño de producción que permitía que cada noche la obra fuera interpretada por dos pareja de actores —había cuatro distintas—. Sergio Peris-Mencheta (como ya hizo con La cocina) se ha inspirado en esta producción del teatro inglés, pero le ha añadido mucha más complejidad. Veamos cómo.

El director ha ideado Constelaciones como un juego de probabilidades y ha introducido un componente musical a la función. Su casting lo integran seis actores que también son músicos y un maestro de ceremonias (se alterna Litus Ruíz y Ester Rodríguez en estas tareas).

En su inicio asistimos a cómo un espectador elige por sorteo a los dos actores del elenco que van a protagonizar la obra (los elegidos la noche del estreno fueron Jordi Coll y María Pascual) y también elige el momento en el que se conocen. El resto del elenco pasa a integrarse en la orquesta que ilustrará la representación en directo.

Litus Ruíz —ataviado con una casaca estilo beatle de Sgt. Peppers— nos habla de la teoría de los universos paralelos y del azar que preside nuestras vidas.

Nos explica que hoy les ha tocado a estos dos actores —situados ya en un escenario central rodeado con tres bandas de gradas para los espectadores—pero las combinaciones de parejas que podrían salir son treinta. Por lo que cada noche se ofrecerá una obra imprevisible y distinta.

De igual forma, la simple historia a la que asistimos también se complica: chico y chica se conocen en una barbacoa, y veremos ese encuentro repetido con variantes —un pequeño gesto, una respuesta distinta, un cambio de postura…—hasta colapsar, es decir, hasta que una de esos encuentros probables se fije.

Esta es la lógica narrativa que hace avanzar la obra hasta conformar una vida en pareja, a veces cayendo en la repetición de escenas demasiado parecidas que por momentos me aburrieron.

Pero los dos actores son estupendos, pintan su encuentro con humor y también con dramatismo conforme llegamos al desenlace, que se vuelve trágico y profundo.

Fotografía de escena de 'Constelaciones'. Foto: CDN.

Fotografía de escena de 'Constelaciones'. Foto: CDN.

Pienso en la complejidad del texto, imagino que por muy distintos que sean cada noche los actores y muy variados los universos paralelos de una escena que les toque interpretar, tienen que seguir un guion base, que les permita acometer semejante proyecto teatral.

Peris-Mencheta ha reunido un enorme equipo en torno a esta producción y el añadido de la orquesta contribuye a darle más empaque de espectáculo.

La puesta en escena ayuda a comprender este drama de narrativa fragmentada, donde las variantes de cada escena se suceden rápidamente. Ayuda mucho la iluminación (de Ion Aníbal) que las enciende y apaga casi como si viéramos un TikTok.

Planea sin embargo la sombra de la experimentación, de juego, de estar presenciando un ejercicio teatral. En cualquier caso, el director ha logrado establecer una analogía entre la compleja física cuántica y nuestras vidas con en esta singular representación, lo que no es poca cosa.

Por último, no hay entradas. Ya va siendo hora de que los teatros públicos reflexionen en cómo remediar esta absurda producción de espectáculos que agotan entradas antes de su estreno programando obras apenas seis semanas.